Felices rompiendo la ley

439

A lo largo de los años nuestro país ha crecido, ha crecido nuestra economía, ha crecido nuestra presencia en el mundo por las hazañas gastronómicas y las maravillas turísticas y sobre todo siento que ha crecido el orgullo que los peruanos sentimos por nuestro país. Sin embargo, a pesar de todo esto el país se ve pobre, no solo una pobreza económica por la mala distribución de las oportunidades y la mala gestión de los recursos públicos (ya sea por corrupción o simple incompetencia), sino también una terrible y destructiva pobreza cívica, una pobreza cívica con la fuerza suficiente para atarnos con amarras de acero al tercermundismo y al subdesarrollo. En el Perú la ley no significa nada.

Somos parte de una cultura donde el que no cumple la ley no es un malhechor, sino un pendejito o un criollo. El incumplimiento de la ley no nos molesta porque es común y peor aún se termina “cotidianizando” y empieza por cosas simples: ‘Yo no cruzo por el puente peatonal porque soy rápido’, ‘ me paso la luz roja por que estoy apurado’, ‘¿Para qué voy a dar boleta si al final el Estado no hace nada con la plata’. Sí, usted va a decir que estos son ejemplos tontos y no lo son, la fundación cívica de una sociedad se mide por la capacidad que tienen de respetar las normas, por pequeñas que sean.

Justo pensaba en esto mientras leía los comentarios que se hicieron en el artículo publicado el día domingo por Alfonso de la Torre con respecto al concierto clandestino llevado a cabo por Calle 13 en la Plaza San Martín. Estos extranjeros vinieron a nuestro país y rompieron de forma flagrante nuestras leyes y peor aún las rompieron en un lugar histórico de nuestra capital, para mí este fue un acto tan insultante como dibujar grafiti en la piedra de los doce ángulos. Pero no, leyendo los comentarios uno nota que la gente los defendía, el señor René Pérez fue en este caso el pendejito, una versión adulta del payaso de la clase que le contesta de forma insolente a la profesora, un héroe que le regaló un concierto al pueblo. Y sí, qué buena gente (aunque claro, cualquier persona con tres dedos de frente se puede dar cuenta que esto lo ayuda a vender su imagen de matón antisistema), pero al fin y al cabo cometió un acto ilegal y ahí debería salir el patriotismo peruano y decir EN MI PAÍS LAS LEYES SE RESPETAN.

Pero no, la reacción de defensa y de idolatría hacia este grupo musical es al fin y al cabo la conducta esperada, el comportamiento predecible de una sociedad que está marchita, una sociedad que ve la ley como una lista de elaboradas sugerencias y no como una obligación. De ahí nace el famoso ‘roba pero hace obras’, de un pueblo tan curtido por la ilegalidad, la corrupción y la viveza que ve la criminalidad a gran escala como normal. No se queje peruano, usted votó por los corruptos que lo lideran. Usted votó por Gregorio Santos a pesar de que este se encuentra legítimamente apresado, usted votó por Waldo Ríos que le prometía regalos que legalmente no podía darle, usted votó por Castañeda a pesar de que usted mismo después le grita ladrón, usted hizo presidente a un hombre que abiertamente apoyó un intento de golpe de Estado llevado a cabo por su hermano; usted ha votado por ellos porque para usted la ilegalidad es normal, es el día a día porque siente que normas tan simples como respetar una señal de pare, no se aplican a usted y usted es cómplice pues el que rompe las leyes más básicas es para usted un héroe, un pendejo.

Y sepa querido compatriota que no solo se trata de cumplir las normas, sepa que se trata también de condenar cuando otro las rompe. Enseñémonos a respetar las reglas por mínimas que sean, enseñémosle a nuestros hijos el valor de ser un buen ciudadano, de seguir el orden y ser fieles a las instituciones básicas, enséñeles para curar al país de la corrupción y de la tan venerada ‘criollada’.

Hay que empezar con las cosas pequeñas y supuestamente insignificantes y dejar que la cultura de la legalidad cale para el futuro. No hay mejor manera de amar al país que respetando y defendiendo su columna vertebral: sus leyes.