Francisco Ángeles: “Dejar de escribir para mí siempre es una opción, dejar de leer es quitarme el alimento”

1.352

A Francisco Ángeles le gusta visitar, cada vez que puede, distintos cafés de Lima. Si son pequeños y desconocidos, mejor. Estamos en YanaQuncha, un simpático lugar en San Isidro. Espera a que Jennifer llegue a Perú para ir a recogerla al aeropuerto. Viste un pantalón rojo, una chompa gris y un gorro del mismo color. Me parece un tipo enigmático, alto, delgado y del que no se puede descifrar con exactitud su edad. Tomó notoriedad con su novela Austin Texas 1979 que en particular me gustó. Ha recibido buenas críticas por su último libro Adiós a la revolución. Tomamos un par de copas de vino. El lugar está también decorado con luces navideñas.

¿Qué es lo que queda del Francisco Ángeles sanmarquino?

Buena pregunta. Entré a San Marcos en el 2000, fue mi tercera universidad, entré a la Pacífico primero, luego a la Católica, después me fui a Estados Unidos y regresé a los veintidós a estudiar. Siendo viejo a comparación de los otros estudiantes. Queda intacta la pasión por la literatura. Queda cierta sensibilidad porque todavía tengo un corazón bastante juvenil por lo menos metafóricamente, no sé si fisiológicamente también. Muchas cosas pasionales como la música que me gustaba, que la sigo buscando…

…¿Qué tipo de música?

Héroes del silencio, por ejemplo. Lo escuchaba mucho en esa época, luego lo dejé y volví a escucharlo hace algunos años…

…Es un buen grupo, ¿escuchas a Bunbury por separado?

Menos. Conozco bastante bien su discografía, pero lo escucho menos. Tiene buenos discos, a mí me gusta mucho Hellville de Luxe del 2008. Es un disco más rockero, no es como el Bunbury de los inicios, es más tradicional. Pero no me gusta Bunbury como solista. Estoy escuchando cosas que dejé de escuchar en aquella época, como The doors, Led Zeppelin, grupos que había dejado de escuchar desde hace tiempo y me siguen moviendo igual que en esa época. También ha regresado mi pasión por Universitario de Deportes, que es de esa época. ¿Te referías más a la personalidad?

También. Me ocurre que ya no leo los libros con la misma intensidad, pasión y locura que cuando era pequeño, cosas así …

Creo que Fuguet fue el que dijo que ningún libro después de haber publicado el primer libro te puede marcar tanto. Hay un antes y después de la primera publicación, estoy completamente de acuerdo con eso. Antes uno podía incluso proyectar toda su carrera literaria en eso. Después se va perdiendo un poco de pasión e influencia de otros escritores, como dices. He pensado en esto. Muchas veces me preguntan por mis libros favoritos de todos los tiempos, son los mismos que hace quince año ¿Por qué pasa eso? Creo que el yo de ahora es un yo transformado.

Dijiste que viviendo en Estados Unidos te sientes un ‘latinoamericano’ ¿Qué significa para ser un latinoamericano para un escritor peruano de más de cuarenta años que enseña en una universidad de Illinois?

“De más de cuarenta años” suena cruel.

(Ambos nos reímos en ese momento)

Suena cruel pero un escritor de más de cuarenta años en muchos aspectos podría resultar más interesante que un escritor en sus veinte…

Sí, seguro. Ser latinoamericano puede significar ser discriminado o puede significar algo positivo. Para mi implica que se hable español como lengua principal. La lengua definitivamente es lo que me marca, hay cosas que nunca voy a poder adquirir del inglés y las relaciones que voy armando están muy basadas en la lengua. A un latinoamericano lo pueden ver bien, lo pueden ver mal. Como algo atractivo, deseable o como alguien indeseable, no atractivo. Uno termina cargando cierta presión de ajustarte o no al estereotipo, de bailar bien por ejemplo o ser extremadamente apasionado. Yo no he sufrido nunca discriminación en Estados Unidos, ni en Miami, ni Filadelfia, ni Illinois. Pero sí conozco de primera mano gente que la ha sufrido.

