Julio Guzmán: una ficción, por Juan Luis Denegri

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Veo con sorpresa como muchos andan compartiendo en Facebook imágenes que comparan a los candidatos punteros con los candidatos que no pasan el 1%. Ya en la editorial señalamos con lucidez como no existe una relación causal entre la posición de las encuestas y la calidad de los candidatos. Los liliputienses no son mejores o más virtuosos, simplemente son candidatos más malos a los que los reflectores no han iluminado lo suficiente para revelar sus falencia. Más aún, si vemos a todos los candidatos, los de arriba y los de abajo, todos son tradicionales. Todos de alguna manera han tenido relación con el poder institucional y han mantenido las exactas mismas prácticas.

En esta oportunidad me abocaré a uno de ellos que ha enamorado a los votantes más indecisos y desesperados. A ellos les advierto, no todo lo que brilla es oro, menos en política. Este candidato, Julio Guzmán, cuyo currículo ha sido volanteado por doquier y que sin duda sería un muy bien pagado gerente o un excelente ministro, qué cualidad tiene para ser presidente de la república. Hasta el momento sólo nos ha presentado con una seguidilla de estrategias comunicacionales dirigidas al electorado más culto, como quien quiere vendernos la nueva canción del verano. Sin embargo, su ritmo no convence y menos resiste el análisis más ligero.

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Veamos. Dice ser outsider, pero como el más tradicional o insider de nuestros políticos hace unos meses se despertó con la preclara idea de conducir los destinos de nuestro país, sin organización ni experiencia política, más que la de haber sido viceministro. Y mientras navegaba en el anonimato gestando un programa apresurado, porque quería ser presidente en el 2016, al toque nomás, encontró su no menos tradicional vientre de alquiler. Todos por el Perú, una agrupación que a duras penas ha sobrevivido hasta el 2015 participando de alianzas electorales sinuosas y que hoy acoge como cascarón vacío a su nuevo líder. Nada más tradicional. Me recuerda al intento de Kouri por postular con Cambio Radical de Pepe Barba.

Más aún, no conocemos ninguna figura importante que lo acompañe. ¿Dónde está su equipo político? ¿Sus operadores? ¿Quiénes serán sus parlamentarios? Seguramente hará una convocatoria abierta, revisará hojas de vida y las contrastará con los antecedentes judiciales y penales. Así tendrá una lista de profesionales listos para asumir responsabilidades parlamentarias. Interesante. ¿Basta eso para formar una bancada de gobierno? En política más que las cualidades, son importantes las lealtades y de eso penden los gobiernos. Ya hemos visto en múltiples ocasiones como individualidades parlamentarias sin identidad con sus bancadas, rápidamente buscan otras tiendas a la primera incomodidad. Es que las convicciones cimentadas en un año de vida política no son suficientes.

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En cuanto a la propuestas. Dice no pertenecer ni a la izquierda, ni a la derecha, sino apostar por el “sentido común”. Algo como cuando Ollanta dijo que él representaba a los de abajo. En los últimos años los políticos han ideado estas respuestas bien diseñadas para evitar el encasillamiento y poder llegar a más electores. ¿Qué significan o representan? Miedo. Miedo a tener una postura clara sobre varios temas y por tanto que en base a ellas sean categorizados. Es mejor ser general y gaseoso. Mientras tanto, cuando le preguntan por el matrimonio igualitario, balbucea que su dizque partido ha tomado una decisión en contra.

En suma, es un candidato de papel con un partido embrionario cuya atrevida soberbia le hace pensar que uno puede hacerse del gobierno de la noche para la mañana. Y como la realidad nos ha demostrado, eso es imposible. Un programa político que reside únicamente en el candidato, adornado por una estrategia de marketing y acompañado por la creatividad de un grupo de economistas no es suficiente. En ese sentido, estoy plenamente seguro que lo peor que le podría pasar a Julio Guzmán es que por un azar del destino y mucha mala suerte, gane las elecciones mañana. Sin embargo, si una vez que pierde, sigue abocado a la cosa pública, insistiendo en la formación de un partido de verdad, con cuadros, democracia y bases, entonces conoceremos hasta donde llega su convicción. Mientras tanto seguirá siendo una ficción.

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