Israel y Hamás: cuando la religión y la irracionalidad matan, por Piero Gayozzo

«Esta guerra debe ser denunciada por lo que es: una manifestación de la irracionalidad institucionalizada. Religión, nacionalismo y política son un cóctel letal de irracionalidad que debemos abandonar si queremos progresar como especie.»

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En los primeros días de octubre durante la festividad de Sucot cientos de judíos acompañados de fuerzas policiales israelitas ingresaron de forma violenta a la mezquita de Al-Aqsa. Algunas fuentes regionales afirmaron que, como parte de la tradición celebrada, los judíos incurrieron en rituales talmúdicos en las inmediaciones del templo musulmán. Este episodio es una de las tantas provocaciones que en los últimos años los practicantes de la fe judía han ejecutado en los alrededores o interiores de la mezquita para amedrentar a los musulmanes y aumentar las tensiones en la pugna religiosa en torno al recinto.

La mezquita de Al-Aqsa fue construida por la dinastía Omeya sobre el terreno de lo que alguna vez fue el Templo de Salomón. El edificio ocupa parte del Monte del Templo, un recinto considerado sagrado por cristianos, musulmanes y judíos. Es una de las zonas de mayor disputa y tensión geopolítica por su connotación religiosa y en los últimos años han sido múltiples las reyertas ocurridas en su interior o alrededores. Solo basta recordar cómo en agosto del 2019 cerca de 1700 judíos intentaron ingresar a Al-Aqsa y fueron detenidos por la policía de Israel. El 2021 casi 300 palestinos resultaron heridos por la incursión conjunta de judíos y fuerzas policiales en el complejo. El año 2022, un grupo de policías israelitas ingresó violentamente a la mezquita y detuvo a cerca de 100 palestinos. Estos eventos causaron indignación y respuesta de los radicales musulmanes.

Producto del incremento de las tensiones el 7 de octubre, de manera inesperada, fuerzas paramilitares de la agrupación terrorista Hamás irrumpieron en el territorio colonizado ilegalmente por Israel desatando una masacre sin precedentes. Los asaltantes ingresaron por tierra, luego de derribar puestos fronterizos, por aire, empleando parapentes e incluso por mar. Una vez en suelo israelí, ingresaron a los kibutz (comunidades agrícolas) circundantes y asesinaron cruelmente a cientos de personas, tomaron posesión de rehenes y sembraron el terror en las calles de diversas ciudades. Al mismo tiempo centenares de misiles fueron lanzados por el grupo terrorista palestino hacia el territorio de Israel. Se comenta también sobre el uso de drones por parte de Hamás. Este ataque sorpresa y coordinado fue parte de la llamada ‘Operación Inundación Al Aqsa,’ una respuesta a los enfrentamientos desatados años anteriores en la mezquita de Al Aqsa. Como era de esperarse, el gobierno israelita ha organizado una respuesta contundente y ha desplegado sus fuerzas militares con el propósito de rescatar a los más de 100 rehenes bajo el poder de Hamás y desmantelar toda capacidad operativa del grupo terrorista palestino. Además de las pérdidas humanas, es lamentable cómo esta nueva ola de violencia ha vuelto a separar al mundo en dos.

Un conflicto de origen mágico

El conflicto entre Israel y Palestina tiene un origen político-religioso. La política es la capacidad de un grupo humano para crear una sociedad por medio de acciones guiadas por una percepción específica del mundo. En el proceso de acción política estos grupos buscan obtener poder e influencia para instaurar un sistema social acorde a sus ideas. En este sentido, el motor de la política es principalmente una forma de ver el mundo y, en el caso del conflicto Israel-Palestina, todas las acciones que desataron, acrecentaron o sirvieron de excusa para esta tensión fueron y son motivadas principalmente por el pensamiento mágico y las creencias religiosas.

