¿Estás seguro de no ser cómplice de la corrupción?, por Eduardo Herrera

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¡Qué horror una empresa privada dona a una campaña política! ¡qué horror un privado metiéndose en la voluntad popular al punto de torcerla! ¡saquemos nuestro dinero de esa empresa y hagámosla quebrar!

Ante este tipo de exclamaciones y con el solo afán didáctico vuelvo y pregunto:

¿Cómo creen que deberían financiarse las campañas políticas? ¿prefieren que lo hagan con el dinero de nuestros impuestos? ¿no es mejor que cada quien -incluso las empresas- financien a quien quieran?

¿Esto supone que la conducta que hoy es materia de cuestionamiento está justificada? No, no tengo dudas de que se trata de una conducta -éticamente- cuestionable. Y no por quién es el destinatario del financiamiento, ni tampoco por el monto. El cuestionamiento va, a mi juicio, en la falta de transparencia que incluye la “oscuridad” de un dinero entregado en efectivo, nadie espera eso y menos de una entidad que debería de respetar ciertos estándares de seguridad, por decir lo menos (se imaginan la cantidad de procedimientos que se habrían pasado “por alto” para lograr que el dinero esté disponible en efectivo ¿cómo queda el bendito compliance luego de esto?).

No pues, no hay justificación alguna. La conducta, incluso, se hace más evidente cuando intenta ser justificada en lugar de aceptarse el error. Dicho sea de paso, esta actitud de justificación es muy común en este tipo de casos.

Ahora vamos al otro lado, a los miles de indignados que protestan y se escandalizan. Primera pregunta ¿acaso esto no era conocido por todos? ¿o recién reaccionamos cuando hay “prueba judicial”? Siempre se ha sabido cómo se financiaban las campañas y nadie hacía nada. Se sabía que las empresas lo hacían y con varios candidatos a la vez. La diferencia es que hoy hay evidencia irrefutable. Resulta entonces que somos jueces y creemos -más que nunca- en la presunción de inocencia (hasta que no hay prueba no creemos).

¿Van a sacar su dinero de la empresa y ponerlo en otra? Investiguen a todos a nivel global antes de hacerlo. No se vayan a sorprender con algunas noticias. Aprovecho para preguntar ya que estamos en el tema: ¿saben quién es su socio o para quién trabajan? ¿lo han investigado? ¿cumplen absolutamente todas las normas existentes (incluso las que no son normas legales)?

Lo antes mencionado no tiene por finalidad justificar o defender a nadie. Simplemente quería mostrar lo lejos que andamos para juzgar a otro. Que la ética es un asunto que nos olvidamos de practicar y solo la sacamos del bolsillo para señalar cuando resulta conveniente. Empecemos, como digo siempre, por mirarnos al espejo y veamos nuestras propias deficiencias. De lo demás se debería encargar la historia o la justicia (mensaje: en esto último hay que ocuparse urgentemente por las razones expuestas en otros artículos que he escrito y publicado).