A falta de ideas ¡Urresti!

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En democracia, la política debe ser el uso de la razón sobre la fuerza, un triunfo de las ideas sobre las armas. La democracia es definida por algunos como “la institucionalización del conflicto” en lugar de matarnos, resolvemos nuestras naturales conflictos por la vía institucional en un marco de Estado de Derecho

Pero tampoco pequemos de ingenuos, la lucha política no está exenta de apasionamiento y fricción, para quienes están dedicados a la lucha política, es una obligación entrar a la polémica, pues de eso se trata, de combatir ideas y no a personas.

Sobre las polémicas no hay regla, pero existe una convención implícita entre la mayoría de los actores políticos: mantener por separado lo personal de lo político, salvo que lo primero afecte a lo segundo.

Ello demanda una clase de madurez emocional que muy pocos alcanzan, es quizá por eso que muchos no se explican porque los políticos se les ve tomando café luego de arduos debates públicos. No es hipocresía, el sano debate de ideas no debe afectar la amistad y el respeto entre personas, pues al final del día, el País está por encima de las diferencias políticas

Sobre estos códigos, no se ha escrito mucho, pero el político que decide entrar a la polémica tiene dos opciones: llevar una “libretita de agravios” para anotar a todo aquel con el que choco en un debate y vivir amargado esperando el momento preciso de llevar a cabo su venganza, o pasar la página y seguir andando.

El drama de nuestro tiempo es tener un gobierno que carece de ideas, se eligió a un Presidente que en lugar de ideario, ofreció un grupo de frases clichés de campaña (que no cumplió, felizmente) pero en lugar de revelarnos su verdadero pensamiento, nos encontramos algo peor: cero identidad, indefinición, el piloto automático, los escándalos de corrupción y las cortinas de humo.

Desde el 2011, Humala viene quemando los puentes, los caminos, las vías de comunicación y todo aquello que signifique dialogo con las demás fuerzas políticas en pro de impulsar una agenda que permita superar los desafíos más importantes, como son superar la pobreza y reactivar la economía

En medio de serios escándalos de corrupción en distintos niveles de gobierno, y las preocupantes amenazas lanzadas por el otrora amigo de la pareja presidencial, Martin Belaunde Lossio (“no voy gratis a la cárcel”, “voy a contar toda mi verdad”) el Presidente Humala ha abierto su “libretita de agravios” y ha comenzado a confrontar con todo aquel que asome como su enemigo: el APRA, el Fujimorismo, la oposición, los jóvenes “pulpines”, la concentración de medios y todo el que se le cruce; para ello cuenta con la fiel colaboración de sus ministros más serviles, Cateriano y Urresti que en lugar de comunicar por las redes sociales, cuales son los logros en sus respectivos sectores, han pasado los últimas semanas disparando contra la oposición en la forma más vulgar, muchas veces sobrepasando la línea de lo personal

Un Ministro es un funcionario que representa al Presidente y está sujeto a la línea política del Gobierno, por lo tanto la conducta de callejón de Urresti es avalada por lo más alto de nuestro Estado, lo que perjudica la imagen del gabinete de ministros en su conjunto

El Presidente debe recordar que gobierna para todos los peruanos y desde el Estado no se puede promover como practica política: el odio, el insulto, la bajeza y descalificación de carácter personal.

El Perú necesita de buenas ideas de política pública, búsquenlas, sobre cómo sacar adelante al país y confróntenlas en todos los ámbitos políticos y técnicos necesarios, no estamos para ver cómo se usan los recursos del Estado en pagar a funcionarios de alta responsabilidad que en lugar de mostrar logros, solo muestran lo peor de ellos mismos.

Señor Presidente, pase la página y gobierne para todos.