Fragmentación, el único argumento, por Daniella Paredes

"El problema no son los empresarios, ellos no empobrecen más al pobre. El problema es el Gobierno de turno, el cual no tiene intenciones de luchar por quienes dice, sino de mantener la situación como está, porque eso sustenta su necesidad de seguir en el poder."

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Llama la atención que el presidente de la República, quien dice ser del pueblo y servir al pueblo, sea la misma persona que margina a ciertos grupos sociales para darle validez y credibilidad a su discurso. Esto significa, entonces, que la dicotomía entre pobres y ricos no es vista como un problema para Pedro Castillo, así como sugirió en su discurso, sino mas bien como la base de su Gobierno, como el único argumento que sustenta su continuidad en el cargo. 

Vale la pena reconocer el esfuerzo del mandatario por querer hacer de su pronunciamiento uno inclusivo: peruanas y peruanos; juntos; nosotros; nuestros. Fue una herramienta sutil, pero que se desmoronó a lo largo del discurso. Castillo suele martirizar a quienes viven en condiciones precarias, o a personas con trabajos de campo como son los agricultores, y ello no es con un fin altruista, sino más bien político. 

Luego de inundar su discurso con pronombres personales, que evocaban tanto al ejecutivo como a los integrantes del legislativo, empezó con la fragmentación por grupos: “Nuestros agricultores viven en la pobreza, reciben salarios míseros y laboran en la precariedad”. Algunos dirán que esto es visibilizar a quienes más lo necesitan, pero en realidad es inútil si sólo se mencionan para añadir carga emotiva al texto, sin siquiera tomar acciones al respecto. 

No le basta, sin embargo, con fragmentar ambos grupos, sino que también tiene la necesidad de enfrentarlos: “Ha sido la gran corrupción, esa que involucra a grandes empresas y altos funcionarios de cuello y corbata”. Muy diferente sería decir “y a algunos”, pero esta frase recae en una generalización que se traduce en conflicto: el empresario está vinculado con la corrupción, por lo tanto es el malo; pero como Pedro Castillo no es de cuello y corbata, es bueno.

“Debemos enfrentar el hecho trágico que el pobre, el campesino, el obrero, sigan minados por los grilletes de la corrupción”… (del Gobierno). El problema no son los empresarios, ellos no empobrecen más al pobre. El problema es el Gobierno de turno, el cual no tiene intenciones de luchar por quienes dice, sino de mantener la situación como está, porque eso sustenta su necesidad de seguir en el poder. 

El discurso de Pedro Castillo, muy aparte de ser un blindaje contra la moción de vacancia que se debatirá en dos semanas, es evidencia de por qué no debe seguir ejerciendo el cargo: las personas y su situación de vulnerabilidad son materializadas en sus pronunciamientos como un medio para aferrarse al poder, no como peruanos que necesitan una solución integral y a largo plazo que pueda darles la oportunidad de mejorar la situación en la que se encuentran.