Mencionaste cuando te preguntaron ‘qué es ser original’: “Las cosas no se repiten por pura circularidad inexplicable sino porque existe una tradición. Hay tradiciones literarias, pero también hay tradiciones históricas. Tradiciones revolucionarias, tradiciones de represión. Todo lo escrito queda en el depósito de la memoria. No para que las cosas no vuelvan a ocurrir, como se dice en el lugar común, sino todo lo contrario, para que sí se repita.” Existe en América Latina una tradición de violencia, al igual que en nuestra literatura. Desde el zapatismo hasta las protestas en Chile, Colombia. ¿Cómo describirías ese hilo de violencia que está presente en nuestras sociedades a modo de pulsión?

Qué difícil. Toda la introducción previa a la pregunta parece dicha por otra persona. Recuerdo todo lo que dije, pero no es algo que hoy podría decir. No porque no esté de acuerdo sino porque es algo que no está en mi cabeza. No son temas que me preocupen actualmente. Antes mis preocupaciones estaban más por ese lado más teórico y reflexivo sobre la violencia. Me sigue pareciendo bacán eso, pero eso que es muy Borges hoy no pasa por mi cabeza. Los modelos artísticos como base para producir historia…

Y la literatura comprometida para cambiar el mundo…

Que es algo que ha regresado con fuerza, pero de otra manera. Esto me parece más actual que la noción de la historia con las revoluciones y la violencia que me preocupaban en ese momento. Lo que algunos llamaban corrección política es un intento de cambiar el mundo. Me considero de los 90, que era una época en la que mirábamos a los 50s, la época de la literatura de comprometida, Sartre, como algo prehistórico. Los noventa fueron una época de explosión de libertad e individualismo. Me parece alucinante como ahora la tendencia es hacia el progresismo.

Hay una búsqueda más fuerte de la libertad, de vivir sin ser juzgado…

Sí. No estoy aún muy convencido de cómo se debe leer la ficción. No tengo muy claro ni sé cuál es mi opinión sobre Lolita por ejemplo. Fui a ver el otro día una película de Woody Allen y me pareció bueno que haya gente en el cine, porque pensé que ya no lo vería alguien por cuestiones que no tienen que ver con sus películas. Para mí es bastante difícil ubicarme en esa…

Es terrible sancionar la obra del autor por actos de autor…

Sí, no sé qué opinar. Tal vez tengan razón aquellos que piden que se les metan presos y quemen todos sus libros. Como nací en otro momento, tengo otros paradigmas. Aún me cuesta entender bien qué es lo que está pasando, pero me interesa más esa discusión que la de las revoluciones, que es antiguo y melancólico.

Laura Restrepo menciona que los escritores latinoamericanos somos escandalosos. Nos basta un par de páginas para meter a un muerto o un balazo, al contrario de los escritores anglosajones ¿existe un camino alternativo para una literatura más sosegada?

Existe. Mi generación ha sido influenciada por el cono sur. Leemos más escritores argentinos, uruguayos que ecuatorianos, colombianos o mexicanos. En esa tradición la violencia está más solapada. Escritores como Onetti, Sábato, Levrero. Siempre han existido, ahora que frente al primer mundo se haya utilizado la violencia para identificar más a lo latinoamericano es otra cosa.

¿Cómo es que te llega a llamar la atención el zapatismo para Adiós a la revolución, que es una revolución desinflada que no buscaba el poder y una revolución que concluye con promesas incumplidas del gobierno mexicano?

Me convencí de que el camino de la vía armada era insostenible. La transformación social sigue siendo necesaria, pero en el siglo XXI y el fracaso de los gobiernos de la Marea Rosada, ha quedado claro que poniendo un presidente por propios intereses no se iba a poder llegar a nada interesante. Siempre me llamó la atención ir en contra del Estado. Hay un libro llamado Poshegemonia de Jon Beasley-Murray, lo leí cuando recién lo publicaron y me marcó. Me abrió el panorama a cómo la gente puede ejercer una democracia real sin necesidad de convertirse en gobierno. Como millones pueden ponerse de pie y ser todos jefes. En la práctica es imposible…

Pero, algo de esto ha habido en Chile, ¿no?

Como protesta dices. Esa es una manera, lo que algunos llamaban poder destituyente contra el poder constituyente. Lo otro no era un contrapeso de lo oficial sino una anulación de lo mismo. Tratar de hacer un cambio sin pedirle nada a nadie. Cuando llegué al zapatismo pensé que era una experiencia rica, digna de ser mirada.

