Hacia el bicentenario…¡Educación, educación, educación!, por Luis Felipe Delgado-Aparicio

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Los científicos viajamos por el mundo anunciando descubrimientos, una nueva tecnología o la aplicación de un método innovador creador de oportunidades y empleo. Comunicamos resultados basados en hechos factuales, sometiéndonos sin temor, a un examen riguroso por colegas internacionales que, en ocasiones, se comportan como inquisidores de la verdad absoluta. El trabajo científico requiere por ende, de un permanente escrutinio de la realidad, una realidad innovadora que tiene un “ADN” elemental llamado ¡EDUCACION!

La sana obsesión con la educación ha empezado a transformar varios países. Un ejemplo entre nosotros es México. A sabiendas de un resultado negativo en el informe PISA y en contra de un sindicato de 1.5 millones de “profesores”, exige la prueba como herramienta de diagnostico para mantener un diálogo informado. Una consecuencia positiva de este dialogo es haber logrado que la UNAM, la universidad más grande de Latinoamérica, tenga hoy un crecimiento sostenido en estudiantes de matemáticas, física, química, biología e ingeniería; estas son, sin lugar a dudas, profesiones modernas que soportan la carga de economías del conocimiento basadas en tecnología, innovación y valor agregado. Colombia, otro buen ejemplo en la región, tardó en modernizar su educación y apuesta en innovación científica y tecnológica, pero dio pasos agigantados en la década pasada teniendo una sólida ministra de educación por ocho años. En el Perú, en cambio, ya hemos tenido tres ministros de educación sólo en el comienzo este turbulento quinquenio. ¡Y lo mas probable es que lleguemos a un total de cinco antes del 2021!

La revolución en la educación Finlandesa comenzó varias décadas atrás; hoy en día sus maestros son tan bien pagados como los ingenieros, y sus plazas sólo pueden ser cubiertas por el mejor 10% de los estudiantes universitarios, y además, con un magister bajo el brazo. El modelo educativo moderno implementado en Singapur catapultó un país con escasísimos recursos naturales a convertirse en uno de primer mundo y con un ingreso per-cápita de los top-10. En 1999 llevaron su sana obsesión con la educación al extremo de cambiar el reverso de los billetes de mayor circulación con un mensaje “divino”: la imagen de tres escuelas, varios niños sentados durante clase, un maestro y la palabra “EDUCATION” escrita en el. Hoy en día, cientos de millones de niños asiáticos estudian entre 12 y 14 horas diarias y por casi 200 días al año. ¡Mientras tanto en nuestra patria nos damos el lujo de perder casi un tercio del año escolar y ya se oyen llamados para la huelga general del 2018!

¡El problema de la desigualdad en el Perú es un problema de educación! En este contexto “Zavalita” (Mario Vargas Llosa, Conversación en la Catedral, 1969) podría hacerse una pregunta aún mas relevante que la original: ¿hasta cuándo seguirá “jodido” nuestro Perú? Y la respuesta es simple: hasta que la educación no sea declarada la columna vertebral de una moderna y agresiva propuesta NACIONAL que sea inmune a inestabilidades políticas. Necesitamos entonces un sistema educativo moderno, con un crecimiento exponencial real, donde se priorice la capacitación y calidad de sus maestros, sean mejorados sus sueldos, se exijan evaluaciones externas que fomenten la competitividad, se minimice la entropía y la complacencia, y se de paso a la formación de un esqueleto que sostenga y guíe nuestro desarrollo en los próximos 30-40 años.

 

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