INFORME ESPECIAL: La Segunda Guerra Mundial y el Perú

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Hoy se conmemora el septuagésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el frente europeo, y con motivo de esta fecha, en la cual se consiguió la libertad de Europa del yugo Nazi, y con ello el mundo daba el paso hacia lo que en los siguientes 43 años se conocería como la guerra fría. Pero ese tema no es la motivación de este artículo, al igual que los detalles y causas de la misma, sobre los cuales se profundizará más adelante; sino en cómo esta conflagración –que acabó hace exactamente setenta años- repercutió en América del Sur, principalmente en el Perú.

El diario El Comercio de Lima relató cómo fue recibido por los vecinos limeños el fin de la guerra en el frente europeo –aquel 08 de mayo de 1945- de la siguiente manera:

“La noticia de la rendición de Alemania, al ser conocida por el público limeño, provocó gran alborozo colectivo, que se exteriorizó en forma muy expresiva. Al difundirse la grata nueva, no por esperada menos jubilosa, en todas partes se produjo un ambiente de intenso regocijo, cambiándose impresiones sobre el aplastante triunfo de las fuerzas aliadas y el aniquilamiento del nazismo. El gobierno ha decretado hoy martes y el jueves 10 como días feriados”.

La II Guerra Mundial en América del Sur comenzó desde el arranque de las hostilidades, cuando frente a las costas de Uruguay tuvo lugar la batalla del Río de la Plata; la cual tuvo lugar el 13 de diciembre de 1939, en donde barcos de la Marina Real Británica dieron batalla al acorazado de bolsillo alemán Graff Spee. Cabe mencionar que todos los países sudamericanos en un primer momento –al igual que el Perú- declararon su neutralidad.

Como se mencionó en el párrafo anterior, los países de Sudamérica se declararon neutrales ante el conflicto que se estaba viviendo, pero con el desarrollo de los acontecimientos hizo que esta neutralidad sea dejada de lado, y los países de Sudamérica, al igual que el Perú, tomaron partido por uno de los actores en guerra. El único país del contienen que participó de forma directa en la guerra del bando aliado, fue Brasil en 1943. Las tropas brasileras participaron en el teatro de operaciones italiano.

Entrando en materia. Qué escenario político se vivía en nuestro país en 1939. El general Óscar R. Benavides era el presidente en funciones, y digo en funciones, porque antes del inicio de la guerra, se habían celebrado elecciones presidenciales en las cuales había resultado electo Manuel Prado Ugarteche, vinculado a la agro exportación, banca, bienes raíces y seguros. Benavides había gobernado el país durante seis años (desde 1933), y durante su gobierno acercó –por afinidad ideológica- al Perú hacia Alemania, Italia y España. Evidencia de este acercamiento fue la misión alemana que llegó para el ejército. La misión italiana para la fuerza aérea. Y la misión de la guardia civil española para la policía. Ya con la llegada de Prado Ugarteche al poder, estos acercamientos se cortaron por completo.

El Perú tenía sus propias preocupaciones como para tener interés por un conflicto que estaba a miles de kilómetros de distancia. El 07 de julio de 1941, en horas de la madrugada. Tropas ecuatorianas atacaron por sorpresa las posiciones peruanas de Aguas Verdes, La Palma y Lechuga; este ataque era parte de la estrategia que tenía Quito para llevar el problema limítrofe existente en aquel entonces (heredado desde la emancipación de ambos países), a un problema de envergadura continental. El conflicto fue breve, duró unos meses, con un contundente triunfo militar para nuestro país. Como la atención se focalizaba en el conflicto mundial que se vivía, Estados Unidos no quería elementos distractores en América del Sur; por esa razón, junto a Brasil, Argentina y Chile, se convirtió en garante del Protocolo de Río de Janeiro suscrito en enero de 1942, convirtiéndose en uno de sus principales artífices.

Con el ataque a la base naval estadounidense de Pearl Harbor, el 07 de diciembre de 1941, la neutralidad de Sudamérica llegaba a su fin. Los países sudamericanos reunidos en Río de Janeiro del 15 al 28 de enero de 1942, acordaron romper todo vínculo con los países del Eje, apoyar la causa aliada y confiscar las propiedades de los ciudadanos de los países del Eje a fin de evitar la infiltración de espías, apoyo económico y material a la causa del Eje en Sudamérica, entre otras razones.

Nuestro país hasta enero de 1942 se mantuvo neutral ante la conflagración mundial, pero después de la Conferencia de Río de Janeiro se decidió romper relaciones bilaterales con Alemania, Italia, Japón y con la Francia de Vichi (solo se reconoció diplomáticamente al gobierno de la Francia Libre el cual era liderado por el general Charles de Gaulle desde Londres).

En el campo económico, el Perú se vio beneficiado porque los aliados aumentaron exponencialmente su consumo de materias primas como minerales (cobre), algodón, azúcar, guano, entre otros. Las arcas nacionales lograron estabilizarse, y con ello recuperar la economía nacional del crack de 1929 y de los gastos que significó para el erario nacional la guerra con Ecuador de 1941.

La diplomacia peruana también tuvo una cierta participación, aunque pequeña debido al peso internacional de nuestro país. Uno de los casos más destacados fue el del entonces ministro de la misión peruana en Tokio, Ricardo Rivera Schereiber, el cual le advirtió a sus pares estadounidenses del inminente ataque japonés a Pearl Harbor, de manos de una fuente altamente confiable; los diplomáticos norteamericanos no hicieron caso de este aviso. Esta historia es recogida por Juan del Campo Rodríguez en su libro Pearl Harbor, la historia secreta. La diplomacia peruana y la misión Rivera Schereiber en el Japón durante la II Guerra Mundial”.

