Francisco Belaunde Terry, ejemplo de lealtad, por Federico Prieto Celi

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El 25 de agosto de 2020 falleció en Lima el doctor Francisco Belaunde Terry, a los 96 años. Había nacido el tres de octubre de 1923. Era la personificación del hombre leal. Fue famoso por sus cartas al diario La Prensa, en defensa del presidente Fernando Belaunde Terry, durante la dictadura del general Juan Velasco Alvarado, que terminó deportándolo a Argentina. Cuando los policías fueron a buscarlo, les dijo: -Hace cinco años que los espero. En el exilio vivió en Buenos Aires, Caracas y Guayaquil; y fue catedrático en la Universidad estadounidense de Arizona.

Estudió en colegios de Francia, Estados Unidos, México y Chile. Culminó la secundaria en el Colegio Sagrados Corazones Recoleta y siguió estudios superiores en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde estudió Derecho. Era abogado colegiado y compartía Estudio con Carlos Basombrío. Hombre culto, además de ejercer la abogacía fue catedrático de UNIFE durante años. Estuvo casado -ambos ya mayores- con Isabel Dupuy Montori; su enlace civil y religioso se hizo en privado.

Tuve la suerte de tratarle en Lima y en Buenos Aires. Gocé su fino sentido del humor, sus apreciaciones históricas y sus reflexiones humanas. Tenía una capacidad especial para describir el perfil de los políticos. Tanto como asesor en el primer mandato de su hermano Fernando como en el segundo como diputado, fue un defensor fiel que cuidaba que su hermano estuviera bien informado, dentro del partido Acción Popular. Es coincidencia histórica que a su muerte el presidente del Congreso sea miembro de Acción Popular, que es la primera minoría del parlamento.

Austero en su vida personal, lo fue igualmente en los cargos públicos que ocupó, reduciendo el presupuesto del Congreso todo lo que pudo cuando fue su presidente. En el despacho presidencial, cuando era asesor, no hizo uso nunca de su presupuesto de gastos de representación. En Buenos Aires, me avisaba cuando encontraba un restaurante con un menú de buena carne argentina a un precio bajo; íbamos y conversábamos de todo lo humano y lo divino. Mantuvo una gran amistad con José María de la Jara y Ureta, entonces también deportado y secretario general de Acción Popular.

Recuerdo que José María y yo lo acompañamos al consulado venezolano en Buenos Aires para que sacara su visa para viajar a Caracas. Nos preocupamos porque no salía de la oficina del cónsul y pasaban los minutos. Penamos que podía tener algún problema. Al salir, le preguntamos: -Paco, ¿te dio la visa? -Sí, no más entrar. Después nos entretuvimos conversando sobre la batalla de Carabobo.

El día que el general Francisco Morales Bermúdez autorizó el regreso de los políticos y periodistas deportados por la primera fase del gobierno revolucionario, tomó un avión en Ecuador de inmediato, para volver a patria, que tanto extrañaba. Su comportamiento en la vida familiar, profesional y pública es un ejemplo para la clase política del siglo XXI. Nadie puso en duda su integridad moral, su vocación democrática, su sentido del deber.

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