La belleza de la decadencia

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Fue el cineasta francés Jean Luc Godard quien alguna vez dijo que “el cine es un laboratorio de vida en el que se encuentra todo: las relaciones de producción, los odios, los amores, la relación entre padres e hijos, obreros y patrones, y todo ello funciona además para fabricar una mercancía artística”[1] y en “Birdman: La inesperada virtud de la ignorancia” Alejandro González Iñárritu parece expresarlo a la perfección.

La cinta se inicia con Riggan Thomson (Michael Keaton) en su camerino reflexionando sobre cómo terminó ahí, cómo pasó de ser una celebridad interpretando a un superhéroe—Birdman— en una trilogía exitosa a jugarse todo lo que tiene por adaptar (dirigir, escribir y protagonizar) “De qué hablamos cuando hablamos de amor” de Raymond Carver, un destacado autor que mediante un mensaje firmado en una servilleta motivó a un joven Thomson a iniciarse en la actuación luego de apreciarlo en una obra juvenil.

Asimismo, escuchamos una voz gruesa— la voz de Birdman—que le habla constantemente a Riggan (cuando este está solo) increpándole su accionar y decadencia; lo que nos muestra a un personaje atormentado por su pasado, también víctima de “delirios”— superpoderes: telequinesis y vuelo— que desde un primer momento nos transmite su deseo de trascender, y la  de tener un terrible miedo a ser olvidado.

En cuanto al reparto, la película nos muestra un popurrí de distinguidos actores en roles de una profundidad equiparable: Ema Stone, como la problemática hija del protagonista que acaba de salir de rehabilitación;  Zach Galifianakis, en un atípico rol serio que se encarga de “mantener todo a flote”; Andrea Riseborough, la sufrida novia del protagonista; y Naomi Watts, una actriz primeriza cuyo mayor sueño es debutar en Broadway.

En otro nivel se encuentra el personaje interpretado por Edward Norton: el volátil y aclamado actor Mike Shiner. Una costosa estrella de Broadway que obliga a Riggan a refinanciar su casa para contratarlo. Thomson sostiene varias discusiones con Shiner por su inestable comportamiento durante los ensayos y en uno de los mejores diálogos del film, este último le hace notar que ostenta prestigio y no popularidad como él: “Popularity is the slutty little cousin of prestige” (“La popularidad es la pequeña prima puta del prestigio”).

Volviendo al concepto del laboratorio de la vida, las semejanzas entre Riggan Thomson y Michael Keaton saltan a la vista pues el mayor éxito del actor fueron sus dos encarnaciones del superhéroe Batman, en sendas películas de Tim Burton a inicio de los 90´s. La carrera de Keaton se ha ido diluyendo desde entonces en papeles intrascendentes y sin acariciar siquiera la resonancia que tuvo su interpretación de Bruce Wayne, hasta que González Iñarritu le proporcionó según la revista Variety «el regreso del siglo […] pues Keaton ofrece su mejor interpretación en 20 años, desde la Las películas de Batman de Tim Burton en 1989 y 1992”[2].

Otro aspecto sumamente destacado de “Birdman” es la originalidad de su cinematografía que propone tomas de largo aliento y una cámara que sigue de cerca a los protagonistas mientras se desplazan por el backstage del teatro o algunas calles de la histórica Manhattan acompañado de una banda sonora muy peculiar: constituida principalmente por el baterista de jazz Antonio Sánchez, aumentando la intensidad conforme al ritmo del filme y generando una atmósfera única que acompaña al espectador en los momentos más trascendentes del mismo.

Y es que González Iñarritu parece haber gestionado con sabiduría todos los destalles de esta magnífica comedia negra para que hacia el final de esta el espectador quede estupefacto, pensativo y con la certeza de que “la inesperada virtud de la ignorancia” es la ignorancia del lado bello de la decadencia que esta cinta logra retratar magistralmente.


[1] Citado por José Carlos Huayhuaca en “Elogio de la luz y otros amores”. PUCP Lima 2012 (pp 33)

[2] http://mexico.cnn.com/entretenimiento/2015/01/12/michael-keaton-el-actor-que-vuela-otra-vez-hacia-el-exito-con-birdman