Impresiones

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En Portugal están muy impresionados porque el “niño bonito” del socialismo portugués, el antiguo Presidente de Gobierno José Sócrates, ha acabado en la cárcel. Era el amigo de Zapatero, el único con el que podía hablar, porque Sócrates sabe español… y Zapatero también. Pues se descubrió que, junto con un importantísimo empresario, había montado toda una trama para apartar dinero. Ya una semana antes había dimitido un ministro portugués por estar supuestamente implicado en un asunto de corrupción. Parece que en el mapa de la corrupción no se salva casi ningún país.

En Bruselas están impresionados porque tienen un jovencísimo Presidente de Gobierno: 38 años ha cumplido Charles Michel, hijo de quien fuera Comisario europeo de Desarrollo (sucede con cierta frecuencia en Bélgica esto de que los hijos de políticos conocidos acaben siendo políticos conocidos). Ha sido fruto de una carambola con un elemento interesante. En realidad, en las difíciles negociaciones que siguen a toda elección en Bélgica (ya se sabe, flamencos y valones, demócratas cristianos y socialistas y liberales, y siempre multiplicados por su flamenqueidad o valonidad), el puesto era para un candidato de la democracia cristiana, el actual Presidente de la Comunidad Flamenca. Pero he aquí que los flamencos se descuelgan diciendo que, en el reparto de cargos, optan por el puesto que a Bélgica le corresponde proponer para la Comisión Europea. Nominan a una conocida parlamentaria y ella se hace cargo de los asuntos sociales en Europa, cartera no de las más importantes (las competencias europeas en temas sociales no son muy amplias), pero de gran impacto. Y de rebote, la jefatura del gobierno belga recae en un liberal. Lo que no sucedía desde hace muchos años.

En Francia están impresionados porque parece que vuelve el pequeño Nicolas. En efecto, ya se está postulando para volver a ser el jefe de su partido, la UMP, y de allí…. ¡a la carrera por la Presidencia! Dice Sarkozy que lo hace por amor a la patria (“patrie”, por supuesto), viendo la situación desastrosa en que se encuentra bajo ese Presidente Hollande, del que -esto no lo dice Sarkozy, pero es así- lo más comentado son las fotografías con su actual amante (abandonadas ya dos mujeres) dentro del Eliseo, fotos que, por cierto, tienen que proceder de algún miembro de la seguridad (¿?) del Presidente. Los comentaristas, menos benévolos, intuyen que con eso Sarkozy quiere escapar al juicio que se avecina: la inmunidad presidencial le salvaría. Por cierto: algunos de sus antecesores tuvieron que pasar por ello. A Chirac le salvó su demencia senil, Mitterrand murió y a Giscard -eran otros tiempos, de menor sensibilidad en estos temas- se le perdonaron los regalos que recibió por parte del Emperador de la República Centroafricana, uno de los peores sátrapas del último tercio del siglo pasado.

En Europa están impresionados -y un poco hartos- de las bravatas de David Cameron amenazando una y otra vez con irse de la Unión Europea si no hacen lo que él quiere. Ahora va de limitar la migración dentro de la Unión. Está preocupado por tanta gente de otros países comunitarios que llegan al Reino Unido (aunque tampoco parece que sea para tanto, porque solo un 3% de los habitantes proceden de otros estados miembros, mucho menos que en otros lugares). Quiere que, a quienes lleven cuatro meses buscando trabajo sin éxito, se les pueda expulsar del país. Y para conseguirlo, está dispuesto a llegar hasta donde sea (tradúzcase: a irse de la Unión). El tema es bien sencillo: el partido euroescéptico y nacionalista está creciendo en perspectiva de voto, y Cameron ha decidido apropiarse de algunos de sus temas y convencer así a algunos de los votantes. Le puede salir mal la jugada, claro, y acabar fomentando el voto para los extremistas. La Comisión Europea, por boca de su nuevo Presidente, el luxemburgués Jean Claude Juncker, ha optado por un perfil bajo: libre circulación sí, abusos no, con lo que una legislación como la inglesa quedaría justificada. Y también la que, a la chita callando, están preparando los alemanes de Merkel: muy parecida a la inglesa, con limitación en el tiempo de búsqueda de trabajo y acceso no inmediato sino retrasado a las prestaciones sociales. Pero los alemanes lo hacen calladitos y sin llamar la atención.

En España están impresionados porque Isabel Pantoja ha ido a la cárcel. Todo un mito nacional, entre rejas – donde ya ha prometido a las otras reclusas formar un coro para cantar en Navidad. Y gentes que tienen que ver con las investigaciones de blanqueo de dinero y corrupción comentan en voz baja que su fama le ha hecho, esta vez, un mal servicio. El juez le impuso una pena de dos años y un día, con la que es imposible eludir la cárcel. En otros casos, a empresarios corruptos las penas impuestas se quedaban un poquito por debajo y podían ser sustituidas por una multa importante. Como hay muchos jueces juzgando de la misma materia (porque hay ciertamente mucha materia), el criterio de cada juez puede pesar mucho a la hora de estos matices. Desde luego, como piensen que tu caso tiene un valor ejemplarizante, nada te librará de la prisión.

Y desde luego, todos deberíamos estar muy impresionados porque en las negociaciones con Irán en torno a la energía nuclear al menos se ha sacado una prórroga de seis meses para seguir negociando. Estaríamos, desde luego, más impresionados si se hubiera llegado a un acuerdo, pero el que los “halcones” de ambos lados (la parte dura del régimen iraní y los republicanos más contumaces en Estados Unidos) no se hayan salido con la suya, también es un poco impresionante. Ahora hay seis meses más para llegar a un acuerdo. En Teherán se cuenta con que se conseguirá y, con eso, se aflojarán las restricciones en la relación comercial con Irán; así, la Bolsa de Teherán ya ha iniciado una campaña para atraer a empresas extranjeras.

En fin, amigo lector, la conclusión es bien simple: si eres fácilmente impresionable, no leas estas semanas la prensa: te impresionará.