Formemos jugadores, no peloteros; por Mauricio Izaguirre

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Ser peruano significa, ver todos los partidos de la selección con toda la fe del mundo, haber soñado con ser jugador profesional y desear que ya no convoquen a los jugadores de siempre a la selección para darle oportunidades a los jóvenes.  Estas tres cosas son las que muchos peruanos compartimos  y que, de una manera u otra, nos han marcado la vida.

Los que no hemos visto jugar a Cubillas, Hugo Sotil, Julio Cesar Uribe, Cesar Cueto, o a las demás leyendas de nuestro balompié, no podemos sentirnos identificados cuando escuchamos a expertos hablando de que en el Perú los jugadores son tan talentosos como los brasileños pero que tratan al balón con mayor elegancia. Lo que mi generación si sabe, y de muy buena manera, es que al futbolista peruano le falta seriedad y profesionalismo. Siempre tenemos que soportar y lidiar con faltas de disciplina, “ampays” y juergas que nunca se traducirán en buenos resultados.

Es cierto que al común de los peruanos nos gusta “pisar” la pelota, hacer que esta se pasee por toda el área antes de ingresar al arco contrario. Preferimos hacer una jugada bonita antes de sacarle ventaja al rival, es por eso que siempre hacemos la más difícil dentro del campo. A quien no le ha pasado, jugando con sus amigos, que en lugar de asistir al compañero hemos intentado hacer una finta o un lujo de más. Como dice el coro de una canción: “No se pude corregir a la naturaleza, árbol que nace doblado jamás su tronco endereza” no podemos cambiarle la esencia al jugador peruano, solo podemos pulirla para poder darle forma.

Lamentablemente, la formación de jóvenes talentos en nuestro país necesita encontrar un nuevo rumbo. Vemos, y sobre todo en verano, que las academias abundan en nuestro país pero no siempre  brindan el servicio recomendado. Me sorprende que existan academias de fútbol que presten sus servicios en losas deportivas y canchas sintéticas de 7 contra 7. Se rescata la labor de querer fomentar el deporte en la juventud pero, a mi parecer, necesitamos incrementar la calidad de los servicios que se brindan para poder llegar a un cambio. No podemos consentir que por cada distrito haya una academia con el nombre de un ex futbolista que solo se presenta en la inauguración y luego nunca más. Ellos como ex futbolistas saben, más que nadie, que eso que se está vendiendo no es fútbol.

No podemos echarle toda la culpa a las academias, ya que, a fin de cuentas, para estas personas es un negocio que resulta muy rentable. La responsabilidad en la formación de talentos recae estrictamente en los clubes. Es inconcebible que las academias oficiales de los clubes más importantes del país no cumplan con los mínimos indispensables para realizar una óptima formación, he visto por experiencia propia que se entrena dos veces a la semana y en el estacionamiento del estadio del club.

No podemos pedir un cambio en nuestra selección, jóvenes con talento o nuevas caras, si no ponemos todo el apoyo en formar a nuevos y talentosos futbolistas. El fútbol se juega en una cancha de pasto natural, de 120 metros de largo por 90 de ancho y con 11 jugadores por equipo. Estos son los aspectos mínimos que deben tener las escuelas de formación, las cuales se encuentran en abundancia en países como Inglaterra y Estados Unidos. Países que a simple vista no cuentan con talento innato para este deporte, tanto Inglaterra como Estados Unidos se han ganado el puesto donde están por el arduo trabajo que han realizado por formar deportistas que además de talento tienen muchísimas horas de formación.

Es hora de que muchos clubes dejen de invertir en traer extranjeros treintones a jugar cuando podemos darle la oportunidad a nuestros jóvenes prospectos, ya que luego buscarán oportunidades en otros clubes y muchos entrenadores se arrepentirán. Esta situación ya la vivió Sporting Cristal con Beto Da Silva, prefirieron a Blanco o a Pereyra y cuando Da Silva demostró su fútbol ya era muy tarde para proponerle una renovación de contrato. Hay que darle la oportunidad a los jóvenes pero no esperemos que la pidan, formémoslos.