Algunos periodistas peruanos te reclaman por qué no escribes sobre temas nacionales ¿Cuánto afectan estos chauvinismos de ‘literatura provinciana’, ‘literatura peruana’, ‘literatura latinoamericana’?

Sí me lo han preguntado, pero nunca lo he sentido como reclamo. Lo que sí es cierto es que hay, por lo menos en Latinoamérica, una tendencia a valorar mucho lo que tiene que ver con la reflexión nacional.

Esto podría hacernos pensar de que estamos en búsqueda de una identidad nacional…

No sé qué significa eso de la identidad nacional. He hablado con mucha gente en Estados Unidos donde se supone que existe una identidad nacional y donde la personas se sienten americanos, y defienden la democracia y la libertad. Pero son tan diversos entre ellos. Estados Unidos es una sociedad muy desigual y con mucha discriminación geográfica. Es tan diverso como el Perú. Un hombre de California y un hombre de Arkansas no tienen nada que ver el uno con el otro, pero ambos creen que tienen identidad nacional. No sé si en el Perú se dé por la falta de la identidad nacional, no sé tampoco si sea algo deseable.

(Off the record me comenta que muchos de esos temas le han dejado de llamar la atención, a diferencia de entrevistas de años atrás. Siento que está en un momento de su vida en el cual se mantiene alejado de las peleítas pírricas de la literatura peruana y simplemente está disfrutando de los detalles pequeños: un buen vino, un buen café o una buena conversación.)

Hemingway escribía parado, García Márquez con una flor amarilla, Marías en máquina de escribir, Proust echado en su cama, Dumas con una sotana roja mientras Victor Hugo lo hacía desnudo ¿Qué es lo que requieres para escribir con calma?

Música y café. No puedo escribir con alcohol. Me gusta mucho beber. No bebo mucho pero sí bebo continuamente. Un par de copas digamos, pero no para escribir. Café sí y música muy alta en los audífonos. Mucho Radiohead. No tengo nada como la túnica roja ni esas cosas.

(Francisco soltó una breve carcajada)

¿Cómo es tu biblioteca? ¿cuál es el orden que utilizas para tus libros?

Mi verdadera biblioteca, la que fui juntando desde que era estudiante, ya debe estar desarmada en Amazonas. La dejamos cuando fuimos a vivir a Estados Unidos en una casa de la familia de mi esposa. La casa luego se vendió y no sé que pasó con los libros que se quedaron en aquellas cajas. Tendríamos unos 2500 libros. Supongo que se habrán rematado…

Uno podría ir a Amazonas y encontrar un libro que diga: “Para Francisco Ángeles, con mucho cariño…”

No, me llevé la mayoría de los libros dedicados. Arranqué la página con la dedicatoria de aquellos libros que no me llevé.

¿Cómo convive tu orden con el de Jennifer en la biblioteca?

Ella es más ordenada que yo. Me he vuelto muy desapegado con esas cosas. Para mi biblioteca era la de Lima, la fui armando a lo largo de los años. Comprar un libro significaba estar dos semanas ajustado de dinero. Compraba mucha literatura contemporánea en un momento donde pocos leían eso. Leían a Borges o a Thomas Mann que ya eran antiguos en aquella época y que yo había leído a los catorce. Ahora casi solo se lee contemporánea en un extremo que tampoco me gusta tanto. Creo que por esa frustración de haber perdido mi biblioteca ya no siento tanto apego. Los libros los compro, algunos los regalo o los boto a la basura. No tengo un apego especial por eso.

Rosa Montero en su libro La loca de la casa menciona que los escritores somos vanidosos ¿Al entrar a una librería te tientas a buscar tus propios libros?

Sí, por supuesto ¿Quién no? Yo creo que el que diga que no es mentira. Tal vez Vargas Llosa, no sé si aún va librerías. No siempre tampoco, el ímpetu va disminuyendo. Tal vez fue más fuerte con el primer libro.

¿Te molestas con los editores cuando no encuentras un libro tuyo en los anaqueles?

No me molesto. Claro que me gustaría verlo. Es jodido que un amigo busque tu libro y no lo encuentre. A mí sí me interesa ser leído por gente que me conoce, amigos, familia y si no me encuentran en la librería es molesto.

¿Existe choque de egos con Jennifer?

