Editorial: Inspiración importada

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En medio del fragor por el acuerdo de paz que se firmó en Colombia con el grupo terrorista de las FARC –que ha quedado en vilo tras el plebiscito del domingo–, en el Perú se ha aprovechado para reflexionar sobre nuestra relación con asociaciones criminales como Sendero Luminoso y el MRTA. La meditación fue tal que, incluso, el Frente por la Unidad y Defensa del Pueblo Peruano (Fudepp), coalición que, entre otras organizaciones, alberga al Movadef (Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales), decidió tentar una vez más su inscripción como partido político. Y aunque no se pueda afirmar que lo sucedido en Colombia, en efecto, inspiró esta nueva intentona de la fachada senderista, la circunstancia nos permite reiterar por qué no se puede permitir.

Y es que resulta curioso que, como se busca que suceda en Colombia, se permita que un grupo que por doctrina busca sabotear el orden democrático, se valga de este mismo para hacerlo. Aunque buscando confundirse dentro de una coalición –a pesar de que esté flanqueado por otros grupos de conocido extremismo–, el Movadef sigue reivindicando los principios que siempre ha defendido. No solo proponen la amnistía para aquellos que considera ‘presos políticos’ (el eufemismo que eligen para hablar de terroristas como Abimael Guzmán), sino también la defensa de aquellos que pregonan el ‘Pensamiento Gonzalo’, doctrina bajo la cual operaba Sendero Luminoso y que, como se expresó en el primer Congreso del Partido Comunista (nombre oficial de la organización terrorista) en 1988, revindica “la violencia revolucionaria como ley universal para tomar el poder y que es medular para sustituir una clase por otra”.

Algunos podrían argumentar que, a pesar de la indudable vena antidemocrática de este grupo, se les debería permitir participar en el sistema democrático para que, así, puedan ser derrotados legítimamente en las urnas. Sin embargo, el simple hecho de tener como una opción electoral una que, de ser elegida mayoritariamente, implicaría la destrucción de un sistema que tiene como principio básico la defensa de los derechos fundamentales, es un contrasentido. Casi, podría decirse, sería como someter a plebiscito la permanencia del orden democrático o hacer un referendo para determinar si debería o no permitirse la esclavitud.

Otro motivo que suma a la interminable lista de reparos con respecto a Sendero Luminoso y a sus múltiples máscaras participando en política, es que aún se mantienen involucrados en actividades ilícitas. Aunque confinados a un territorio específico y sin la influencia de antaño, los terroristas siguen involucrados en sus actividades delictivas y, en su mayoría, han mostrado poca o ninguna intención de deponer las armas. Esto sí ha sucedido en Colombia con las FARC, aunque ponderar si esto basta o no para abrirles las puertas a estas personas, depende de los colombianos.

Resulta importante que, cada cierto tiempo, los peruanos analicemos por qué no se le puede permitir a agrupaciones como el Fudepp participar del sistema democrático. En este proceso no solo basta con estudiar cómo está la situación actual sino, también, recordar todo aquello que vivimos en el pasado.

Esta vez la cara política de Sendero Luminoso ha importado desde Colombia la inspiración para volver a intentar colarse al sistema, es importante que la ciudadanía les recuerde por qué no pueden hacerlo.