Fidel, El Sanguinario, por Federico Prieto

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Fidel Castro, abogado, guerrillero y gobernante de Cuba por casi medio siglo, murió el 25 de noviembre de 2016 a los  90 años, mientras su hermano Raúl, que heredó su poder en 2008, ejercía el cargo de primer ministro. Su hermana Juanita, que no compartió sus ideas marxistas, se exiló en los Estados Unidos. Acusada por la OEA de realizar ejecuciones extrajudiciales, Cuba fue expulsada de ese organismo panamericano por el voto mayoritario de los países miembros, cuando todavía no se había decantado como comunista. Por eso, teniendo en cuenta los lazos que unían al Perú con Cuba, el canciller peruano de filiación apristón Raúl Porras Barrenechea, votó a favor de Cuba; y a su regreso a Lima renunció al cargo. El presidente peruano era Manuel Prado.

Como Víctor Raúl Haya de la Torre, Fidel inició su actividad pública como estudiante de derecho, cuando fue elegido delegado de su facultad.  Había  nacido el 13 de agosto de 1926. Su padre era gallego y  tenía una hacienda azucarera. Eran los años de la guerra fría. Estados Unidos le ayudó en su lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. Fracasó en su ataque contra el cuartel Moncada en Santiago, segunda fortaleza militar del país, el 26 de julio de 1953. Fue condenado a 15 años de prisión pero fue liberado el 15 de mayo de 1955. En su segundo intento golpista, el 1 de enero de 1959, terminó con la dictadura. Gobernó Cuba hasta el 24 de febrero de 2008.

El grito de los fidelistas cubanos contra quienes se oponían a su gobierno era: ¡Al páredón! Y los fusilaban. Fue grande el impacto negativo de las condenas a muerte de los tribunales revolucionarios, creados desde el inicio de su gobierno, porque los fusilados eran adversarios políticos y no delincuentes comunes. Llegó a fusilar a militares y civiles disidentes aunque formaban parte de su propio gobierno o aunque hubieran participado con él en la revolución cubana. Al comandante Huber Matos, compañero suyo revolucionario, lo arrestó en octubre de 1959, y lo condenó a veinte años de cárcel, que cumplió hasta el último día; entre «torturas extremas» como declaró al salir en libertad. Para opacar esa tragedia, que continuó durante todo su gobierno, preparó la Operación Verdad, con manifestaciones callejeras multitudinarias al estilo fascista, y creó  la agencia de noticias Prensa Latina.

En un viaje que hice por Estados Unidos a finales de los sesenta, con otros dos periodistas peruanos, el intérprete cubano que nos atendía nos contó que había sido viceministro del ministerio de Expropiaciones de Fidel Castro, de quien era amigo. Pero al ver que el gobierno se teñía de sangre, un domingo, con su esposa y sus hijos, voló desde el club de aviación civil del que era socio en la Habana, con una avioneta suya, hasta la ciudad de México. Allí le dieron asilo político… y le quitaron la avioneta. Cuando Fidel Castro supo que se había ido comentó: Con Pepe la revolución hubiera sido más divertida. Porque Pepe –así se llamaba- era un hombre bueno y alegre.

En una nota titulada “Fusilamientos en la Cuba de Fidel Castro” que he encontrado en las redes sociales, se recoge una cita del  filósofo izquierdista argentino Oscar del Barco: “Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotzky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara”. Esa misma nota afirma que  “5.700  cubanos han sido fusilados en la Cuba de Fidel Castro”.

Según Andrés Alsina del diario El Observador de Montevideo Fidel fusiló a 550 personas de las cerca de mil consideradas criminales de guerra o con fuerte asociación al régimen derrocado de Fulgencio Batista, en los juicios revolucionarios de la Comisión Depuradora presidida nada menos que por el Ché Guevara. La Comisión Cubana de Derechos Humanos lleva la cuenta de los presos políticos y asegura que en la actualidad son 93. Las Damas de Blanco protestan constantemente en las calles por esa arbitrariedad. Cuando Fidel Castro quiere hacer “un gesto de buena voluntad”, como dicen cínicamente los diplomáticos, libera alguno y “aquí no pasa nada”. Nicolás Maduro ha aprendido esa maña de Fidel Castro. Sigue sus pasos.

Veo que los medios de comunicación se están llenando de biografías y alabanzas a Fidel Castro. Es bueno que también nos acordemos de los hombres y mujeres que cayeron en desgracia y fueron detenidos, juzgados y condenados o fusilados por el régimen totalitario castrista, por el mero hecho de pensar de otra manera. Así son las tiranías y así son los tiranos.

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