Hablemos de cómplices, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Cuando el ambiente político está agitado por la crisis, es común que muchos ex (y futuros) aspirantes  al sillón de Pizarro se sientan obligados a manifestarse al respecto de alguna u otra manera. Ante esa situación, estos figurantes de la política tienen que decidirse entre la tentadora opción de un discurso grandilocuente y demagógico, con el que buscarán colocarse en una ventaja moral sobre los protagonistas de la controversia de turno, o un discurso escueto y sencillo. El candidato de Acción Popular, Alfredo Barnechea, decidió inclinarse por la primera opción.

Y es que en un video que difundió en sus redes sociales en el marco de la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski a la presidencia, resaltó una frase que, aunque dura e impactante, parecería no haber sido pensada con mucho detenimiento antes de ser pronunciada. Barnechea se refirió a Julio Guzmán y a Verónika Mendoza acusándolos de ser “cómplices de un régimen corrupto”. Esto a propósito del endose que hicieron ambos candidatos a Kuczynski en el 2016 cuando este se enfrentaba a Keiko Fujimori en el balotaje. En ese mismo contexto, el accionpopulista aprovechó para ufanarse de, justamente, no haberle otorgado su apoyo al expresidente.

Sin embargo, resulta un poco ligero el postulado que sugiere que el solo apoyo electoral deviene en la complicidad de una persona con lo hecho, una vez en el gobierno, por el individuo al que apoyó. Amenos que uno haya tenido el don de la clarividencia en el 2016, difícilmente podría haber conocido todo lo que, hoy por hoy, terminó por sepultar a PPK.

Al mismo tiempo, de ser las cosas como las plantea Alfredo Barnechea, la cualidad de cómplice no solo recaería en Guzmán y Mendoza, sino en todos aquellos que votaron por Pedro Pablo Kuczynksi en el 2016, en otras palabras el 50.12% de los electores peruanos ¿Fueron cómplices de un régimen corrupto todos los que prefirieron a Kuczynski sobre Keiko Fujimori?

En esa línea, la imputación hecha por Alfredo Barnechea embarra a aún más peruanos si se toma en cuenta la larga lista de presidentes, elegidos democráticamente, que hoy están relacionados con actos de corrupción. Todos los que apoyaron a Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y a Ollanta Humala deberían, entonces, avergonzarse por todo lo sucedido durante los regímenes de sus candidatos.

Pero la frase, ciertamente, se hace más osada cuando se toma en cuenta de quién viene. Alfredo Barnechea debutó como diputado por el Apra en 1985, el mismo año en el que Alan García fue elegido como presidente. Si bien el excandidato de Acción Popular renunció en 1988, no puede “escamotear su responsabilidad” por haber apoyado al aprismo en esa época y, así, no puede renegar de las complicidad que, según su lógica, tendría con todo lo sucedido en el primer gobierno de García. Y eso es decir mucho…

Resulta irónico que el señor Barnechea, que busca posicionarse como un sensato y cauteloso intelectual, se apresuré lanzando frases que no solo no lo benefician a él, sino que lo enfrentan a los millones de peruanos que alguna vez se han arrepentido de su voto. Si a esto se le suma el insólito pedido de adelanto de elecciones –situación que no está contemplada por nuestra constitución y que derrotaría el propósito de la institución de la vicepresidencia– todo parece indicar que el accionpopulista se está dejando ganar por las ansias de poder y figuración.

Le aconsejamos que se relaje.

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