“Fratelli tutti” en el Día Mundial de la Alimentación, por Verushka Villavicencio

Bajada: Hoy se debate en el Congreso la posibilidad de comer una “Causa sin Papa” y un “Tiradito sin Limón”, pues la Ley de Moratoria al ingreso y producción de transgénicos aprobada el 2011 los frenó por diez años.

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Para el 2030, necesitaríamos dos planetas para mantener el ritmo de consumo de alimentos cuyo 70% proviene de la agricultura familiar y la pesca artesanal. En 100 años se ha perdido el 75% de la diversidad genética vegetal por dejar de sembrarla y cambiarlos por monocultivos que minan la diversidad por el uso de plaguicidas con componentes químicos tóxicos, en todo el mundo. Relevante realidad que enfrenta dos posiciones: el cultivo de transgénicos versus el cultivo ancestral que conserve la biodiversidad. Hoy viernes 16 de octubre, se debatirá en el Congreso la posibilidad de comer una “Causa sin Papa” y un “Tiradito sin Limón”, pues la Ley de Moratoria al ingreso y producción de transgénicos aprobada el 2011 los frenó por diez años.

El Trinche, portal gastronómico emprendió una campaña de comunicación en redes sociales difundiendo videos con agricultores como Melania Canales Poma, Presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas, quienes levantan su voz y se oponen al ingreso y producción de transgénicos: “nuestras semillas son herencia que nos dejaron nuestras ancestras, por eso las cuidamos y estamos en contra de las semillas transgénicas que atentan contra la seguridad y la soberanía alimentaria”, afirma. Con ella diversos agricultores de diferentes regiones manifiestan lo mismo y se suman los chefs, Virgilio Martínez y Mitsuharu Tsumura, impulsando la firma de un pedido para evitar el ingreso de los transgénicos. Los videos que presentan platos bandera del Perú, elaborados sin papa amarilla y sin limón, buscan concientizar a todos los ciudadanos sobre la decisión política que esconde el consumo de transgénicos. El objetivo es prorrogar la Ley de Moratoria, aprobando los proyectos de ley 5751-2020/CR y 5622-2020/CR que proponen la ampliación de la moratoria al ingreso y producción en el territorio nacional de organismos vivos modificados (OVM) con fines de cultivo o crianza, incluidos los acuáticos, por 15 años adicionales.

La idea por aclarar es cómo la siembra de transgénicos afecta a nuestra biodiversidad. En ese sentido, la “Plataforma Perú Libre de Transgénicos” publicó, en setiembre del 2009, información de la doctora Antonietta Gutiérrez Rosati, profesora principal de la Universidad Nacional Agraria La Molina, quien como investigadora, profesora de genética y de biotecnología vegetal, utilizó la metodología multiplex (amplificación del ADN) para demostrar la presencia de eventos transgénicos como el denominado NK603 (cultivos resistentes a herbicidas) y Bt (cultivos resistentes a los insectos). Su investigación demostró que este tipo de contaminación con transgenes se extendió peligrosamente en otros valles de la costa sin ningún tipo de control: en Piura, Chulucanas, 31% de las muestras analizadas dio positivo a la presencia de transgenes; en La Libertad, Chepén, fue el 25%, en Gallito Ciego un 32%, en Jequetepeque un 60% y en Barranca el 63%, según las cifras de la investigación de esa época. Esta expansión generó una contaminación genética de los maíces nativos, por el cruzamiento, a través del polen, entre plantas transgénicas y variedades locales. Esta situación extendida en el tiempo provocaría la pérdida de más de 55 ecotipos de maíces que representan un valor biológico, cultural y comercial incalculable. Significa que las especies nativas del Perú corren el riesgo de desaparecer si se cultivan OVM o transgénicos.

Además, el impacto económico que puede generarse es enorme pues Japón, Holanda y otros países de Europa, rechazan alimentos de origen transgénicos, dado los serios cuestionamientos que tienen por sus efectos en la salud y el ambiente. La agroexportación se afectaría y con ella a los pequeños productores. Es importante saber que las semillas de los transgénicos no son fértiles así que se rompe el ciclo de producción.

Desde el 2011 con la promulgación de la moratoria, se crea también una Comisión Multisectorial de Asesoramiento para el desarrollo de las capacidades e instrumentos que permitan una adecuada gestión de la biotecnología moderna, la bioseguridad y la bioética; pero a la fecha no se tienen todos los instrumentos necesarios ni resultados que respalden que los transgénicos no son dañinos para los cultivos tradicionales.

Pero además del problema por resolver con los alimentos de origen transgénicos, tenemos un alto consumo de productos ultraprocesados. Entre el 2000 y el 2013 este consumo creció en 107%. La tasa de niños obesos subió de 7,7% en el 2008 a 19,3% en el 2018. Ahora tenemos el 70% de adultos con sobrepeso y obesidad, según el Ministerio de Salud. Significa que no hemos aprendido a alimentarnos y las consecuencias son los índices elevados de diabetes, alergias, cáncer, enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. Con el COVID 19, estas enfermedades son un factor de riesgo que marca la diferencia entre vivir o morir. “Las poblaciones con una alimentación tradicional son más resilientes al COVID 19”, sostuvo José Alvarez de la Dirección General de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente, durante el foro “Cabildo para Comer”, que organizaron.

Entonces, se necesita impulsar el consumo de nuestra biodiversidad y darnos cuenta que comer es un acto político porque nuestras decisiones de compra favorecen a unos y perjudican a otros. Si vamos más allá, en la reciente Encíclica “Fratelli tutti”, el Papa Francisco profundiza en la necesidad de una “fraternidad universal” que conciba el problema de uno, como la solución de todos. Inspirada en San Francisco de Asís, y otros líderes no católicos como Martin Luther King, Desmond Tutu, Mahatma Mohandas Gandhi y el beato Carlos de Foucauld, esta profunda reflexión nos concita a comprometernos con nuestras acciones por la preservación de nuestra identidad a través del derecho a la alimentación sana. Estado, agricultores, empresarios y los consumidores somos responsables en la construcción de esta fraternidad de todos. Esperemos que hoy 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, se adopten las mejores decisiones para esta “fraternidad universal”.

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