Francia – Vaticano: Cuestión política y no personal

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Recientemente han aparecido en medios locales algunas publicaciones referidas al incidente diplomático que se viene suscitando entre Francia y el Vaticano por el silencio que mantiene la Santa Sede frente a la propuesta francesa para que Laurent Stefanini, sea aceptado como nuevo embajador de Francia ante el Vaticano. El “silencio”, en términos diplomáticos implica una disconformidad y rechazo a la persona propuesta para asumir el cargo de embajador, por el país que debe aceptarlo.

Sin embargo, me ha llamado la atención que ninguna de estas publicaciones se halla detenido a analizar el importante juego político que hay detrás de este incidente ya que se han centrado todas, en el hecho que Stefanini no recibiría el plácet (beneplácito) de la Secretaría de Estado del Vaticano, por su condición de homosexual. Quizás no se ha dado este análisis porque en Perú estamos a acostumbrados a políticas de corto plazo, que muchas veces ni siquiera se mantienen vigentes durante los cinco años, que permanece el gobernante que las propuso. Por el contrario, los estados europeos y generalmente las grandes potencias, tienen políticas a muy largo plazo, que rigen su actuar.
Es la segunda vez que Francia intenta sin éxito imponer un embajador homosexual a la Santa Sede. Ya Nicolás Sarkozy anteriormente propuso a Jean-Loup Kuhn-Delforge, quien tampoco recibió la aprobación del Vaticano, por el mismo motivo. ¿Por qué insiste?
Si revisamos la historia, comprobaremos que Francia, tradicionalmente ha tratado de avasallar a los papas. Esto claramente es una “política de estado” que mantiene hasta la fecha.

En el pasado Francia se consideraba el estado más grande de la Cristiandad y bajo esta premisa estimaba que el papa debería estar bajo la férula de su rey. Siendo así, desde la edad media viene intentando ejercer su hegemonía sobre los papas.
Hechos, que fundamentan la existencia y continuidad de esta política francesa los tenemos innumerables a través de la historia. Desde la famosa “cachetada”, que Guillermo de Nogaret, canciller del rey Felipe IV “El Hermoso” propinó al Papa Bonifacio VIII para sojuzgarlo, en el llamado “Atentado de Agnani” en 1303, hasta el cautiverio de Pio VII en Fontainebleau por Napoleón I, pasando en el trayecto por el traslado de los papas a Aviñón y otros hechos más.
La propuesta francesa del nombramiento de Stefanini como su embajador, que sabe perfectamente es contraria a los cánones del Vaticano, es un hecho dirigido a buscar influir y alterar la política de la Santa Sede, con ánimo de ejercer su voluntad sobre ella.
Quizás Francia sienta que en este momento tiene más instrumentos de presión, por ser hoy, el homosexualismo, un tema sensible a la población y estime que, con la opinión pública a su favor, pueda obtener la aprobación de las autoridades del Vaticano. Logrando su objetivo.
Muchos creerán que el Vaticano es un estado pequeño y sin importancia en el concierto de las naciones del Mundo y se equivocan. La Santa Sede ha fortalecido su posición entre los países líderes en los últimos años y está jugando en las “grandes ligas” de en la política internacional, con su nuevo aliado.

Ciertamente, en 1984, Estados Unidos reanudo las relaciones diplomáticas con el Vaticano, interrumpidas desde 1868 y formaron una alianza estratégica entre ambos países que logró la caída de la Unión Soviética. Hoy esta alianza, no solo sigue en pie, sino que está activa. Son los Estados Unidos y el Vaticano las naciones que lideran la oposición a que Rusia se haya anexado Crimea y pretenda hacer lo mismo con el resto de Ucrania. La población ucraniana que no quiere una anexión con Rusia es mayoritariamente católica. Igualmente, fue el Papa quien alerto contra el denominado Estado Islámico y Estados Unidos el primer país en enviar tropas para luchar contra este movimiento. Articulando de este modo, su política exterior en Medio Oriente con el llamado del Sumo Pontífice.
Todo esto nos demuestra que el Vaticano está a la altura para enfrentarse con Francia, no dejarse intimidar por la situación propuesta y salir victorioso en este juego.

El Papa no solo cumple su papel como líder de la Iglesia Católica, lo hace también como soberano del Estado Vaticano y se presenta ante los gobernantes mundiales como uno de los principales líderes.
Siendo así, cuando la Santa Sede está manteniendo silencio frente a la propuesta francesa, lo que está haciendo en realidad es ejercer su poder político y tenemos que entenderlo tal cual: la acción de un jefe de estado.