La agenda pendiente, por Diego Santa María

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Hace pocos días, el Grupo Sofía – red peruana de mujeres profesionales de las ciencias sociales – publicó el libro “Desigualdad en la academia: mujeres en las ciencias sociales peruanas”. El objetivo de la publicación fue explorar las barreras que enfrentan las mujeres que se dedican a la investigación en nuestro país, mediante el análisis de evidencia sobre trayectorias profesionales y la recopilación de experiencias y opiniones de hombres y mujeres en el rubro.

Sus hallazgos son, en muchos casos, realmente impactantes. Por ejemplo, se encontró que a pesar de dedicar similar cantidad de tiempo al trabajo académico y contar con una cantidad comparable de publicaciones, la participación femenina disminuye notablemente conforme se avanza en la carrera: la proporción de hombres que ocupan puestos de liderazgo en el campo es aproximadamente el doble que en el caso de las mujeres. El estudio muestra, además, que las mujeres investigadoras reciben menores salarios, participan en menor proporción que los hombres en eventos académicos y son menos visibles en los medios de comunicación.

Ante la evidencia, queda preguntarse cuáles son las causas de las desigualdades tan marcadas que se observan en la academia. Y no cabe duda de que estas resultan de procesos complejos donde intervienen factores como las expectativas de las personas, las dinámicas familiares y la asignación del tiempo. Sin embargo, es posible también que el mundo académico no esté libre de sesgos que originan barreras adicionales al desarrollo profesional de las mujeres. Y esto sería inadmisible en una profesión dedicada, justamente, a entender y proponer soluciones a los problemas de nuestra sociedad.

Aunque las disparidades de género en la academia están muy documentadas en países desarrollados, identificar sus causas constituye un gran reto empírico. Por suerte, la investigación económica ha avanzado recientemente en el desarrollo de métodos ingeniosos para identificar barreras que afectan desproporcionalmente a las mujeres investigadoras (con las limitaciones que conlleva, por supuesto, estudiar desde un ángulo cuantitativo fenómenos sociales tan complejos).

Por ejemplo, un reciente artículo de Heather Sarsons (Harvard) analizó las trayectorias profesionales de investigadores en 30 programas de doctorado en Economía en Estados Unidos. Sus hallazgos muestran que las publicaciones en coautoría influyen menos sobre la probabilidad de obtener un ascenso (tenure) de las mujeres en comparación a los hombres. En otras palabras, las mujeres deben publicar un mayor número de artículos por sí solas para demostrar sus capacidades y que sus coautores no se “lleven todo el crédito”. En un estudio relacionado, Erin Hengel (Cambridge) empleó un algoritmo informático para demostrar que las publicaciones de investigadoras mujeres en las cuatro revistas académicas más prestigiosas en Economía están, en promedio, mejor escritas que las de autores hombres. Al analizar las posibles causas, la autora encontró que los artículos realizados por mujeres son sometidos a procesos más largos y estrictos de revisión.

Estos resultados sugieren que, al menos en el campo de la Economía, los estándares para publicar y ascender en la carrera difieren según el sexo del investigador, y son las mujeres quienes enfrentan una mayor exigencia. Incluso, parece que el ámbito académico no está libre de prejuicios y actitudes denigrantes hacia las mujeres. Un controversial estudio por Alice Wu (UC Berkeley) analizó las publicaciones en un foro virtual ampliamente usado por economistas, donde se comentan de manera anónima diversos temas vinculados a la profesión. El uso de métodos estadísticos reveló que cuando la discusión trata sobre una mujer, los temas más comunes tienen que ver con su apariencia física o información personal. En contraste, las referencias a economistas hombres tienden a mantenerse en el plano profesional y académico.

En otros países la investigación rigurosa está ayudando a comprender las barreras que enfrentan las mujeres en la academia. En el Perú, se ha dado un paso importantísimo al visibilizar por primera vez este problema. La desigualdad de género en las ciencias sociales (y en otros campos) no solo implica una pérdida enorme de talento e ideas, sino que constituye una situación injusta que no podemos aceptar. Para continuar explorando sus causas y posibles soluciones, necesitamos mejores datos y más investigadores dispuestos a utilizarlos. Pero quizás más importante: necesitamos un público con apertura a la evidencia y voluntad de generar los cambios necesarios para avanzar hacia una sociedad donde todos tienen las mismas oportunidades.

Referencias

Alcázar, Lorena y María Balarín (editoras). (2018). “Desigualdad en la academia: mujeres en las ciencias sociales peruanas”. Lima: Grupo Sofía y GRADE

Sarsons, Heather. (2017). “Recognition for Group Work: Gender Differences in Academia”. AEA Papers and Proceedings, 107(5): 141-145

Hengel, Erin. (2017). “Publishing while female: Are women held to higher standards? Evidence from peer review”. Working Paper.

Wu, Alice. (2018). «Gendered Language on the Economics Job Market Rumors Forum.» AEA Papers and Proceedings, 108: 175-79