Guerra diplomática del Perú contra Maduro, por Federico Prieto

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Si las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos no pueden con Nicolás Maduro, la VIII Cumbre de las Américas en Lima, que se realizará el 13 y 14 de abril próximos, deberá demostrar mayor eficacia. Si bien los diplomáticos americanos han propuesto tres temas: gobernabilidad democrática y corrupción; corrupción y desarrollo sostenible; y aspectos de cooperación, institucionalidad internacional y alianzas público privadas; en realidad la materia política que tienen los jefes de estado en la cabeza es la manera de sacar a Nicolás Maduro de Venezuela, que se convoquen verdaderas elecciones democráticas y que termine la tragedia de los 31  millones y medio de habitantes casi lo mismo que el Perú que tenemos 32 millones aproximadamente. Supongo que a eso se refiere la primera parte del primer punto: gobernabilidad democrática.

La política de Torre Tagle ha sido clara en contra de la dictadura y nuestro país ha recibido a unos cien mil venezolanos, dándoles algunas facilidades, no muchos por cierto. Sin embargo, eso no es suficiente. En Colombia la invasión venezolana supera la capacidad de acogida de esa nación. Y los demás países, como Chile, Ecuador y Brasil están también recibiendo emigrantes de Venezuela. Si bien las migraciones son el signo inequívoco del siglo XXI es inaceptable que vayamos por el equivocado camino del Cercano y Medio Oriente. Nuestra vocación democrática debe llevarnos a una solución política y efectiva del caso Maduro.

Nicolás Maduro, como Evo Morales, y otros gobernantes sudamericanos han caído en el mesianismo político que tiene como nota principal que provoca la oposición de todos los partidos políticos, porque la democracia pasa por el prerrequisito de la alternancia en el poder, y no por la perpetuación del poder hasta la muerte. Ese fue el error de Alberto Fujimori y por eso lo odian tantos políticos. Chávez murió pero Maduro sigue en el cargo.

Para la VIII Cumbre de las Américas,  el presidente Pedro Pablo Kuczynski y nuestra ministra de Relaciones Exteriores Cayetana Aljovín Gazzani deben haber preparado, supongo,  una estrategia puntual que tenga algún resultado, parcial o total, frente al caso de Maduro, más allá del documento formal sobre los temas de agenda que, en realidad, poca originalidad tienen y poca eficacia prometen. De lo contrario, la reunión cumbre no tendrá un lugar válido en la historia panamericana. Será una más. No dejemos pasar una oportunidad como ésta, tanto más cuanto que el presidente  Kuczynski tuvo una marcada posición de defensa democrática en Venezuela desde el comienzo de su gestión gubernativa, que no en vano se realizará en Lima.

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