Fujimori no acabó con el terrorismo, por Jonathan Sepúlveda

"Fujimori no acabó con el terrorismo, eso está claro. Es por eso que hoy nos toca a nosotros asumir la lucha".

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Tras casi cumplirse veintiún años desde que, oficialmente, culminó el gobierno de Alberto Fujimori – 22 de noviembre de 2000 –, nos damos con la triste y sombría sorpresa de que las frases populares no eran ciertas. Fujimori no acabó con el terrorismo. Luego del ataque terrorista en la zona del VRAEM el día 24 de mayo, que acabó con la vida de diez hombres y seis mujeres – de las cuales dos eran menores de edad –, tenemos que darnos cuenta de lo necesario que es contar con un gobierno que dé estabilidad económica, certeza jurídica y seguridad ciudadana. Es loable la decisión del presidente Sagasti – para nada santo de mi devoción – en desplegar las fuerzas armadas en la zona del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro, sin embargo, no es suficiente. Hay, aún, una tarea que debemos cumplir.

Nos encontramos en un contexto de segunda vuelta que debe tomarse con precaución, ya que, si bien una está acusada de lavado de activos y actos de corrupción, el otro está estrechamente relacionado con líderes del grupo terrorista Sendero Luminoso. Este último ha venido promoviendo una ideología que se basa en el rencor, las divisiones y la mentira. Es verdad que, una vez más nos encontramos en la posición de elegir el mal menor – parece que no aprendemos. No obstante, elegir un gobierno de ideología extrema – comunista –  no nos garantiza bienestar social que necesitamos para seguir creciendo como país. Por lo tanto, este 6 de junio, no podemos errar al escoger quién ocupará “Palacio”.

¿Qué más nos queda? Nos queda recapacitar y tomar acción. Nos queda la esperanza de una segunda oportunidad para que, esta vez, tomemos una decisión mirando al futuro más que mirando al pasado. El rencor y la desidia de muchos para tomar una decisión que no nos gusta, no puede ser más grande que los años de trabajo que hemos pasado para llegar a ser uno de los países que redujo su pobreza de un 49.1% (2006) a un 20.2% (2019 – antes de la pandemia). Pensábamos que la lucha contra la pobreza, y lo que esta conlleva, era nuestro gran enemigo; sin embargo, vemos que aún no hemos acabado con uno más antiguo: el terrorismo.

Fujimori no acabó con el terrorismo, eso está claro. Es por eso que hoy nos toca a nosotros asumir la lucha. No una lucha armada ni, mucho menos, una “guerra popular” como les gusta a los comunistas. Hoy la lucha es contra el rencor, la coacción, contra la división y la mentira de aquellos que solo quieren sembrar terror, estos son llamados: terroristas.

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