Kaddish: la muerte, la vida, la vida en la muerte y la muerte en vida.

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Cuando compre el libro, ya tenía una idea preconcebida de las imágenes que Ginsberg me pondría en la mesa. La cadencia de versos: combinaciones acertadas de palabras lanzadas a una velocidad magnífica. Doble efecto al leer: palabra/imagen. Todas y cada una cargadas de sentimientos. Unos desgarradores y otros, otros son los que sobrepasan la carga emocional que la mayoría de las personas le confieren a las palabras. Eso es el combo de Ginsberg. Eso es lo que uno espera y lo que consigue cuando lo lee.

Esto fue algo más.

Estos poemas, con Kaddish como su caballo de batalla, proveen al lector de un universo único de sensaciones. Las metáforas y “profecías” llevan a cuestionar el significado de realidad. Te transportan hasta los bordes mismos de la cordura. ¿Quién puede escribir tales obras sin haber pasado por el mismo infierno y regresado sano y salvo? La vida de Allen Ginsberg es una tragicomedia que él mismo usó para escribir sus poemas, transmitirles vida. Y vida es una noción muy diversa y rica cuando se estudia el porvenir de este personaje. Pero esto se trata de Kaddish.

Kaddish es la oración judía para los muertos. Todos los judíos alguna vez la han escuchado en sus múltiples voces y la tienen bien grabada en sus mentes.

Cuando Naomi Ginsberg murió, no había el grupo mínimo de diez hombres (minian) para recitar el Kaddish. Allen estaba miles de kilómetros lejos y no pudo asistir al funeral. Sabiendo estas cosas y sintiendo su ausencia como una dolorosa daga atravesándolo, Allen decidió escribir el Kaddish para su madre. Una oración que, no solo los judíos, todo el mundo pudiera leer.

En este poema relata la historia de su madre, desde la histeria provocada por los pogromos en la Rusia Zarista hasta las calles atestadas del barrio judío de Nueva york, donde Naomi caminó cuando era niña y donde comió su primer tomate. Fruto considerado venenoso por los inmigrantes del este de Europa. Agregando la vida que a Allen le tocó vivir, cuidando a su madre hasta que el manicomio fue su hogar definitivo.

Pero, aún con toda esta energía proveniente de las vivencias de Allen, numerosas partes de este poema y todos los demás (en especial “Salmo mágico”, “La respuesta” y “El fin”) fueron escritos bajo los efectos de drogas alucinógenas. Sustancias que Ginsberg sostenía, le hacían escribir cosas hermosas. Sus mejores poemas. Después, practicando la meditación descubrió que no eran necesarias.

La muerte de Naomi Ginsberg le provocó un trauma terrible a Allen. Le recrudeció su obsesión con la muerte, se embebió en toda clase de textos religiosos como el libro tibetano de las respuestas y también en la experimentación con sustancias más poderosas como la Ayahuasca, consumida con la ayuda de un chamán en una escapada de seis meses a Perú. Lo que vio, fue, es y seguirá siendo un misterio.

“Kaddish y otros poemas” vale todas las penas ser leído, y leído extensa y repetitivamente por las nuevas generaciones. Que la energía, la belleza, la vida intensa y el ritmo de esas visiones inspiren a crear y no a  destruir.