Humala y la tentación del regreso, por Alejandro Cavero

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Se terminó la era Ollanta Humala. Sin pena ni gloria, entregó la banda presidencial al edecán y se fue en su auto a su casa. Probablemente haya pasado todo el fin de semana echado en pijama descansando luego de los 5 años de madrugadas o de sufrir la presión de la presidencia. Dentro de poco, no tengan duda, lo veremos haciendo las compras de la casa con su carrito de Wong. Y es que, la vida para Ollanta Humala después de Palacio ya no será la misma.

Uno de los aspectos más difíciles de dejar un cargo tan importante como el de ser presidente de un país, es que luego a uno le cuesta estar desempleado. Ya no tendrá la misma cantidad de aduladores, de privilegios, de reuniones y de influencia, probablemente, nunca más en su existencia.

Esta circunstancia ha llevado a muchos ex presidentes a buscar a toda costa regresar a este tipo de vida. Bajo el lema “todo tiempo pasado fue mejor”, los ex presidentes peruanos parecen estar condenados a querer regresar a la Casa de Pizarro. Lo hizo José Pardo, Leguía, Manuel Prado, Belaunde, García, y lo quiso hacer Toledo, Odria y Paniagua, aunque estos tres últimos con menos éxito. El factor común es que todos quieren volver.

En países más modernos como Estados Unidos, por ejemplo, no se ve la figura de un ex presidente buscando tentar nuevamente la Casa Blanca. Una vez que se abandona la Oficina oval se tiene claro que la vida nunca más será como antes.  Esto, por una parte, fortalece la figura presidencial y les da a aquellos que han ocupado tan alta investidura un aura de respetabilidad y de “viejos sabios” que se encuentra en algunas circunstancias políticas muy bien estimada. En otros casos, el hecho de volver al llano de las lides políticas puede terminar destruyendo la imagen de estadista, la reputación y el simbolismo majestuoso que una vez ostentó alguien que se ha ceñido la banda presidencial.

Esto último es lo que le ocurrió a los ex presidentes Alejandro Toledo y Alan García. El primero convertido en el payaso de cuanto cocktail asiste, con una fina reputación de borrachín y mitómano. El otro, con la imagen de un político que luego de ser dos veces presidente se ha ganado el rechazo del pueblo y un vergonzoso 6% en la última elección nacional a la que postuló.

¿Ese es el destino al que quiere aspirar el ex presidente Ollanta Humala? Según una encuesta de Ipsos publicada hoy en El Comercio, el 77% de peruanos quiere que Humala se retire de la política. ¿Enserio cree el ex presidente que puede “reconstruir” las bases nacionalistas y volver a ganar la presidencia? Es verdad que en el Perú cualquiera cosa puede ocurrir. Pero no tanto.

Lo que yo le recomendaría al señor Humala es, por otra parte, enfocarse antes que en reconstruir un partido para volver a una tarea titánica, peligrosa y sin muchas posibilidades de éxito, es empezar por gestar la construcción de una imagen propia como ex mandatario. Enfocarse en lugar de volver a las batallas políticas, en proyectar una imagen de estadista, de conferencista, de persona que supo, como de hecho lo demostró en reiteradas oportunidades, saber tomar decisiones de Estado dejando de lado intereses personales. Un presidente que supo poner al país sobre las presiones de su familia o incluso el hecho de tener un hermano encarcelado. Si hay algo rescatable, como dijo el ex congresista Abugattas, no solo es que “no la cagó”, sino que no la cagó porque supo qué papel era el que le tocaba en el momento histórico que condujo el país.

Si eso lo entendió Humala como presidente, debería entenderlo ahora también como ex presidente. Debería continuar esa imagen de hombre de Estado, desistir de regresar a la política y dedicarse, como no ha hecho ningún otro ex presidente, en construir verdaderamente la imagen, no de un político desempleado más, sino la de un ex gobernante al que todos, por lo menos si no lo quieren de vuelta en el ruedo, lo respeten.

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