Innovar en salud mental de la niñez, por Verushka Villavicencio

"El último informe del Estado Mundial de la Infancia 2021 calcula que más del 13% de la niñez y adolescencia entre 10 a 19 años padecen un trastorno mental diagnosticado según la definición de la Organización Mundial de la Salud. Es decir, 80 millones de niños de 10 a 14 años y 86 millones de adolescentes de 15 a 19 años enfrentan el mundo post pandemia con un padecimiento".

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El último informe del Estado Mundial de la Infancia 2021 calcula que más del 13% de la niñez y adolescencia entre 10 a 19 años padecen un trastorno mental diagnosticado según la definición de la Organización Mundial de la Salud. Es decir, 80 millones de niños de 10 a 14 años y 86 millones de adolescentes de 15 a 19 años enfrentan el mundo post pandemia con un padecimiento. Cada uno de ellos presenta problemas de salud mental vinculados a un desarrollo cerebral afectado por experiencias de maltrato físico y emocional, abandono crónico y la violencia en diferentes manifestaciones.

Estos problemas no abordados a tiempo durante la infancia se vinculan en la adolescencia y adultez con conductas asociadas a riesgos en el ámbito sexual, abuso del alcohol y el uso de drogas, así como a la violencia interpersonal y la violencia contra uno mismo.

 

Entonces la hoja de ruta de las políticas públicas debe guiarse por promover condiciones que limiten o minimicen el riesgo de afectar el bienestar de la niñez y adolescencia. Este objetivo se consigue facilitando espacios y servicios que intervengan positivamente en tres esferas: el hogar y los entornos cercanos; el espacio público relacionado con la escuela y las zonas de recreación y; el desarrollo de los vínculos con las personas.

Justamente el fortalecimiento de los vínculos se convierte en la clave para encontrar una apreciación de la vida y el entorno como oportunidades para desarrollarnos. No hay soledad por la ausencia de personas sino por la incapacidad de sentirnos parte de una familia o grupo de amigos. Cultivar la comunicación fluida y el compartir unos con otros es básico para lograr el bienestar emocional. De esta forma, el abrazo y el afecto contribuyen a darle seguridad a las niñas, niños y adolescentes para enfrentar la vida.

En Perú hacia medianos de abril del 2020, la Municipalidad Metropolitana de Lima realizó una encuesta denominada “La voz de los niños” que recogió la opinión de 2,602 niños entre 5 y 11 años de 43 distritos. Según los resultados, el 14.8% consideraba prioritario disfrutar una actividad con papá o mamá; el 13.5% tener con quién jugar; y el 13.2% querían dibujar, pintar y hacer manualidades. Significa que los niños demandaban crear o fortalecer vínculos presentes en las acciones que esperaban realizar con sus padres, amigos u otras personas con quién compartir. El juego, el arte y el disfrutar el proceso son las formas en las que sus cerebros se protegen frente a la adversidad; y los niños los solicitaron. En el fondo, el pedido era el desarrollo del afecto mediante estas actividades.

Por tanto, es necesario crear espacios que promuevan la salud enfrentando las circunstancias que las limitan. Un ejemplo es la alimentación, central para el buen funcionamiento del organismo. Entonces, la ordenanza N°2366 que promueve la generación de entornos saludables para los niños, niñas y adolescentes en Lima Metropolitana, se promulgó como medida que implementa entornos saludables que incentiven las buenas prácticas y hábitos de alimentación sana y la actividad física. Aborda el espacio de la escuela decretando una zona rígida en el perímetro de 200 metros para el comercio ambulatorio, en los cuales no se puede expender alimentos no nutritivos altos en grasas saturadas. También establece la creación del programa Punto Saludable y de un registro para que las empresas o personas naturales que decidan expender alimentos sanos accederán a beneficios que los posiciona como entidades que suman al desarrollo integral como a la mejora de la calidad de vida de las personas. Además, tiene una guía cuyas especificaciones validan la pertinencia de la producción y expendio de alimentos.

Y en el espacio público, para fortalecer el vínculo a través del juego, se promulgó la ordenanza N°2311 que aprueba la celebración del Día del derecho al Juego y la Recreación en Lima Metropolitana. El fin es celebrar la vida, expresada en una política pública que conmemora cada 28 de mayo, el día del juego. Calles, lozas, parques, plazas serán escenarios para la actividad física, el juego, los valores ciudadanos y la identidad local.

De esta forma se evita que se perpetue la tristeza, la soledad y la ira, cuidando la salud mental de las niñas, niños y adolescentes. Este trabajo depende de los decisores de políticas públicas que están a tiempo para innovar en el camino.