Homilía completa del cardenal Cipriani en Misa y Te Deum

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El arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, encabezó hoy la celebración de la Misa y Té Deum en la Catedral de Lima a donde asistió el presidente de la República, Ollanta Humala, la primera dama y el gabinete en Pleno.

Durante su homilía, el arzobispo de Lima pidió prudencia a los medios durante próxima campaña electoral, y sobre todo, recalcó nuestro trabajo como peruanos para identificarnos más con nuestro país.

Cipriani inició la misa con las siguientes palabras:

“Quienes vivimos en el Perú tenemos una deuda muy grande con dios, por todo lo que nos ha concedido por esta hermosa realidad que es nuestra patria. Los pueblos suelen volver la mirada a los acontecimientos significativos y fundantes de su historia para comprender su identidad. Nosotros somos herederos de la grandeza cultural del imperio incaico y de una civilización que hundía sus raíces de lo que fuera la Europa cristiana, principalmente de España.

 El mestizaje define cabalmente nuestra identidad en el encuentro de las dos realidades culturales, cada una de ellas expresión de una pluralidad de ricas expresiones. El encuentro de la fe, con estas etnias originarias, a nacido la rica cultura cristiana. En este continente que se expresa en el arte,  la música, la literatura y sobre todo en las tradiciones religiosas y  en las idiosincrasias de sus gentes. Unidos todos por una misma historia y en un mismo credo y formando una gran sinfonía en la diversidad de culturas y de lenguas.

(…) Entendemos en profundidad lo que se ha llamado “la peruanidad”: la esencia de ser peruanos. Que es mucho más grande que la suma de ideología o de situaciones coyunturales. El patriotismo, que se alimenta de ser peruanos, es una síntesis no concluida. Un patriotismo militante que desde nuestra propia realidad, convive fraternalmente con aquellas otras naciones que respetan la libertad de sus pueblos, y saben reconocer en el ejercicio de la democracia, nuestra realidad americana, “La patria grande”: por su origen, por su cultura y por su fe cristiana.

El destino del Perú, es continuar realizando esa síntesis, buscando tercamente el bien común dentro de un estado de derecho, al interior de nuestro país y en las relaciones con nuestros hermanos del continente.

Por eso, en un día como hoy, vemos ese sentido primaveral de nuestra historia. Esa gran fuerza que aglutina la peruanidad y que tantas veces la encontramos en nuestro pueblo. Basta pasear la geografía, es presencia de esos valores espirituales.

En efecto ha sido así, hombres como Honorio delgado, que desarrollo una concepción cristiana de la salud física y mental, que fue reconocida por el hombre entero,  como el ilustre jurista. El doctor domingo García Rada, que escribió esas palabras tan alentadoras: “Debemos tener esperanza en el Perú y en los peruanos”. Así también Héroes, que con la entrega de sus vidas plasmaron esa esperanza en el servicio heroico a la patria, el gran almirante Grau, el Coronel Francisco Bolognesi, el teniente José Abelardo Quiñones, todos ellos y muchos más compatriotas han contribuido a configurarlo mejor de la Peruanidad. De ahí la frase universalmente conocida: “Vale un Perú”.

(…)Por ello con todo respeto y, también, con toda la verdad, cómo no llamar la atención en la trascendencia de la moral cristiana la honradez, la veracidad, la justicia, la dignidad de toda vida humana del respeto a la honra. Cómo no darnos cuenta que estos valores iluminan a nuestro pueblo. En especial la protección y promoción de la familia, saludo aquí la presencia del señor presidente, señora primera dama, da gusto que nuestro país tiene un respeto a esa célula fundamental para el desarrollo, para la inclusión, para todo proyecto social, la inmensa mayoría de la población es lo que más valora: La familia. Por eso todo lo que fortalezca la familia tiene la aprobación del pueblo, y todo lo que dañe a la familia tiene la desaprobación del pueblo. No aceptemos el neocolonialismo promovido por algunas instituciones y organismos de países, poderosos materialmente hablando, pero espiritualmente enfermos.

Luego, añadió:

Es difícil corregir este estado, y es una responsabilidad de todos. El alma de nuestra patria nos reclama a todos una mayor responsabilidad para recuperar los valores que hicieron grande nuestra historia. No vivamos de nostalgia y sueños inútiles. Nuestra iglesia goza, no obstante, de las debilidades y miserias humanas de una confianza y credibilidad, tal vez por aquellas palabras de Benedicto XIV que afirmaba que “la iglesia es morada de pueblos hermanos y casa de los pobres.”

Amados hermanos, el gran misterio de nuestra salvación está en cristo, es decir, nuestra vida como miembros de cristo, parte del cuerpo de cristo que es la iglesia. No podemos adulterarla ni reducirla, debemos anunciar en toda su profundidad e integridad, su doctrina. Y muchas veces, son precisamente los pobres, la gente sedecilla, quien mejor lo puede acoger aún sin comprenderlo. Los pobres, no la ideología de los pobres.

Finalmente, permítanme entrar con mucha delicadeza en este tema. En los próximos meses entraremos en un periodo electoral que exige un suplemento de respeto en todos los peruanos. De manera especial, en quienes de alguna manera somos autoridad frente algún grupo humano, debemos hacer un compromiso con la honradez y transparencia del proceso en que se eligieran a nuestros gobernantes. Una llama muy especial de prudencia a los medio de comunicación, se hace imprescindible para ayudar  y orientar a nuestros compatriotas. La lícita variedad de opciones no significa, ni otorga derechos, para descalificar insultar y dañar la honra de las personas en campañas destructivas que quienes no piensan como uno.

El cardenal Juan Luis Cipriana concluyó su mensaje diciendo:

Vuelva el Perú, a ocupar el lugar de historia que tuvo en Sudamérica. Está en camino, está en nuestras manos. Es un deber no faltar a esta hora, en la que la historia nos pone a pocos años de celebrar el bicentenario de nuestra independencia.

Queridos hermanos, que resuene en nuestros corazones el latir del reconocimiento que la historia nos reserva. Esa expresión, “vale un Perú”, que resuene en el corazón y que el señor de los milagros y su madre bendita nos bendiga. Y a todos les deseo unas muy felices Fiestas Patrias.


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