Editorial: Gestos poco democráticos

«Durante la campaña presidencial, el entonces candidato Pedro Castillo aseguró que, en un eventual gobierno suyo, formaría un gabinete de ancha base y muy respetuoso de la prensa libre. Sin embargo, su asunción demostró que su mensaje de campaña se limitó a ser un slogan vacío».

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Durante décadas se esperó el Bicentenario de la República con la expectativa de alcanzar un país desarrollado y con instituciones sólidas entregadas a la Ley y no a las personas que las ocupan. Sin embargo, aquello parece estar muy lejos todavía, y se perciben retrocesos que dificultan alcanzar aquellas metas.

Durante la campaña presidencial, el entonces candidato Pedro Castillo aseguró que, en un eventual gobierno suyo, formaría un gabinete de ancha base y muy respetuoso de la prensa libre. Sin embargo, su asunción demostró que su mensaje de campaña se limitó a ser un slogan vacío. En primer lugar, los nombramientos para conformar el gabinete –en ceremonias tardías y con especulaciones- dejaron en evidencia que el presidente Castillo no estaría interesado en conformar un equipo de ancha base, sino de correligionarios extremadamente cuestionados, empezando por el presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido, quien homenajeó a la terrorista Edith Lagos y es investigado por presunta apología al terrorismo luego de que, ante el cuestionamiento de una periodista sobre el accionar del grupo terrorista Sendero Luminoso, Bellido le increpara “¿Qué tienes contra Sendero?”. Asimismo, Bellido realizó publicaciones homofóbicas en su cuenta de Facebook, en las que se refirió a los homosexuales como “maricones”. Y, al igual que el jefe del Gabinete, varios de los actuales ministros son cuestionados por su escaza experiencia laboral en el área de sus respectivas carteras, por tener denuncias de violencia familiar, trata de personas y papeletas por transporte informal, e incluso por tener vínculos con el Movadef, brazo político de Sendero Luminoso, o por haber pertenecido a grupos subversivos. Aquellos nombramientos deben ser reconsiderados, sobre todo el de Guido Bellido como presidente del Consejo de Ministros, dado que, sus lamentables declaraciones sobre Sendero Luminoso y sus publicaciones homofóbicas, representan un agravio para las víctimas del terrorismo y para la comunidad LGTB. Y, por otro lado, lo mínimo que se debería de esperar de un presidente de la República es que no conciba convocar a funcionarios con semejantes antecedentes. Además, el nombramiento de funcionarios extremadamente cuestionados genera mayor incertidumbre política y económica, ya que se presume que aquellas designaciones se hicieron para generar un enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso.

El gabinete Bellido no es lo único que genera preocupación, debido a que la actitud hermética que el gobierno tiene con la prensa es un gesto muy poco democrático. Un ejemplo de ello es que no se permitió el ingreso de medios de comunicación –salvo la prensa estatal-  a la juramentación del nuevo gabinete ni al reconocimiento del presidente Castillo como jefe supremo de las Fuerzas Armadas y Policía. Asimismo, en la primera conferencia de prensa del premier Bellido, este culpó a la prensa de “generar caos e inestabilidad a la economía” y la acusó de tener una “actitud obstruccionista”. Entonces, se percibe una incomodidad del nuevo gobierno frente a los cuestionamientos e indagaciones que realizan los medios de comunicación y aquello es alarmante. Una de las principales columnas de la democracia es una prensa libre que pueda investigar y cuestionar al poder; por ello, que el presidente del Consejo de Ministros la señale de obstruccionista y de generar caos e inestabilidad económica, refleja un talante muy poco democrático que debería alarmar a la ciudadanía.

El presidente Castillo debe de reconsiderar los polémicos nombramientos en el gabinete. Si no lo hace, quedará en evidencia que lo que se busca es un enfrentamiento con el Congreso de la República, lo cual sería sumamente irresponsable y antidemocrático; y deberá ser el Parlamento el que inicie el control político a los ministros cuestionados. Además, no puede ser esquivo con los medios de comunicación privados por resultarle incómodos, ya que estos son las principales ventanas, a través de las cuales la ciudadanía fiscaliza al poder de turno.

Son tiempos en los que se requiere diálogo y consenso, pero, sobre todo, firmeza democrática.