Julio Ramón Ribeyro: repaso de una vida en el “significado del mudo”

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Julio Ramón Ribeyro Zúñiga, sin duda es un referente de la literatura, entre los años en que vivió 1929 y 1994, nacido en un agosto invernal, era un cuentista a quien no le gustaban las entrevistas ni los flash de una cámara que en su época usaban rollos de 12, 24 y 36 tomas. Su infancia o mejor dicho las primeras calles que conoció fueron las del barrio de Santa Beatriz, pero era más conocido en los lugares públicos de Barranco, no sabemos si decir bohemio, pero tenía una “adicción” al cigarro, que nunca dejó y nunca negó.

Sus obras fueron traducidas a seis idiomas (inglés, francés, alemán, italiano, holandés y polaco), y ganó premios como el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, pero de este escritor y autor de la “Palabra del Mudo”, se sabe que sus primeros pasos en Santa Beatriz (Cercado de Lima) y luego pasó a Miraflores a un lugar cercano a la hoy emblemática Pucllana.

Su educación en el mundo de las letras fue en el colegio Champagnat de Miraflores y en la Universidad Católica, en ese camino conoció a personajes como: Pablo Macera (historiador), y Luis Felipe Angell, quien era conocido en el periodismo como; «Sofocleto».

Gracias a una beca del Instituto de Cultura Hispánica, viajó a España a estudiar periodismo y según su biografía consolidó su educación humanista en la Universidad Complutense, de Madrid, también conoció Francia, Alemania, Bélgica.

En 1958 vuelve al Perú pasar ser profesor de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho, pero en 1961 regresa a Francia a la ciudad de París, para laborar como periodista de la Agencia France Press.

No vamos mucho más allá en la vida de este “geniecillo”, pero si recordamos una frase que se repite en cada ciclo de universidad, cuando se oye el nombre de Julio Ramón Ribeyro y se hace referencia a la Palabra del Mudo, al preguntar qué quiso decir el autor?, pues señores la única respuesta está al ver en la imaginación a los dos niños protagonistas de “Los gallinazos sin plumas».

Dos niños explotados, que no tienen voz y son invisibles a su paso por una ciudad gris (Lima) que no oye la miseria, más que económica moral por la que pasan dos seres humanos que en la orfandad, sufren y trabajan por un viejo ciego, que desea engordar a un chancho, para venderlo y operarse de la vista, es decadencia, vista en los ojo de dos menores que se revelan ante, esa fuerza del destino que los obliga a vivir, en la desesperanza, es la que tal vez, plasmó Ribeyro, para darnos cuenta que no debemos vivir en la indiferencia.