¿Hacia fin de ciclos?

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Cuentan quienes viajan a Cuba, no a hoteles cinco estrellas, sino conversando con la gente, que la situación es muy deprimente. Sólo un detalle: la incomunicación. No hay internet más que en los hoteles cinco estrellas y en la ciudad, algunas personas que lo han conseguido. El diario Gramma –del Partido- se publica con cuatro páginas, media de ellas dedicada al extranjero. Es decir: buena parte de la población está desconectada.

Cuentan quienes salen de Venezuela –y no son pocos- que la situación es muy deprimente. Sólo un detalle: no hay pañales para bebes; colas para todo; faltan medicamentos. La seguridad no existe: cualquiera puede ser secuestrado. Y será peor: Maduro no ha tenido ningún éxito en su gira mundial y en su discurso ya ha anunciado que incluso subirá la gasolina. Altamente subvencionada hoy. Todo esto en uno de los grandes productores mundiales de petróleo.

Ante esta situación, se escucha y se lee con cierta frecuencia que esos regímenes caerán (más bien pronto, añaden algunos), como cayó el Muro de Berlín. Un buen día se desplomó todo aquel mundo de mentira, corrupción, hipocresía, desprecio del ser humano.

Pero: ¿se repetirá? Han pasado más de 25 años y conviene recordar las causas de aquel desplome.

En primer lugar, ese mundo vivía porque –cada vez que había movimientos de libertad: en Berlín en Budapest, en Praga- salían el ejército soviético a las calles de sus “queridos aliados” y sus carros de combate se ocupaban se restablecer el (des)orden. Ahora –es decir, en 1989- Gorbachov hizo saber a sus aliados que los carros de combate ya no iban a salir a la calle. ¿Amor repentino a la libertad? No, sencillamente no había dinero. La loca idea del presidente de Estados Unidos Ronald Reagan de crear un “escudo anti-misiles” había descabalgado la industria armamentística soviética: si querían seguir teniendo un  poder disuasorio tenían que reorganizar toda su producción. Y esto costaba muchos millones.

Por eso también Gorbachov advirtió que tenía que pedir aun más sacrificios económicos a la población. Recordó en ese momento la vieja receta de los zares: a menos dinero, más libertad (un poquito más de libertad): “glasnost” y “perestroika” eran los elementos de esa fórmula. Pero calculó mal: en el país había ya una disidencia tan fuerte que la libertad calculada se le fue de las manos. Y el país exigió un cambio.

Fue lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de ello y ponerse al frente de ese cambio. Y advirtió a sus colegas en otros países comunistas: “A quien llega tarde, le castiga la Historia”. Así se lo dijo expresamente al viejo “dinosaurio” Erich Honecker, en la República Democrática Alemana.

Además, un Papa polaco. Que viaja a Polonia y que habla de libertad. Además, las protestas ciudadanas, sobre todo en Berlín Oriental, se desarrollan ante los ojos de media humanidad, retransmitidas en directo por las televisiones. Tiennamen ya no es posible: un baño de sangre en directo no lo soporta nadie. Además, la población va escapando: en el verano de 1989, 3000.000 personas abandonan la República Democrática Alemana hacia la Alemania libre, vía Hungría, a donde –en teoría- han ido de vacaciones. Además, se resquebraja el bloque, porque los húngaros deciden no devolver a los alemanes a su país, sino dejarlos pasar.

Además, y sobre todo, se moviliza la sociedad civil. En Praga, los intelectuales, los artistas, los estudiantes, acompañados de muchos otros, lo habían intentado ya en 1968 (“Primavera de Praga”) y la inquietud se mantenía. Ahora, en Polonia el sindicato “Solidaridad”, capitaneado por una personalidad carismática como es Lech Walesa, desafía al régimen. Y en la Alemania comunista, los lunes, todos los lunes, se reúnen miles en una protesta silenciosa.

Ha sido la población la que ha aprovechado ese momento histórico.

¿Existe en Cuba, existe en Venezuela esa sociedad civil? Quienes viajan a Cuba dicen que los mayores están resignados, los jóvenes, desesperados. Quienes salen de Venezuela dicen que se están yendo los que son como ellos: exactamente la gente que se tendría que quedar para cambiar la situación. Caerán esos regímenes, sí. Pero quizá no sea como el Muro de Berlín.


Postdata 1: La frase: han pillado a la Ministra de la Mujer. Resulta que no pagó a su ex empleada del hogar lo que le correspondía por vacaciones truncas y compensación por tiempo de servicios. Tampoco la inscribió en el seguro social. Y en lugar de dimitir (que es lo que haría cualquier político serio) sale con explicaciones del tipo: “Nunca he pretendido actuar de mala fe, pero, evidentemente, he cometido un error”. Y al mismo tiempo ha declarado que tiene “el espíritu y la conciencia tranquila”. En fin: que si no dimitió por aquello debería dimitir por una explicación así.

Postdata 2: La semana: mueren dos policías (24 y 19 años) en las protestas de comuneros en Puno. En  el Callao, sicarios asesinan a un hombre que caminaba por la calle (domingo). En Trujillo, sicarios asesinan a un hombre que viajaba en un taxi (jueves). Dicen que son ajustes de cuentas. Es decir: asesinatos ordenados por quienes se arrogan ser señores de la vida y de la muerte. Seguro que hubo más. Por favor, cinco minutos de silencio.