[EDITORIAL] Izquierda desunida

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Un nuevo intento de unidad para la izquierda está lejos de ser lo que el Perú necesita. Contrario al mito que se ha instalado en el imaginario de buena parte de nuestra clase política, la izquierda no es capaz de alcanzar el gobierno por falta de unidad, pues en todo caso la derecha enfrenta el mismo problema. Los fracasos electorales de la izquierda responden a que simplemente no cuentan con un respaldo mayoritario. Sus propuestas, por más que pueden llegar a cautivar a un 30% de los peruanos en algunos casos, no logran alcanzar la mayoría necesaria para triunfar. Es ésta aritmética electoral, y no el ejercicio contable de aglutinar varias organizaciones detrás de un mismo cartel, la que requiere de la atención de sus líderes.

Pese a esto, sin embargo, la semana pasada el exprimer ministro de este gobierno, Salomón Lerner, anunció la creación de la Coordinadora por la Unidad de la Izquierda y el Progresismo, entidad que busca aglutinar a las fuerzas políticas del lado zurdo del espectro para presentar una candidatura conjunta en las elecciones del próximo año. Utilizando la inscripción electoral del también expremier Yehude Simon (la cual mantiene, en el colmo de las ironías, gracias a su alianza con el derechista Pedro Pablo Kuczynski en las elecciones de 2011), el llamado a la convergencia destacó por la ausencia de Tierra y Libertad, la agrupación del mediático Marco Arana y el único otro partido de izquierda con inscripción electoral. La convocatoria, por lo tanto, no parece haber arrancado de manera muy auspiciosa.

Más allá de las razones que explican la ausencia de Tierra y Libertad (y de políticos de izquierda con perfil propio como la congresista Verónika Mendoza, por ejemplo), lo lamentable en todo este asunto es que hace tan sólo un año se presentó un “Frente Amplio”, que de lo segundo tenía poco, al menos en términos de ideas. Y en la presentación de aquella organización, en la que se encontraba el propio Lerner, sus miembros insistieron en las mismas propuestas de siempre: intervención del Estado en la economía, aislamiento comercial y controles de precios. Sus líderes tuvieron incluso la audacia de defender el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, que más allá de las orientaciones ideológicas resulta indefendible por su ataque a las libertades fundamentales y su destrucción de la democracia llanera. La nueva coordinadora de Lerner parece ser pues el mismo cuento de siempre pero con un nuevo nombre.

En este diario vemos con preocupación el anuncio de un nuevo intento de unidad en la izquierda. Aunque el discurso oficial es que medios como éste “temen” a la unidad porque con ésta la izquierda alcanzaría la victoria, nada está más lejos de la verdad. Este intento, como los muchos otros que vinieron antes de él, seguramente fracasará. El problema es que mientras se insiste por enésima vez con la misma fórmula, se pierde tiempo valioso en lo que realmente sí importa: modernizar la izquierda. Peor aún, la alianza con grupos como el Partido Comunista del Perú, que reivindica y admira a tiranías como la de Corea del Norte, no sólo distrae sino que impide cualquier intento de modernización. Eso es lo que realmente nos preocupa, y no las fantasías electorales de un grupo que por ahora busca candidatos en las páginas de espectáculos en vez de sus propias filas.

Hace cinco años, luego de las elecciones de Susana Villarán como alcaldesa de Lima y Ollanta Humala como presidente, la izquierda alcanzó una posición de influencia inmejorable, pero la perdió por sus propios errores. La izquierda no pierde constantemente, ni es despreciada cuando gana, ni es desembarcada por el vientre de alquiler de turno porque le falta unidad, sino porque le faltan ideas. Y para tenerlas, es necesario que se modernice, no que se una con aquellos radicales que se rehusan a cambiar.