Justicia (equilibrada) sin rostro, por Eduardo Herrera Velarde

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Si hay algo que, a la luz de los hechos, nuestro país requiere y con urgencia es el sentido de Justicia, en el cabal sentido del término. Un regalo conveniente ahora que iniciamos, por cierto, un nuevo año.

Usualmente, como en este caso, la Justicia precisa de la existencia de dos intereses contrapuestos. Sobre esta situación antagónica se erige el equilibrio para saber dar a cada quien lo que le corresponde. Así, se dice, se resuelve una situación de conflictividad.

En el caso concreto, nuevamente, de un lado, existe una institución con serios problemas internos que, se supone, debería de poder solucionar de manera autónoma, pero como a la mayoría no le gusta las decisiones de esa institución, entonces se decide que hay que intervenirla para fortalecerla.

Del otro lado, existe un temor a la investigación seria y objetiva, acudiéndose a argumentaciones que más parecen teorías conspirativas; se pretende así deslegitimar a quien investiga cuando, mal o bien, se están produciendo resultados. Sin embargo, en ese sutil término “mal o bien” está mucho del quit de la cuestión. Se obtienen resultados aparentemente exitosos, pero cuestionables, se gana el partido que en justicia correspondería ganar usando algunas trampitas bajo la excusa de que para “hacer tortillas hay que romper huevos”.

Creo en una justicia sin rostro y sin “héroes”. Creo que las instituciones están compuestas de personas (con aciertos y errores). Creo en la justicia en el cabal sentido de la palabra “dar a cada quien lo que le corresponde” sin pisotear reglas de juego.

No creo en salvadores y me traen -honestamente- mucha desconfianza aquellos que marchan al compás de la dictadura de lo popular, navegando con bandera de cojudo disfrazando sus intenciones con frases “cliché”. Soy consciente que mi posición puede ser impopular y, francamente, no me interesa. Puedo quedarme solo, pero con la compañía de mi conciencia (tranquila).

Me entristece y me molesta que vivamos en un constante intercambio bélico que parece interminable cuando, en lugar de ello, requerimos de un país viable y realmente unido. Para la situación de confrontación descrita, me temo, no hay juez posible y siendo ello así tendremos que resolver nosotros mismos la situación con equilibrio. En el medio de toda esta trifulca, pensemos, están millones de peruanos esperando que esto se resuelva pronto para seguir sus vidas, esperando Justicia.

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