Explorando Sinfonía por el Perú

792

Dada la reciente presencia del tenor Juan Diego Flórez en Lima, no queríamos dejar pasar la oportunidad de analizar y dar a conocer más sobre el trabajo que se viene realizando con El Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles del Perú, Sinfonía por el Perú. Esta iniciativa fue fundada en julio de 2010 por el tenor peruano y cuenta con el respaldo de importantes personalidades como José Antonio Abreu (fundador de El Sistema venezolano), Mario Vargas Llosa, Plácido Domingo, Gustavo Dudamel, entre otros. Asimismo, ha sido reconocida debido a su éxito con el nombramiento de Juan Diego Flórez como embajador de buena voluntad de la Unesco en el 2012 y el Premio Esteban Campodónico Figallo 2014.

Sinfonía por el Perú es una obra social inclusiva que utiliza la música como mecanismo de cambio en la vida de niñas, niños y adolescentes pertenecientes a grupos vulnerables. Esto es probablemente lo primero que hay que entender sobre esta iniciativa: es un proyecto social que usa la música como herramienta para el desarrollo personal de los niños pero no se plantea el objetivo de crear músicos. Actualmente, el Sistema se divide en trece núcleos que atienden a más de dos mil niños en ocho regiones del Perú. Los núcleos son organizaciones educativas, artísticas y administrativas donde funcionan los programas orquestales y corales. El financiamiento de estos núcleos se viene dando mediante donaciones de empresas privadas y en algunos casos con el apoyo de municipios. En cada núcleo, los niños deben aprender a trabajar juntos por un mismo resultado, promoviendo la convivencia. De esta forma, cada integrante de las orquestas y coros desarrolla su talento, autoestima y sentido de pertenencia en el equipo. Adicionalmente a estos núcleos, se ha formado una Escuela Taller de Luthería en el Cusco, que brinda una alternativa laboral a los jóvenes mediante la construcción de instrumentos de cuerdas con el estilo artístico barroco o mestizo de la sierra del Perú. La idea es además que los instrumentos construidos por estos jóvenes sirvan para brindar nuevos instrumentos a los núcleos donde funcionan hoy las orquestas.

La relación positiva entre música e inclusión social ha sido ya previamente estudiada y validada en otros países (aunque no lo suficiente), dadas las experiencias exitosas como el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, proyecto en el cual se inspira Sinfonía por el Perú. Sin embargo, a fin de conocer el efecto de este proyecto en nuestro país -con apoyo del BID- GRADE realizó una medición cuantitativa de impacto en los núcleos de Huánuco y Manchay para lo cual se eligió entre los niños a un grupo de intervención (niños que participaban del Proyecto entre 16 y 19 meses) y un grupo de control (niños que no participaban del Proyecto y que sirvieron de base para comparación). Los resultados arrojaron que Sinfonía por el Perú ha tenido un impacto significativo en tres ámbitos: escolar, personal y familiar. En el ámbito escolar, incrementa en 34% el gusto por la escuela, en 14% la retención de números y en 7% la nota de conducta respecto al grupo de control. En el ámbito personal, mejora el comportamiento social mediante la reducción de expresiones de agresividad verbal y física en 29% respecto del grupo de control. Asimismo, se observa un 19% de mejora en la perseverancia para llevar a término las acciones e ideas y un incremento de 20% en la personalidad creativa respecto del grupo de control. Finalmente, en el ámbito familiar, la violencia física y psicológica del padre hacia el niño se ve reducida en 26% y 46%, respectivamente respecto del grupo de control. Asimismo, se ve reducida la prevalencia e intensidad del trabajo infantil dentro y fuera del hogar.

Bueno, genial. ¿Y qué tiene que ver todo esto con gestión pública? Pues mucho. Se han dado casi todos los pasos previos a la implementación de una política pública de éxito. Lo primero, la intervención del Estado se justificaría en tanto se trata de una población vulnerable que, al recibir los beneficios ya mencionados, genera claras externalidades positivas sobre sus pares y familiares. Segundo, tienen un objetivo claro: el desarrollo personal de niños y adolescentes vulnerables mediante la música y los valores que fomenta (excelencia, trabajo en equipo, disciplina y mística). Tercero – nuestra parte favorita – se ha generado evidencia sobre el impacto del proyecto, lo que respaldaría la efectividad de llevarlo a gran escala como política de alcance nacional ¡antes de implementarla! Deben ser contadas con los dedos las políticas que se aplican hoy en el Perú con tanto “lujo” previo a su implementación. Solo queda pendiente ajustar el diseño a una mayor escala, plantear cuál sería la mejor manera de intervenir (modalidad) y plantear los indicadores finales que permitirían el seguimiento, monitoreo y evaluación de la política.

Estamos, entonces, frente a una oportunidad clarísima y clave para el Estado hacer de esta experiencia una política de éxito mediante la articulación de los sectores público y privado. No es ningún secreto que existe la voluntad por parte de Sinfonía por el Perú de trabajar de la mano con el Estado y que el entonces Ministro Castilla expresó su deseo de masificar el proyecto luego de conocer los resultados del estudio de GRADE. Esperamos que esta voluntad política se mantenga en pie y que comience a caminar pronto.