Irán y Estados Unidos: ¿pasividad estadounidense o estrategia política?, por Daniel Ku Hop

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El jueves 20 de Junio el mundo se vio sorprendido con un nuevo episodio en la larga serie de eventos desafortunados que acompañan, desde hace algunos lustros, a las relaciones entre Estados Unidos e Irán. El país de la península arábica derribó un dron estadounidense valorizado, acorde con Business Insider, en alrededor de 130 millones de dólares que, supuestamente, se encontraba violando espacio aéreo iraní.

Contrariamente a lo que se esperaría del personaje que es Trump, Washington no respondió al ataque de manera bélica ni sobredimensionada. Por el contrario, la respuesta estadounidense sorprendió por su pasividad. John Bolton, Asesor de Seguridad Nacional de la administración de Trump, indicó que Estados Unidos no usará la fuerza para proteger sus intereses en el Medio Oriente. Mientras que Mike Pence, Vicepresidente de Estados Unidos declaró a CNN que Estados Unidos había «aislado económica y diplomáticamente» a Irán dejando entrever que no habría necesidad de represalias militares.

Aunque para muchos las declaraciones y la reacción estadounidense puedan resultar sorpresivas, estas responden a una estrategia “Trumpista” que, aunque aún tácita, cada vez se muestra con mayor claridad. Donald Trump (o el equipo que lo rodea) ha entendido que el Medio Oriente ya no genera el capital político doméstico que generaba durante la administración de Obama y ha encontrado, en Asia, una nueva fuente para conseguir el mismo. Esta estrategia de orientalización del foco de la política internacional norteamericana se ve ejemplificada en diversos eventos que se han venido dando en los últimos meses.

Si hacemos una breve recapitulación de los hechos encontraremos que, en menos de un año, la administración de Trump ha visitado dos veces a Corea del Norte (en Junio del 2018 y Febrero del presente año) con el objetivo de retomar las relaciones con el país asiático y, si nos sentimos lo suficientemente bondadosos como para creerlo, eliminar el proyecto de desarrollo de armas nucleares que Kim Jong Un (y su padre) vienen desarrollando desde hace varios años. Además, en Enero del presente año, la administración del Mandatario estadounidense ha anunciado su retiro paulatino de Siria, ha aprobado en la Casa de Representantes un proyecto de Ley para quitarle el apoyo a Arabia Saudí en la cada vez más peligrosa guerra en Yemen (Abril del 2019), e impuesto sanciones económicas a empresas chinas generando casos  mundialmente conocidos como el de Huawei (en Mayo del 2019). Cabe resaltar que, aunque en primera instancia, este último ejemplo pareciera demostrar un alejamiento de Estados Unidos sobre China, lo que busca Donald Trump como un actor político doméstico no es acercarse a los gobiernos de los países asiáticos sino utilizar a Asia para generar capital político interno con miras a las próximas elecciones.

Ahora que ya hemos establecido que la estrategia política de Donald Trump, contrariamente a la de su predecesor, responde más a intereses domésticos que a estímulos externos nos queda hacernos una importante pregunta: Si Estados Unidos planea no ser más la principal potencia presente en el Medio Oriente, ¿qué pasará en la región? Si hablamos en términos estrictamente teóricos, la salida del país norteamericano de la península arábiga debería generar un vacío de poder que, a su vez, generará un importante desconcierto entre los diversos Actores de la región, ya sean gobiernos, instituciones o hasta grupos terroristas. Como dicta la historia, este vacío será llenado por otra potencia internacional que, eventualmente, le “devolverá el equilibrio” a la región. Por supuesto, la política internacional nunca es así de sencilla y, en la práctica, podrían haber muchos cambios sobre todo teniendo en consideración que Estados Unidos se encuentra a puertas de una nueva elección presidencial.

Es importante recordar que en las Relaciones Internacionales no existen las coincidencias y, Donald Trump, como todo “buen” político, está siempre en campaña. Generar capital político y encontrar un “enemigo externo” que lo haga ver como un neo héroe del norteamericanismo es prioridad para su administración puesto que están enfocados en la reelección con miras al 2020. El medio oriente, al no servirle más como una fuente de capital político, ha forzado a Washington a buscar una nueva, y, al parecer, encontró, en Asia, su nueva gallina de los huevos de oro.

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