Estados Unidos en la mira, por Daniel Ku Hop

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Hace algunos pocos días, toda América fue testigos de una nueva tragedia en Estados Unidos. No uno sino dos tiroteos masivos se dieron en menos de 24 horas en Dayton, Ohio y El Paso Texas. Tal incidente, dejó un saldo de más de 30 personas fallecidas y varias decenas de heridos. Si bien es cierto que desde aquel cruento 2016 (el año con la mayor cantidad de asesinatos por tiroteos masivos desde 1995 y, coincidentemente, el año en el que salió electo Donald Trump) ha habido una paulatina reducción en la cantidad de incidentes de esta naturaleza por año, en lo que va del 2019, ya han habido más de 260 tiroteos masivos que han dejado un saldo de casi 350 personas.

Estos números, lógicamente, han causado una creciente preocupación entre los mandatarios norteamericanos generando importantes debates con respecto a las regulaciones que tiene el país para la tenencia de armas. Sin embargo, habiendo sido el tiroteo de El Paso (una ciudad mayoritariamente inmigrante) el de mayor cantidad de personas afectadas de estos últimos meses y estando bajo el mandato de un presidente cuyos 34 primeros días de gobierno se vieron caracterizados por los más de 1000 incidentes relacionados con ataques armados (30% de ellos relacionados con slogans de su campaña), en Estados Unidos se ha reabierto un ya conocido debate: ¿es el racismo la verdadera causal de los asesinatos masivos?

No es una novedad que Estados Unidos es un país con latentes problemas relacionados con el racismo. Ya sea por la brutalidad policial hacia las minorías afroamericanas, o los abusos perpetrados en contra de los inmigrantes latinos y árabes, Estados Unidos sigue acumulando en una fuerte deuda histórica que desde hace años tiene con sus poblaciones vulnerables. Sin embargo, ¿es esta característica suficiente para asumir que tan solo porque hay una mayoría de población blanca habrá mayor cantidad de tiroteos masivos? Pues los números desmienten esta presunción. De los Top 15 Estados con mayor cantidad de población blanca en EEUU (acorde con el último censo), solo Indiana se encuentra en los Top 15 Estados con mayor cantidad de tiroteos masivos desde el 2013. Esto, demuestra que no existe una relación directa entre la cantidad de población blanca y los tiroteos masivos. Sin embargo, esto tampoco significa que el aspecto racial no posea un rol preponderante en esta conversación.

Desde tiempos anteriores a la Guerra de Secesión (caracterizada por la naturaleza racial de muchas de sus causas) Estados Unidos ha sido hogar de una importante cantidad de agrupaciones formadas con el único propósito de perjudicar a las minorías No Blancas presentes en el país del norte de América. Estos grupos, que tuvieron su mayor auge entre 1910 y 1950 con el nacimiento de la segunda generación del Ku Klux Klan, han reaparecido de manera preocupante en los últimos años. Los actualmente denominados “Grupos de Supremacía Blanca”, son hoy por hoy una de las principales amenazas a las minorías étnicas en Estados Unidos y se encuentran presentes en todos los estados. De hecho, 11 de los Top 15 estados con mayor cantidad de grupos de Supremacía blanca, también se encuentran entre los Top 15 estados con mayor cantidad de tiroteos masivos. Este número toma aún más relevancia si se considera que tan solo estos 11 estados congregan a más de la mitad de la población norteamericana. Para ser más claros, en estos 11 Estados habitan más de 175 millones de personas, en otras palabras, poco menos de 6 veces la población del Perú.

Es lamentable que, en pleno 2019, estando en quizás la etapa más importante de la globalización y la mixtura cultural, sigamos viendo actos como los que acontecieron la semana pasada. Es necesario que Estados Unidos, un país que desde el 2013 ha vivido más de 2100 tragedias de estas características, asuma su rol de líder regional y global, tome este asunto con la seriedad que lo amerita. Hace décadas que no estamos frente a casos aislados que no guardan relación entre ellos, es momento de asumir ya el patrón frente a nuestros ojos y empezar a tratar estos actos como lo que son: atentados terroristas. Si se le sigue temiendo a la etiqueta, jamás se podrá eliminar el problema.