La autoría mediata llevada a sus últimas consecuencias, por Federico Prieto

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La autoría mediata es una teoría creada en Europa, que se aplicó de manera polémica en el Perú, por primera vez, en los procesos judiciales contra el ex presidente Alberto Fujimori, gracias al parecer por un indebido asesoramiento jurídico español. Ahora Acción Popular propone que se inicie un juicio en el que se incluya al ex presidente Ollanta Humala de un abuso policial por la teoría de la autoría mediata. Pero, ¿de dónde ha salido la autoría mediata?

“La figura de la autoría mediata surge, en principio, por la necesidad de llenar vacíos en el derecho penal alemán como consecuencia de una visión restrictiva del concepto de autor, por lo que esta figura fue desarrollándose de forma paulatina, pues más allá de los derroteros conceptuales y doctrinales se evidenció como una construcción jurídicamente viable para determinar la responsabilidad penal de los mediadores en el régimen nazi, a través de la teoría de la autoría mediata en aparatos organizados de poder”. Con estas palabras resumen los autores Omar Huertas Díaz, Carolina Amaya Sandoval y Germán Darío Malte Ruano su estudio sobre “Autoría mediata a través de aparatos organizados de poder. Tras la sombra del mando fugitivo: del dominio y la instrumentalización del delito”.

Los ministerios del Interior, Defensa y Justicia y las policías de los estados son “aparatos organizados de poder” de los que puede salir una responsabilidad mediata por el dominio y la instrumentalización que poseen y pueden utilizar. También el Congreso de la República es un aparato organizado de poder, que tiene comisiones investigadoras y que dictamina opiniones acusadoras, lo que le hace un mando fugitivo a la sombra o a la luz pública en el funcionamiento del estado.

Pero también cada periodista escribe o habla en un medio de comunicación que en el siglo XXI es sin duda un instrumento de influencia y presión y un aparato organizado de poder, aunque funcione en la sociedad civil y no en el Estado, donde está el poder público. Son los medios de comunicación los que alimentan las ideas de la opinión pública. De alguna manera hoy se entiende que la opinión pública de la sociedad civil debe ser escuchada y considerada por las autoridades de los gobiernos, por las comisiones investigadoras congresales y por los procuradores, fiscales, jueces y magistrados. Ya el periodista, así, está atrapado en una responsabilidad pública, que le puede llevar a tener una responsabilidad penal en aplicación de la teoría de la autoría mediata. Extendiendo lógicamente el mismo criterio, al primer chiflado que diga una estupidez en las redes sociales, con laguna indirecta connotación ofensiva, se le podría acusar de responsabilidad penal por un acto de corrupción gracias a la teoría de la autoría mediata.

Esta secuencia lógica de argumentación filosófica es lo que los clásicos llamaban la demostración desarrollada partiendo de la base de una hipótesis y llevarla hasta sus últimas consecuencias, lo que conduce a una situación claramente absurda. Por eso, hay muchos juristas que rechazan la teoría de la autoría mediata. Por eso, hay muchas naciones que no quieren introducir en su doctrina jurídica la teoría de la autoría mediata. Por eso, muchos dirigentes mundiales miran con enorme desconfianza la extrapolación de la vida política a la acción judicial.

Los extremos de omisión o abuso son negativos, porque es en el medio de la aplicación de una virtud, en el centro prudencial, donde se encuentra la justicia humana, débil y limitada por naturaleza. La pasión política partidaria es mal consejera de la serenidad objetiva con la que se debe administrar justicia. Algo que hay que recordar a los activistas de las ONGs que se dedican a la caza de brujas, financiadas por ideológicos y oscuros fondos privados… o públicos, porque un día pueden ser acusados de graves delitos precisamente gracias a la teoría de la autoría mediata. Así se cerraría el círculo vicioso de la autoría mediata.