Informalidad S.A., por Alfredo Fernández

1.145

Hace ya varias semanas que los peruanos estamos confinados en nuestros hogares en aras de evitar la propagación del COVID-19, mediante una cuarentena y un estado de emergencia que mucho no difieren de un arresto domiciliario. La gran mayoría de los negocios han cerrado, algunos de manera temporal y otros de forma definitiva, por las medidas dictadas por el gobierno. La gran mayoría de rubros han estado inhibidos de operar durante dos largos meses, durante los cuales no han recibido ingresos y se han visto forzados a seguir pagando planillas, dejándolos en una muy precaria posición económica, coqueteando con la quiebra.

Hace contados días, el ejecutivo ha comenzado a dar luz verde a ciertos establecimientos para que operen, eso sí, acompañados de una serie de rigurosos estándares de sanidad que evitaran el contagio del coronavirus. El problema es que estos altísimos estándares no solo evitan la propagación del COVID- 19, sino que, también imposibilitan fácticamente a muchos negocios a operar, ya que los costos de implementar dichos estándares son inmanejables para la gran mayoría de pequeños negocios, cuyas reservas económicas ya han sido depauperadas. Por poner un ejemplo, según los propios datos del MINCETUR, solo el 1% de los restaurantes de Lima podrá operar, condenando así al restante 99% a una quiebra inexorable.

La informalidad no solo afecta cosas que para muchos de nosotros puedan parecer ajenas o foráneas, como lo podrían ser la minería o la pesca. La informalidad es un fenómeno sistémico que aborda todos los rubros y niveles económicos de nuestro país.

La extrema rigidez impuesta por el gobierno a los establecimientos para poder operar ha abierto una puerta falsa por donde la informalidad puede infiltrase. Y no hablo solamente de ambulantes vendiendo en los mercado o calles de Lima ¿Cuántos entrepreneurs hemos visto en las redes sociales vendiendo sushi, postres, u otras comidas antes que el estado diese la luz verde? En el fondo, no hay mucha diferencia entre estos individuos, haciendo un by-pass olímpico a los protocolos del gobierno, y los que la venden de manera ambulante. Es más, algunos restaurantes conocidos de la capital han tenido la desfachatez de comenzar a operar bajo el inofensivo eufemismo de ‘Friends and Family’, que no es otra cosa que un mecanismo para operar en la clandestinidad, cobrando en efectivo y utilizando taxis como métodos de delivery.

Muchos intentos de hacer las cosas bien acaban teniendo justamente el efecto contrario. El proceso caro, tedioso y engorroso que necesitan seguir los restaurantes para operar actualmente, ha creado un vacío que esta siendo aprovechado por individuos inescrupulosos que muy probablemente no siguen ningún protocolo de sanidad. El perjuicio a la salud publica por la informalidad y los inalcanzables protocolos, acaba siendo mayor que si el gobierno permitiese operar a los negocios formales con regulaciones más laxas.

Otro ejemplo de este fenómeno es el aumento del sueldo mínimo en una endeble economía como la peruana. La gran mayoría de Micro y Pequeñas Empresas (MYPES) no pueden pagar los sueldos mínimos formales, por eso la informalidad laboral en el Perú es de cerca del 70%.

Sin embargo, de vez en cuando, nuestros políticos, en aras de intentar mejorar la calidad de vida de millones de peruanos, o motivados por el corrosivo afán de incrementar su popularidad, suben el sueldo mínimo. Lo que acaba teniendo el efecto inverso que el deseado, ya que muchas MYPES no van a poder cargar con esos costos, y van a remover a sus trabajadores de planilla y contratarlos por lo bajo, perpetuando así la informalidad en nuestro país.

Cuando las cosas son muy rígidas, se quiebran.

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.