No, al contrario. Yo quisiera que a ella le vaya mil veces mejor que a mí. Me encantaría que ganara muchos premios, sobre todo los importantes. Lo digo de verdad, puede sonar una frase premeditada. Me gusta que le vaya bien.

Hay mucha literatura buena enterrada por las modas literarias. Las ‘fórmulas’ comerciales muchas veces impiden que manuscritos sean publicados. ¿juegan un rol importante las editoriales independientes en todo esto?

Las editoriales independientes cumplen el papel de dar a conocer a aquellos que por algún motivo no están con una editorial grande. Nunca he estado de acuerdo con eso de que la mejor literatura está en lo independiente. También con el éxito y el fracaso, aquello que dice que lo bueno no vende. Vender mucho ejemplares o tres ejemplares no hacen mejor escritor…

Además, es una tontería, escritores como Borges venden muchísimo…

O García Márquez que me parece un escritor muy menor al costado de Borges, pero su valía es incuestionable. Felizmente nunca me ha disgustado la popularidad de nadie. Un rockero por ejemplo, si es que sale en MTV habrán algunos que digan que se ‘vendió’ al sistema. A mí me importa poco. Lo que importa es la obra.

(Paramos la grabación y aprovechamos a pedir otra copa de vino. “Qué jodidas esas preguntas”, dijo Francisco y soltó una larga carcajada. Ambos concluimos que una entrevista siempre tiene algo de impostado. Las mejores conversaciones son fuera de las cámaras o los grabadores. Hablamos un poco sobre amigos comunes, sobre su vida en Illinois. Hablamos un poco del libro de Sexualidades amazónicas de Luisa Elvira Belaunde que yo estaba leyendo y, por supuesto, de otros escritores).

¿Podrías mencionar tres escritores peruanos contemporáneos que te gustan?

Como el medio peruano es tan chiquito y lo que uno diga despierta tanta paranoia y pasiones, prefiero pensar en libros porque es más preciso. A partir del 2000: Ellos dos de Patricia de Souza y Casa de Islandia de Luis Hernán Castañeda. Eso dos nomás, porque tengo como cinco en la cabeza y es complicado elegir uno más.

¿Tres escritores peruanos de la tradición que te hayan marcado como escritor?

Ribeyro, Vargas Llosa y Abraham Valdelomar.

¿Algún libro o autor contemporáneo en el ámbito internacional que te haya impactado?

Si lo vemos como un corte hacia el futuro. Un libro que me ha impactado muchísimo se llama Conjunto vacío de la mexicana Verónica Gerber Bicecci. Ese libro me pareció como una especie de modelo de ruta para lo que puede venir. Un cruce entre la imagen y la escritura de un nivel de integración muy fuerte. De la misma manera que funcionaba en la Edad Media como la Celestina, donde lo escrito y lo visual tenía el mismo peso para contar la historia.

¿Tres escritores del ámbito internacional aparte de Piglia que te hayan marcado como escritor?

Kenzaburō Ōe en toda su obra en general. Ishiguro pero antes del premio nobel, ese libro Nunca me abandones no me gusta. Y Antonio Tabucchi. Lo siento porque los tres son hombres, pero no puedo mentir. Si fuera un escritor de tu generación tal vez dos de tres serían mujeres.

(Ahora que edito la entrevista me doy cuenta que me hubiese gustado preguntarle un poco por la literatura oriental).

Si tuvieras que salvar una de tus novelas del fuego de los bomberos de Fahrenheit 451 ¿Cuál sería?

Austin Texas 1979.

¿Qué libro de la literatura te llevas a la isla desierta?

Pienso en una novela larga que no haya leído. El arcoíris de la gravedad de Thomas Pynchon.

Si tuvieras que escoger en el juego macabro entre dejar de escribir o leer ¿Cuál escoges?

Dejar de escribir. Claro. Dejar de leer nunca, es imposible. Dejar de escribir para mí siempre es una opción, dejar de leer es quitarme el alimento.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Ayer terminé de leer un libro sobre Andrés Calamaro, que es un híbrido entre ensayo y reportaje. En paralelo estoy leyendo dos libros: Los topos de Guillermo Thorndike y la novela Hija de revolucionarios de Laurence Debray.

Una última pregunta, ¿por qué escribes?

La más auténtica es que no escribo. En este momento no estoy escribiendo. Mi yo de hoy no podría decir el porqué.