Golpe de timón o crónica de una muerte anunciada, por José Andrés Tello

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El primer debate presidencial del domingo 22 de mayo de 2016 nos ha dejado una sensación diferente a la que proyectan las encuestas telefónicas que se hicieron a través de importantes programas periodísticos en Frecuencia Latina, en RRP y entre otros medios de alcance nacional; la ganadora del debate fue Keiko Fujimori y no Pedro Pablo kuczynski, aunque el espejismo gestado por creativos equipos de redes o eficientes call centers indique lo contrario.

La realidad es que tuvimos a un candidato PPK muy apagado, distante de esa imagen del gringo criollo, “mosca” a decir de algunos, que tanto agrada con sus palabras acentuadas, sus bromas muy bien contextualizadas y un sarcasmo muy pertinente a veces, fruto de una experiencia acumulada por los años, por alguien quien definitivamente no llego a los 77 años con garrocha sino viviendo intensamente cada año de una vida, a decir lo menos, exitosa.

Las apuestas corrían a que PPK iba a romperla y lo hizo en cierta manera desde el punto de vista técnico. Para muestra un botón, durante el primer bloque sobre “Descentralización y Reordenamiento Territorial”, PPK a diferencia de Keiko tocó expresamente este último punto sobre el reordenamiento territorial, al lanzar el “Plan Nuestras Ciudades”, el cual está orientado a una mejora progresiva de la planificación urbana de nuestras ciudades. Resulta interesante, pero esta política pública puede tener de lejos mayor impacto que el aumento del FONCOMUN en 3,000 millones de soles, que anunciará Keiko.

Y eso, ¿Por qué?; pues muy sencillo, una planificación urbana adecuada va de la mano con catastrar la localidad. Pocos alcaldes entienden la importancia de un catastro porque muchas veces llegan al cargo sin mayor experiencia municipal, pero aquellos que conocemos un poco sobre esta materia sabemos que una localidad catastrada puede tener una mejor determinación de los tributos municipales al identificarse las unidades inmobiliarias allí existentes, y además, permitiendo una posterior fiscalización respecto a la construcción de nuevos inmuebles o la mejora de los ya existentes, generándose así un incremento sustancial de sus recursos localmente recaudados sin tener que recurrir a una ayuda directa del Gobierno Nacional, pregunto, ¿Acaso esto no conlleva a consolidar un auténtico proceso de descentralización a la larga?

En fin, retomando nuestro tema, consideró que explicar cosas como estas de manera que lo entiendan sectores como el C, D y E de nuestro electorado fue algo que quedo en el tintero para PPK el pasado domingo. Como todos sabemos, que él es un técnico brillante, pero con un serio problema de comunicación política a veces sobre todo cuando se trata de informar a la población sobre temas como el antes mencionado, que son importantes y que sin duda pueden resaltar esa ventaja comparativa que él, como tecnócrata experimentado, tiene sobre su contendora.

Ni PPK ni Keiko son lo que Antonio Gramsci calificó como intelectuales orgánicos, es decir políticos con esa facilidad de aterrizar un tema doctrinario o programático al común entender de cualquier ciudadano y enganchar con este con un mensaje bien trasmitido. Tampoco queda la menor duda, que ninguno de los dos candidatos pueden ser considerados polemistas.

No obstante, Keiko midió bien las ventajas comparativas de PPK, las supo superar jugando a un David versus Goliat con habilidad, golpeando, a mi gusto, bastante más de la cuenta, pero a su vez logrando arrinconar a su contendor en más de una ocasión, sorteando con habilidad el tema Ramírez y sobretodo marcando la agenda del debate al introducir un punto como seguridad ciudadana que se iba a tratarse el próximo domingo 29 de mayo, en una semana como la pasada tan marcada por la violencia delincuencial; o cuando le recordaba que el debate era con ella y no con su padre el ex presidente Alberto Fujimori; o cuando le recordó el apoyo que públicamente dio a su candidatura el 2011, etc.

Golpe de timón o crónica de una muerte anunciada, la decisión está en PPK y su equipo de asesores. En lo particular, lo que yo haría es dejar de atacar a Keiko por su ADN, es decir, por lo que hizo su padre. La atacaría por sus actos propios como congresista en su momento o por su rol como lidereza de un partido. La atacaría sólo si resulta pertinente porque me centraría en trasmitir propuestas entendibles para toda la población, especialmente para los sectores D y E, que claramente no están conmigo. Quedan dos semanas, nada está dicho con lo volátil de la preferencia del elector peruano y ese mar de indecisos que no se sienten representados por ni por PPK ni por Keiko. Cada uno es autor de su destino, así que veremos cómo PPK condiciona el suyo.

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