Fariseos, seámoslo siempre, por Diethell Columbus

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La información difundida en varios medios sobre el origen del millonario financiamiento de la campaña por la no revocación de Susana Villarán da mayor sustento a lo que muchos sospechábamos desde hace tiempo y además nos permite ver el verdadero rostro de los otrora defensores de la ex alcaldesa izquierdista.

Resulta risible que luego que varios medios informaran sobre quienes serían los financistas del NO, los voceros políticos del villaranismo declaren que no sabían nada de lo que pasaba ni de dónde venía el dinero para los spots y demás. Según argumentan, todo se hizo a sus espaldas y por ello reclaman cínicamente que “los o las culpables” paguen por lo que hicieron.

¿Y su responsabilidad dónde queda?

Claro, pero si fuera un representante del Apra, del Fujimorismo o del Castañedismo, no creo equivocarme al afirmar que la “reserva moral” de nuestro país, incluida Villarán y varios íconos de comedias populares, hubiesen convocado una marcha ciudadana para exigir la sangre de los implicados y de paso que se investigue a García, Fujimori o Castañeda.

La retorcida lógica de los autoproclamados defensores de nuestra democracia es simple: Todo se hace con conocimiento y consentimiento del líder, salvo que seas de su cogollo. Ahí la cosa cambia: No sabemos de dónde venía el dinero. Ese dinero sucio lo recibieron a nuestras espaldas. Estamos decepcionados de los culpables.

Para graficar mejor el asunto, recuerdo una entrevista radial de enero del año pasado en el que Marisa Glave descalificó políticamente a Keiko Fujimori porque afirmó que ésta «estudió con plata que venía de la corrupción«. Curiosamente, Glave hizo campaña con el dinero sucio de Odebrecht y ahí solo atinó a recalcar el guion que todo el entorno de Villarán repite como una consigna exculpatoria.

Preguntas: ¿Por qué debemos condenar a Fujimori y presumir inocencia de Glave? ¿Por qué no medimos a los “políticamente intachables” con la misma vara con la que ellos miden a sus adversarios?

Finalmente y más allá del siempre característico doble rasero de la nuestra izquierda y sus satélites, cabe acotar que luego de leer las declaraciones de los ex empleados de la gestión de Villarán, quizá realmente no sabían nada (de nada); pero lo que no es una presunción y ha quedado demostrado, con sus propias declaraciones, es que son unos incapaces absolutos; pues resulta increíble que ninguno de ellos haya tenido el mínimo de sentido común como para indagar de donde provenían los fondos para la millonaria campaña en la que participaban y ponían el pecho.

Imagínense lo que pasaría si esta tanda de bien intencionados pero incapaces, llegasen a gobernar el país. Dios nos ayude…

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