Instrucciones para lidiar con un escritor si te lo cruzas en un café de Dasso

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Los seres más insoportables de la tierra son los comentaristas deportivos, sin lugar a dudas. No entiendo cómo puede existir el racismo, la homofobia o la xenofobia si tranquilamente podríamos concentrar nuestras energías en discriminar a este tipo de “periodistas” y de yapa a los futbolistas que siendo y sabiéndose mamarrachos, presumen como ellos solos y encima usan zapatillas blancas con jean, camisa, rosario y gel. Pero ellos por lo menos la sudan… Los comentaristas lo único que sudan es el culo en sus sillas de set de radio o TV mientras lanzan improperios y se exaltan cuando hablan de una puta pelota que rueda junto a once gorilas.

Sin embargo, hay seres aún peores y no, no son los que comentan los posts de facebook de los diarios ni los fanáticos de K-Pop… Son más peligrosos y no te los encuentras en una discoteca. Están sentandos en cafés, bares o parques. Son los escritores y cruzarse con alguno es, en definitiva, un calambre en temblor. ¿Cómo pueden ser tan egocéntricos? Les preguntas cómo están y te contestan: -Bien, ahí, tranquilo… -para luego agregar sonrientes- terminando mi último libro. La que los parió… ¿Quién les preguntó qué estaban haciendo? Nadie. NO, pero es que para un escritor su situación emocional va de la mano, cómo no, a su Oficio. Porque para esto, estos berracos no lo llaman hobby o trabajo. No, lo llaman El Oficio. Huevón, lo que haces no es más difícil que lo que hace un estibador de La Parada, te aviso. Lo que haces se resume en perder la raya del culo mientras ejercitas tus dos míseros dedos con los que tecleas en tu finíchima mac.

-Ah, caramba… ¿Y de qué trata? -le contestas fingiendo interés.

-Ya verás, ya verás -replica.

¿Ya veré? ¿Tú crees que voy a gastar mi plata en tu libro mal editado pudiendo comprarme la nueva novela de Federico Moccia? No, manyas. Obviamente, no le dices nada de esto y, por el contrario, le insistes en que te cuente la sinopsis.

-Será la historia de un pobre hombre que de la noche a la mañana se convierte en Congresista y que vivirá una verdadera… y ahí está pues, ¿PARA QUÉ LE DISTE CUERDA?. Ahora no va a parar a hasta relatarte la página quinientos veintitrés y es culpa tuya, no sabes cómo tratar a un escritor.

Por eso si te encuentras con uno, por más reconocido o infame que sea, no le preguntes jamás por él, cuéntale de ti o chisméale cualquier cojudez. No le des en la yema del gusto, no le des lo que quiere, dale lo que necesita. El escritor se alimenta de anécdotas ajenas, las roba sin asco y las hace suyas a través de su pluma. Cuéntale historias al escritor y si quieres que él te cuente historias léelo, no le preguntes.

Bueno, ya sabes qué hacer si te cruzas, por ejemplo en Dasso, con un escritor.  Ahora, luchemos por un Perú sin escritores ególatras, futbolistas en discotecas, comentaristas ofuscados, mujeres indecisas, opinólogos de facebook y amantes alienados del K-Pop. Deseo de todo corazón que un día de estos desaparezcan todos ellos de la faz de la tierra, aún así sabiendo que me encuentro dentro de esa detestable masa poblacional.