¿Existen las buenas noticias?

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en el tiempo prenavideño -además de los agobios porque parece que todo se acabara y hay que terminar todo lo que no se hizo durante el año, además de preparar las fiestas- aparece en el horizonte aquello de “Noche de paz, noche de amor” o sea (bien traducido) “Noche callada, noche santa”, villancico cuya historia también es digna de un artículo. El caso es que todos nos llenamos de bondad o hacemos como si…

También el contexto internacional se ha disfrazado de Santa Claus (obispo de Bari nacido en Esmirna, por cierto, y cuya historia hasta llegar a ser el gordinflón de tonta risa) y ha aportado algunas buenas noticias, muchas de ellas en un mismo día, un día en que daba gusto (raro gusto) leer la prensa. Has sido en general estas dos últimas semanas… en las que no han faltado tampoco otras noticias, más amargas o más complejas. Pero ya es casi Navidad y vamos a espigar esas buenas noticias.

Una buena noticia: en Colombia termina el secuestro de un general, que había detenido las conversaciones de paz (criticadas por muchos, como el anterior presidente Uribe, pero vistas con esperanza por muchos otros). El general -¡bendita inconsciencia!-, una vez liberado, se retira de la carrera militar: reconoce que actuó imprudentemente al adentrarse en zona peligrosa sin cumplir las normas de seguridad. Termina bien un episodio que podía haber dado al traste con la posibilidad de pacificar una región muy necesitada de ello.

Las elecciones en Uruguay, para suceder al curioso Presidente Mujica, se desarrollan con toda normalidad, sin un solo altercado. También la transición parece pacífica. El perdedor, de inmediato felicitó al vencedor, un hombre de izquierdas, pero seguro que no tan impredecible como Mujica. Tabaré Vázquez había vencido en segunda vuelta con el el 53,6% de los votos frente al 41,1% de su rival. El candidato derrotado, dirigente del Partido Nacional, de centro derecha, Luis Lacalle Pou, de 41 años, declaró pocas horas después del cierre de los colegios electorales: “Los resultados se acatan, se respetan y defienden. Nosotros no somos partidarios de que las mayorías se equivocan, las mayorías dirigen”. Y aunque hay algunos ejemplos en la Historia de mayorías que se han equivocado, es bueno que en un país -y máxime de América Latina- las elecciones no supongan traumas ni acarreen traumas.

En Suiza, país en que un 23.5% de la población es inmigrante, Los ciudadanos han rechazado de manera contundente en referéndum una la iniciativa popular que pretendía reducir a sólo un 0,2% de la población la entrada anual de nuevos extranjeros. Era un grupo ecologista el que promovía esa limitación, junto con un aumento de la inversión suiza para frenar el crecimiento demográfico en los países en desarrollo: control de natalidad fuera, control de inmigración dentro. Pero para que no todo sea bonito, cabe recordar que en febrero de este año, los suizos decidieron imponer cuotas de entrada a los vecinos europeos y acabar así con la libre circulación de personas que rige entre ambos territorios desde 2002. Fue por una escasa mayoría, el 50.3%, pero fue.

En Cuba, ya lo sabemos, las elecciones son otra cosa. Y no es que salgan muchas buenas noticias de allí (y algunas de las malas tampoco salen). Pero en estas semanas, tan generosas, también hay una. El crucero M. V. Explorer atracó en La Habana, con 624 estudiantes y profesores de 248 universidades estadounidenses a bordo. El crucero había comenzado sus viajes a la isla en 1999, pero debió interrumpirlos en 2004. El año pasado recuperó su licencia y regresó a La Habana tras nueve años de ausencia. También este año habrá, por tanto, esa relación entre ciudadanos, que son las que tanto ayudan a deshacer si no entuertos, que diría el Quijote, sí al menos prejuicios. Es un símbolo más del relativo “deshielo” entre ambos países, que choca sin embargo con el caso Alan Gross, el cooperante de 65 años encerrado desde hace 5 en una prisión militar cubana.

Si además dos personajes como Vladimir Putin y Nicolás Maduro están bien enfadados y con problemas porque el precio del petróleo baja y baja, casi se pueden sumar otras dos buenas noticias. Aunque dicen que uno no se debe alegrar del mal ajeno, sobre todo porque es seguro que el empeoramiento acabará repercutiendo sobre la población. Al menos en el caso de Venezuela, esto es seguro. Y agudizará los problemas ya existentes en un país en que, por ejemplo, según cuentan quienes salen de allí, ya cuesta encontrar pañales para los bebes o papel higiénico.

Y habría más señales positivas, pero tampoco es cuestión de agotarlas todas en una semana. Así que, ya saben: es bueno leer los periódicos; pero seleccionen bien las fechas y elijan  aquellas en que traen buenas noticias. Los más viejos recordarán que al tercer domingo de Adviento se le llamaba “Gaudete”, porque así empezaba la misa de ese día. Así que: “alégrense”, con las buenas noticias, que ya llegarán otras…