El pensamiento mágico es un error o distorsión en la manera de procesar información y ejecutar procesos cognitivos. Se caracteriza por incluir elementos inexistentes, sobrenaturales y mágicos (dios, ángeles, karma, reencarnación, etc.) en la explicación de algún evento. Este tipo de pensamiento es una de las fuentes de las creencias religiosas y, aunque la relación entre religión y pensamiento mágico es más compleja, ambos están interconectados y dirigen a sus creyentes al error y al falso conocimiento. Cuando este tipo de pensamiento se colectiviza y se institucionaliza en una sociedad, como en Israel y Oriente Medio en general, las posibilidades de cometer abusos y tomar decisiones erradas aumentan. Para agravar aún más la situación, la región en conflicto combina la perspectiva mágico-religiosa con el nacionalismo, pues ha hecho de sus manifestaciones culturales religiosas la identidad nuclear de sus unidades socio-políticas. Hablar del Estado de Israel implica hacer referencia a la nación judía, el Holocausto y la diáspora, factores que son indesligables de la tradición religiosa judía. El mismo fenómeno ocurre con la población palestina, la cual ha hecho de la rivalidad religiosa un factor de unidad en torno a la cual reclamar soberanía territorial y conseguir autonomía política. En síntesis, la guerra que estamos espectando se da entre grupos motivados por la irracionalidad.

Un partido de fútbol internacional

Como se mencionó, otra de las terribles consecuencias es el aumento de la polarización en el mundo entero y la conversión del conflicto entre Israel y Hamás en una suerte de partido de fútbol en el que la derecha y la izquierda asumen un bando y un discurso únicos. Mientras la izquierda realiza una defensa incondicional de Palestina y no ve en el fanatismo musulmán un peligro para el progreso, la derecha tiene el deber de defender a Israel y, por lo tanto, es incapaz de denunciar los abusos cometidos por Israel durante años contra los civiles palestinos. Ambos grupos recurren a la ceguera como opción ante los crímenes y justifican cualquier acción con tal de mantener el discurso ideológico.

Po otro lado, los grupos religiosos y movimientos conservadores cristianos aprovechan una crisis migratoria real para predicar la nueva amenaza a occidente: el avance del Islam. Es cierto que la migración descontrolada está afectando muchos países de Europa. No podemos negar que en diversos países existen zonas liberadas donde se practica la Sharia, un choque cultural tremendo, falta de asimilación de los extranjeros musulmanes y un incremento en los crímenes asociados a grupos de migrantes ilegales. Sin embargo, la solución no radica en optar por abrazar una religión como superior a otra. Todo lo contrario, lo que también debería resultar preocupante es que el sector conservador denuncie un fenómeno real, el islam en occidente, para crear una suerte de cruzada según la cual el mundo occidental se vuelve sinónimo de cristianismo. Es decir, mientras el cristianismo denuncia una religión irracional con tendencias al fanatismo, lo hace protegiendo y vendiendo otra religión igual de irracional (aunque esta última más civilizada que el Islam producto de las críticas intelectuales a la que ha sido sometida en los últimos siglos y no porque haya buscado la verdad). El cristianismo, entonces, aprovecha el auge del islam para envenenar mentes, promover narrativas irreales y procurar una vuelta al oscurantismo opuesto al progreso tecnocientífico. Ninguna de las dos opciones es viable. Mientras Europa debe mejorar sus procesos migratorios, occidente debe luchar contra todo tipo de fanatismo religioso.

Comentarios finales

No hay necesidad de recurrir a alguna receta ideológica para analizar la realidad: tanto el gobierno israelí como Hamás han realizado diversas acciones que deben ser sancionadas y castigadas. Esto último es un hecho por el que la comunidad internacional debe reclamar. Naturalmente, en este conflicto también existe un reclamo legítimo de justicia para las familias que vilmente están siendo asesinadas en ambas partes, pero se encuentra tan contaminada por la irracionalidad que es usado políticamente para justificar alguna narrativa.

Es cierto que el último y brutal ataque fue lanzado por Hamás. Este crimen no debe olvidarse e Israel debe buscar justicia y resolver el problema de Hamás con contundencia, pero también es cierto que durante décadas el gobierno judío ha creado un régimen de aislamiento en guetos y condiciones de vida indignas para la población palestina. Esto último debe ser condenado y resuelto por la comunidad internacional.

Esta guerra debe ser denunciada por lo que es: una manifestación de la irracionalidad institucionalizada y un ejemplo de que existe el deber moral de reducir la ocurrencia de formas de pensar motivadas por sesgos cognitivos y carentes de evidencia empírica. Religión, nacionalismo y política son un cóctel letal de irracionalidad que debemos abandonar si queremos progresar como especie. Esperemos que la agresión desatada finalice pronto. No dejemos de condenar los crímenes de Hamás sin ignorar los abusos de Israel. Tampoco nos dejemos engañar por otras narrativas fantásticas, como el cristianismo, que buscan recuperar su estatus pasado. No olvidemos que la guerra en oriente medio es la evidencia más contemporánea que tenemos de que la irracionalidad y religión pueden matar.

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