Esclavitud, ¿dónde?, por Luis Enrique Baca

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El tema de la semana pasada ha sido sin duda alguna el polémico proyecto de ley de la congresista fujimorista Rosa Bartra, el cual alarmado a los jóvenes hasta el punto de salir a las calles a marchar, azuzados por algunos opinólogos e incluso la perversa portada de un medio que no dudó el tildar de “Ley de Esclavitud Juvenil” al proyecto de Bartra. Tanta fue la polémica que muchos congresistas retiraron su firma de un dictamen que había sido aprobado por unanimidad en Comisión y la misma congresista tuvo que poner el proyecto en stand by. ¿Van a trabajar gratis los jóvenes? ¿Regresamos a los oscuros tiempos de los esclavos? Vamos por partes.

En primer lugar, hay más de 800 institutos tecnológicos en el país de los cuales poco más del 60% son privados. Los institutos del Estado no se encuentran en las mejores condiciones y carecen muchas veces de los equipos necesarios para que los jóvenes que estudian ahí puedan desarrollar sus habilidades de la mejor manera. Parecida es la situación de los privados, donde muchas veces el lucro prima y no ofrecen calidad educativa a sus jóvenes.

El proyecto de Bartra ofrece un convenio tripartito entre instituto, empresa y alumno, por un total de 448 horas. El convenio es voluntario y lo que hace la empresa es prestar sus instalaciones para hacer la clase en el ambiente real donde los profesionales egresados desarrollan sus actividades en el rubro que fuese. Es como si estudiases Química y tu institución educativa no cuenta con un laboratorio y fueras al de alguna empresa a ver cómo funcionan los instrumentos del mismo. Nadie diría que estás trabajando para dicha empresa. Cabe recalcar que el alumno puede decidir no formar parte del convenio y, por tanto, no ir a la clase práctica.

Ahora bien, este proyecto de ley es perfectible. Por ejemplo, ¿qué beneficio obtiene la empresa que presta sus instalaciones para las clases prácticas? Evidentemente una empresa, que no percibirá renta alguna al recibir estos jóvenes, va a querer una contrapartida para formar parte del convenio (la misma ley dice que todo es voluntario).

Por otra parte, si aceptar el convenio es voluntario, ¿no sería innecesaria la ley ya que el convenio podría ser firmado en el marco de un contrato?

Una última. Si el acuerdo es beneficioso sobre todo para los institutos que no cuentan con los equipos necesarios para desarrollar algunas actividades, ¿esto no generaría que los institutos no se preocupen en contar con el equipo, ya que este se lo puede ofrecer una empresa en el marco del proyecto de Bartra?

Lo bueno del proyecto es que se ha abierto un debate interesante sobre la calidad educativa que ofrecen los institutos a nuestros jóvenes que estudian carreras técnicas. Se ha levantado una controversia porque el proyecto tiene muchos vacíos aún y porque no ha sido explicado claramente ni a profundidad. Eso sumado a la tergiversación (no sé si intencional) de la prensa, la cual descartó de plano la iniciativa, tildándola de “esclavista”. A veces pareciera que una iniciativa es mala per se cuando es propuesta por el fujimorismo (con el que a menudo discrepo). Evidentemente, tampoco ayudó la lamentable declaración de Bartra, quien llamó terrorista (últimamente este adjetivo se usa con mucha ligereza)a la portada de LR, haciendo alusión también a quienes discrepaban con ella, o al menos así se entendió.

En fin, hay debate para rato y esperemos que el resultado sea beneficioso para los jóvenes de los institutos tecnológicos. Hasta ahora no entiendo en qué momento alguien habló de prácticas, de trabajo gratis o de esclavitud. Lo que si empiezo a comprender es el por qué estamos tan abajo en la prueba PISA.

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