Iglesia, papa y corrupción, por Eduardo Herrera

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Ninguna institución está libre de corrupción, porque ninguna persona está libre de cometer un acto de corrupción. La reciente visita del Papa no ha estado exenta del asunto de moda en Perú y en Latinoamérica. Con algunos bemoles, la posición del Papa al respecto, me deja algunos mensajes muy potentes entorno a este tema que me gustaría compartir e interpretar.

Lo primero es que él tiene un concepto trasversal de corrupción no solamente circunscrita al acto de soborno. La corrupción abarca muchas cosas como la explotación sexual, según el papa. Podría entonces apreciarse que, para los católicos, se asemeja mucho al concepto de pecado pues determina un alejamiento de normas (no necesariamente escritas y/o legales) que rigen la conducta de una persona.

Otro aspecto, mucho más mundano, es aquel que señaló Francisco I cuando preciso que lo del escándalo Odebrecht es “solo una anécdota”. Y claro, no le falta razón. En la historia, en el futuro, se materializarán millones de casos Odebrecht, la diferencia es que este tuvo cobertura mediática porque se descubrió; ¿cuántos otros están aconteciendo en este momento? La corrupción no acabará nunca, el reto está en nuestra terca insistencia, utópica, por luchar para acabar con ella. Mientras tanto tendremos que vivir con disminuirla todo lo más que se pueda.

En este extremo, hay un punto que no puede escapar de cualquier análisis objetivo, ¿y qué pasa con los casos de corrupción en la misma Iglesia Católica? Sobre esto he leído, con paciencia bíblica, las desaforadas críticas, desde aquella que reclama al Papa no haberse pronunciado por el indulto como aquella, algo más virulenta, que le reclama por encubrimiento por los escándalos sexuales y lo confina -haciéndole responsable- al mismísimo infierno. A ver, a ver, calma…sin ser yo religioso (y más bien -me declaro- espiritual) debo de señalar, sin ningun apasionamiento, que, en mi visión, la posición del Papa podría equipararse a la del Presidente de una gran trasnacional que, en este caso, tiene presencia y sucursales en todo el mundo. Me pregunto entonces ¿puede y debe de hablar por ello de todos los asuntos del mundo? Y concretamente en cuanto escándalos se refiere ¿debe de ser responsable por todos los delitos o malos comportamientos de sus “colaboradores”? El reclamo central que debe de formularse, en general, a toda cabeza de corporación es si está tomando acciones reales, rápidas y eficaces para ello. A mí me parece que, incluso desde su antecesor, se están ejecutando esfuerzos para ello.

Seguramente esto no dejará satisfecho a todo el respetable. Nunca se podrá estar bien con Dios y con el diablo. Siempre hay de aquellos que quieren sangre y muerte como argumento de Justicia. Por eso me apego al paraje bíblico, propio para la ocasión, y digo: quien está libre de pecado que tire la primera…piedra.

 

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