Figaro qua, Figaro là…

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Estamos en un restaurante de Padua, la digna y antigua ciudad italiana con su importante universidad. El mesero, al cero en su cabeza, gafas grandes de concha, va presentando el menú a gran velocidad en un inglés perfectamente incomprensible, mientras gesticula ampliamente. El viejo profesor (viejo en edad, en sabiduría, en reconocimiento) sentado a mí lado me dice en voz muy baja:

– Es como una ópera de Rossini.

Y ciertamente lo era.

En política, muchas veces no se llega -lamentablemente- al nivel de ópera cómica de Rossini. Se queda en un simple sainete… con consecuencias que pueden ser de ópera verdiana o incluso pucciniana, a veces.

En Cataluña, por ejemplo, un 80% de los participantes en la consulta se han declarado a favor de la independencia. El gobierno catalán exulta y destaca la relevancia del dato, el gobierno español hace como si no tuviera ninguna importancia. Los dos tienen razón – o ninguno. Desde el punto de vista jurídico, en efecto, no es vinculante; pero tiene un valor simbólico que habrá que tener en cuenta: no se puede vivir de espaldas al hecho de que hay más de un millón ochocientas mil personas que han expresado su claro descontento con la situación actual y piden un cambio radical.

El gobierno catalán siempre da cifras absolutas, porque si se incluye la participación tampoco es para dar grandes saltos: un 37% votó. Y eso que esta vez se incluía a los inmigrantes residentes y a la población de entre 16 y 18 años.

Todo esto fue el sainete político, incrementado con el hecho de que, cuando todo esto ya se estaba cocinando, hubo -como se ha sabido ahora- contactos secretos entre uno de los máximos líderes intelectuales del independentismo y dos emisarios, uno de Rajoy (y sólo la Vicepresidenta del Gobierno estaba enterada) y otro del Partido Socialista. El elegido por Rajoy, al margen de gobierno y partido, fue el inefable Pedro Arriola, asesor sobre todo electoral del Partido Popular (y sobre todo de sus presidentes Aznar y Rajoy) desde hace muchos años: un consultor externo, pues no es miembro de partido, pero ha contribuido decisivamente a fijar los mensajes electorales (y también desde el gobierno). Ha causado indignación que este experto en campañas electorales sea el hombre de confianza en una cuestión tan delicada: como si Rajoy despreciara al gobierno y a su partido y optara por soluciones personales. ¿Le estará afectando el “síndrome de la Moncloa”, qué hace que los presidentes de gobierno acaben encerrados en ese edificio, escuchando sólo a una camarilla? A Felipe González le dio el síndrome en los últimos años de su mandato, a Aznar en cuanto tuvo la mayoría absoluta (a los cuatro años, por tanto), a Zapatero, en pocas semanas. Y parece que tampoco Rajoy escapa.

Y ahora viene el sainete jurídico: el Tribunal Constitucional ha dictaminado -de forma provisional- que tanto el referéndum como la consulta pueden ser inconstitucionales (la sentencia definitiva todavía no ha llegado) y el Fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce, ha incoado demanda contra algunos políticos catalanes por cosas que suenan tan feas como prevaricación, desobediencia grave, usurpación de funciones y malversación. El fiscal jefe de Cataluña, cuando Torres-Dulce le encargó que llevara adelante la querella, se muestra a favor (día 10 de noviembre); el 12 informa en Madrid de que la mayoría de fiscales en Cataluña están en contra, pero él sigue a favor. Y el 17 se suma a la opinión de sus fiscales y se opone a presentar la querella. Y eso que los fiscales catalanes están convencidos de que el Gobierno catalán ha recurrido “al empleo de argucias jurídicas sin precedentes -ni siquiera en el Derecho comparado- y actuado con absoluta falta de lealtad al acuerdo constitucional”. Pero, por su parte, no hay querella. Un cuadro más del sainete.

Así que Torres-Dulce se ha tenido que ocupar personalmente.

Parece que ahora, al fin, Mariano Rajoy y Artur Mas se van a reunir. ¿Qué saldrá de ello? ¿Sainete o seriedad política? ¿Alguna posible salida de este callejón? ¿O pasaremos ya del sainete al cine negro, género que utiliza con profusión los callejones? – a Torres-Dulce, por cierto, en realidad lo que le gusta es el cine y ha sido un apreciado crítico hasta ser nombrado Fiscal General…

A todo esto, alguien tendría que ocuparse de pensar en la gente, en los motivos para el sí a la independencia, en el agravamiento de los prejuicios que se está produciendo, en la fractura social, en las ilusiones y desilusiones, en la creciente extrañeza de unos y otros, en el rechazo en otras partes de España. Y en quienes creen que no todo tiene que estar condicionados por este tema. Por ejemplo: los monjes cistercienses del bellísimo monasterio de Poblet, en Cataluña, han emitido un comunicado pidiendo que les dejen en paz, que se respete su libertad de no posicionarse en ese tema, pues su cometido es otro.