Otra evidencia del compromiso peruano con la causa aliada, especialmente con los Estados Unidos, fue la facilidad de uso de una base naval en Talara, Piura para ser utilizada por la marina estadounidense para que esta pueda tener mayor presencia en el pacífico sur.

La vergüenza.-

El comportamiento que tuvo nuestro país en la II Guerra Mundial – a nivel ético- puede calificar como condenable, puesto que una consecución de hechos, así lo demuestran.

Tras la Conferencia de Río de Janeiro, celebrada en enero de 1942, nuestro país rompió relaciones con los países del Eje, una ola de xenofobia se iniciaba en nuestro país contra ciudadanos alemanes, italianos y japoneses, las cuales también incluyeron a sus descendientes, los cuales habían nacido en el Perú, por consiguiente, también se atentó contra ciudadanos peruanos. Dentro de las agresiones sufridas por estos colectivos estuvo la desprotección judicial y civil. Congelamiento de cuentas y embargo de bienes (un claro ejemplo de ello fue el Banco Italiano, que a consecuencia de estos actos, pasó a convertirse en el actual Banco de Crédito del Perú). Pero los que se llevaron la peor parte de esta vorágine de odio y violencia, fueron los ciudadanos japoneses como sus descendientes, ciudadanos peruanos que su único “crimen” fue el tener sangre japonesa.

Los ciudadanos peruanos y sus descendientes nacidos en nuestro país, los nikkeis, que sufrieron de las políticas de segregación más crueles e injustas contra un colectivo humano. El Perú, en cumplimiento de los acuerdos de la Conferencia de Río de Janeiro, y por exigencia de los Estados Unidos, inició una política de deportaciones de ciudadanos japoneses y peruanos-japoneses hacia campos de concentración en territorio estadounidense. Todos estos factores, aunados al racismo existente en la sociedad peruana en ese entonces contra los ciudadanos japoneses; hizo de la segregación, la desprotección judicial y policial y el impedimento de acceso a servicios elementales como la educación, se convirtieron en política de estado con una supuesta intensión de demostrarle a Estados Unidos que el Perú era un aliado leal.

La administración Prado, no solamente tuvo prácticas de discriminación sistemática con los ciudadanos japoneses y sus descendientes, sino también, con los centenares de refugiados judíos que huían de los horrores de la Alemania nazi, con medidas como la negación de visados, entre otras. En una entrevista concedida por el periodista Hugo Coya, en el marco de la presentación de su libro “Estación final”, mencionó que el marco de la sistemática negación de visados por parte del gobierno de Manuel Prado, su gobierno ordenó a las embajadas y consulados peruanos en Europa no otorgar visados a ninguna persona que profesase la religión judía o tuviese apariencia de ser judío. Pero el hecho que a mi criterio fue el más penoso que comentó Hugo Coya, es al referido con un grupo de niños comprendido entre los 4 a 10 años de edad en la Francia ocupada. Lo que aquí sucedió fue que la comunidad judía peruana le solicita al gobierno se les conceda visados humanitarios a estos niños, y que además ellos asumirían todos los costes del viaje. A pesar de esto, el gobierno peruano deniega los visados e inclusive llegó a poner como condición para la entrega de la documentación que los menores previamente se conviertan al catolicismo.

Otra consecuencia negativa de la II Guerra Mundial el Perú, fue la casi extinción de la quina; la cual está representada en nuestro escudo nacional como símbolo de nuestra riqueza vegetal. Durante el conflicto, se extrajo de forma indiscriminada la quina a fin de elaborar la vital quinina que en su momento fue un remedio clave para el combate del paludismo, enfermedad que afectaba a las tropas aliadas en el frente asiático. En la actualidad, se están haciendo denodados esfuerzos para salvar a la quina de la extinción que la viene amenazando.

Al igual que en los tiempos actuales, el Perú durante la II Guerra Mundial fue un actor menor en lo que ha decisiones de política internacional se refiere. Nuestra posición en el concierto internacional nos convirtió en solamente una pieza del ajedrez aliado en la región a solo tener un rol de proveedor de recursos naturales y logística. Solamente nos plegamos a la causa aliada a pie juntillas sin hacer una diferenciación clara entre ser un aliado de una de las partes en conflicto o solo acatar mandatos sin mirar las consecuencias.

Lo sucedido con japoneses –y sus descendientes-, así como el abandono de miles de judíos a su suerte en la Europa ocupada, evidenció a un país que no tuvo interés –o no supo- en darle la justa dimensión a los acontecimientos que venían sucediendo, y simplemente se dejó llevar por la corriente de los acontecimientos.

El mundo de hoy es muy diferente al de 1945. Hoy existe una declaración universal de los derechos humanos, la cual garantiza el respeto por la condición todo ser humano al margen de su raza, credo, ideología política, sexo, edad, etc. El derecho internacional es más sólido, y cuenta con instituciones internacionales que se encargan de velar por su cumplimiento. Pero igual, a pesar de las leyes y tratados existentes, el mundo vivió un clima de Guerra Fría que llevó el enfrentamiento ideológico a niveles alarmantes que en su momento amenazaron la paz conseguida en 1945. Casos como las revueltas de Budapest de 1956. La llegada de Fidel Castro al poder en 1959, con el posterior intento para derrocarlo en 1962 (Bahía de Cochinos). El derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954. La primavera de Praga de 1962. El golpe de estado contra Salvador Allende en 1973, entre otros acontecimientos, son hechos de devinieron en el marco de la Guerra Fría, la cual surgió a consecuencia de la participación del mundo en dos bloques claramente demarcados, los cuales surgieron luego del fin de la II Guerra Mundial. Exactamente hace setenta años.