Informalidad y ley, por Eduardo Herrera

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En un artículo recientemente publicado en El Comercio, Hernando De Soto celebraba que los más importantes candidatos a la presidencia de la República habían reparado en colocar a la informalidad como un tema central dentro de sus planteamientos. Y decía  De Soto que – en ese sentido – cualquier aspiración peruana a pertenecer al primer mundo se cifra en «ordenarnos bajo el imperio de la ley formal».

El asunto de fondo en cuanto a la informalidad no es solamente determinar, valgan las redundancias, qué es lo  puede ofrecer el sistema formal para atraer a los informales. Tampoco, mucho menos, centrarse en solamente castigar a los informales; pues eso equivale a querer que un hijo aprenda a punta de correazo limpio. No está mal castigar – prudentemente – a un hijo que se porta mal. Lo criticable es la cosificación y el exceso en castigo de modo tal que éste sea ciego.

Hablando de informalidad – creo yo – que no hay que perder de vista como, primer tarea, que existen dos sistemas. Un sistema informal en el que no se respeta la Ley; y, desde esa perspectiva, no se actúa en forma a la misma (por eso se habla de informalidad). Este sistema informal se desarrolla – en países como el nuestro – bajo una frase que podría decirse del modo siguiente : «sal si puedes». Del otro lado, tenemos  el sistema formal en donde, como es obvio, se cumple la Ley (y no hablo de normas legales).

La diferencia es la que refuerza la dualidad. Ambas partes tienen sus puntos de vista y, por ejemplo, para el informal no está mal actuar de la manera que lo hace. Las preguntas del millón, siempre llego a esto para dejar sentada la duda y en ello el mensaje de este escrito serían a modo de sugerencia las siguientes : ¿cuál crees de estos sistemas que es el impera en el Perú ?, ¿será que los llamados formales son también parte de esa informalidad que tanto critican?, ¿ qué lado de la moneda estamos viendo? y – finalmente ¿en cuál queremos vivir?