La burocracia también nos mata, por Óscar Peña

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El vídeo que ha inundado las redes sociales esta semana de Celia Capira persiguiendo a la comitiva presidencial en Arequipa es tal vez uno de los más tristes recuerdos que quedarán en la historia y en la vergüenza de nuestros gobernantes. Ella en un intento desesperado de conseguir una ayuda para su esposo, en vista del colapso actual y la dejadez de sus autoridades regionales, quiso hablar con la persona a cargo, pero no pudo. Hoy el estado corre hacia ella, pero ya es muy tarde. Celia es un ejemplo de lo que es el llanto de mucha gente que se ve frustrada y abandonada por el estado en muchos ámbitos, siendo el sector salud el de mayor prioridad EN ESTOS MOMENTOS y en el que no vemos una luz al final del túnel.

¿Cuántos peruanos van a tener que correr detrás de nuestras autoridades para que entiendan que éste es un estado que no funciona para el ciudadano? Si bien es cierto que este gobierno ha realizado esfuerzos para revertir esta situación, el problema de fondo va más allá de las autoridades actuales y la raíz está en la propia estructura estatal. ¿Es posible que la burocracia también sea una causa de muerte en nuestro país?

Nos ha reventado en la cara

El sistema estatal del que hablamos es un monstruo que tiene mil cabezas, jefaturas y direcciones, y que ha ocasionado que esta crisis sanitaria nos haya reventado en la cara. La propia ministra de salud ha reconocido hace pocos días que la burocracia está haciendo que el mero hecho de llevar un documento de oficina a otra nos cueste vidas humanas y esto merece una amplia reflexión sobre cómo funcionan las cosas en el estado. Habría que preguntarnos también si lo que nos está costando vidas es la desidia de las autoridades, la falta de coordinación, la falta de un mando único y de la alta burocratización de la salud.

Otro aspecto por comparar es que esta misma burocracia ha permitido que tengamos una de las más altas tasas de informalidad en la región, que en el sector laboral que llegaba a un 70% (antes del COVID-19), lo cual corrobora que el sistema no funciona para 7 de cada 10 peruanos que trabajan. Por lo tanto, es hora de reconocer que este es un sistema que mantiene un alto nivel de exclusión, principalmente para las personas de menos recursos pero que también alcanza a la sociedad en su conjunto. Esto también lo sufre quienes quieren salir adelante a través de un emprendimiento o pequeño negocio, muestra de ello es que en este 2020 nos ubicamos en el puesto 116 de 190 países en el ranking anual del Banco Mundial en rubro de “facilidad para iniciar un negocio”. Esta situación nos lleva a pensar que esto no es un asunto de presupuesto o de gestión de recursos, sino del entrampamiento en que se encuentra todo el sistema público donde hay mucho cargo y pocos responsables; sistema que los ciudadanos también hemos venido consintiendo y que hoy se hace más visible por la falta de sentido de urgencia de las autoridades.

Los puntos que aquí se mencionan son ya ampliamente conocidos por todos y lo único que ha hecho esta crisis es levantar la sábana, desnudando todos los problemas estructurales que han ido tapando gobierno tras gobierno y que era parte de nuestro status quo.

Hoy amerita que ante esta emergencia sanitaria el gobierno nacional tome el control de las competencias en salud de Arequipa, donde se ha conocido que han gastado sólo el 50% del presupuesto asignado para el combate del COVID-19 y es necesario que el reciente nuevo gabinete de ministros inicie una discusión para una reforma real del estado para ir disminuyendo la burocracia actual.

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