Gasta, no ahorres

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El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha hablado, ha hecho felices a muchos y, al mismo tiempo, ha despertado numerosas quejas entre aquellos que no simpatizan con sus últimas medidas. ¿Los impuestos a la renta de quinta y cuarta categoría prácticamente reducidos a la mitad para el tramo inicial de ingresos? Personalmente, no tengo ninguna queja. No obstante, en este espacio no pretendo criticar ni alabar dicha medida sino analizar una potencial consecuencia, introduciendo un pequeñísimo pero relevante giro que podría llevar a muchos a cuestionar el destino de sus nuevos y ciertamente muy agradecidos recursos.

Tengo dinero extra: ¿qué haré con él? Ese dilema es precisamente el que nuestro querido MEF quiere que afrontemos. ¿Cuál es la respuesta que espera? Gasto. El MEF espera gasto. La clave para retomar las atractivas tasas de crecimiento que nuestra economía registraba hasta hace poco está en la consolidación de un círculo virtuoso en el que los peruanos gastamos más. Pero, ¿qué es lo que de verdad haremos con estos nuevos recursos?

En el universo de la economía conductual se maneja un concepto conocido como “contabilidad mental”, propuesto por el Doctor en Ciencias Económicas Richard Thaler. Este podría describirse como la forma en que los individuos organizan su presupuesto (aunque claro está que la definición podría extenderse) y contempla una forma de organización particular: cada uno de nosotros “etiqueta” su dinero y lo distribuye en diferentes categorías. Así, uno crea cuentas mentales como “comida”, “universidad”, “ahorros”, “entretenimiento”, “imprevistos”, etc.

La teoría económica tradicional considera que el dinero es “fungible”, lo cual implica que no viene con etiquetas. En otras palabras, 50 soles mantenidos en la cuenta “entretenimiento” podrían en principio comprar la misma cantidad de lechugas que los 50 soles de la cuenta “comida”. No obstante, aun sin ser conscientes de ello, la mayoría de nosotros en realidad se rige de acuerdo a los principios de la contabilidad mental: no porque el dinero presupuestado para entretenimiento se acabe empezaremos gastar en películas y canchita los recursos inicialmente previstos para pagar la universidad. Esto es un sencillo mecanismo de control que, aunque no lo imaginen, tiene décadas de estudio detrás.

¿Por qué es esto relevante para los diseñadores de políticas públicas? Estudios demuestran que incrementos en el bienestar (en este caso representado por la mayor disponibilidad de sueldo neto) que cuentan con una categorización explícita resultan en mayores gastos en aquello que se pretende incentivar. Así, por ejemplo, en un esfuerzo por promover el gasto en combustible, el IFS (Institute of Fiscal Studies) reportó que el entregar dinero sin categorización alguna resultó en tan solo un incremento del 3% en la categoría de combustibles (los individuos lo distribuyeron en otras categorías que consideraban más urgentes), mientras que aquellos que recibieron el dinero extra bajo el nombre “Pago para combustible” incrementaron el gasto en la categoría esperada en 41%.

Mi pregunta es la siguiente: bajo este esquema ¿en qué categoría colocará el peruano promedio este incremento no categorizado? Lo más probable es que en aquella en la que cuente con un déficit relevante. ¿Qué sucede si dicha categoría es “ahorros” y no su contraparte, o sea “gasto”? Es por eso que es tan importante la implementación de incentivos adicionales que canalicen los flujos a los destinos de interés. Ejemplo de esto son las reducciones en el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a los combustibles, pues ampliarían la capacidad de gasto dentro de cada categoría. Si el MEF quiere que este paquete de medidas navideñas genere más gasto, entonces debe repetirle ese mensaje a los peruanos, y repetírselo hasta que no le queden dudas a nadie.