La Cachina: El bar de reciclaje

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Las noches en el boulevard de Asia se caracterizan por sus grandes juergas, por las calles plagadas de jóvenes entumecidos por el alcohol y por las grandes discotecas que dejan de lado la calidad para perpetuar un negocio basado en grandes multitudes y cocktelillos preparados con desgano por un barman que quizá aprendió a mezclar bebidas pocas horas antes de empezar a trabajar. Todo es monótono a pesar de que las luces de neón y la música a todo volumen hacen un esfuerzo por hacer que sus locales llamen la atención de los transeúntes.10933240_10152487748091782_1557702428_n

Pero sin dudas hay un lugar que llama la atención no por lo mucho que grita sino por su personalidad, la misma que uno nota con tan solo pasar por ahí. Un bar erigido  a punta de reciclaje, con lámparas hechas de latas vacías, vinilos haciendo de cuadros y una bicicleta colgando de una de las entradas retando a la gravedad. Todo generando en uno la sensación de ya no estar en el frío boulevard de Asia sino en la cálida y hospitalaria casa barranquina de un querido familiar. Ese bar se llama ‘La Cachina’.

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‘Todo está a la venta’, me dice Jorge Chung, una de las almas de ‘La Cachina’ mientras Carlos Chávez, el jefe de bar, mezcla unos cócteles y nosotros nos sentamos en los banquitos del bar  tapizados con los polos viejos de Jorge. Di una mirada a mi alrededor, una mesa de fulbito, decenas de sillas de diseños disparejos y mesas improvisadas de la forma más creativa. Es que esa es la idea. Jorge me cuenta lleno de añoranza que el bar le rinde tributo a los cachineros, esos hombres y mujeres que recorren las calles de Lima comprando recuerdos olvidados, coleccionando objetos ajenos, devolviéndole la vida a punta de restauraciones a memorias que parecían apagadas.10934516_10152487748156782_1612787454_n

Pero la personalidad de ‘La Cachina’ no está solo en ese espíritu reciclador, que por cierto no solo refleja un cariño por el pasado sino también por el medio ambiente. La personalidad de la cachina se saborea vívidamente en sus tragos. ‘Lo importante es que se sienta la fruta’, me dice Jorge y yo no entiendo lo que quiere decir hasta que frente a mí desfilan los tragos con pequeños pedazos de frutas flotando libres dentro de los vasos. Las porciones son intimidantes pero luego uno recuerda que mañana no tiene que trabajar y todo se pasa. Ahora vamos por partes:

Pepito dos cañones:  Pepino, Jugo de manzana, hierba buena y Pisco. Los Pedacitos de manzana y pepino le dan a uno algo que masticar mientras toma. Trago fuerte, un par de esos y usted volará y cuidado que el dulce es engañoso pero sin duda una aventura que tiene que experimentar.

Cachina Fashion: Jugo de naranja, jugo de piña almíbar de canela y rindiéndole homenaje al nombre del bar un poco de cachina. Un buen trago para arrancar. La canela le da cierta sofisticación y la cachina hace las veces de un corazón que palpita en las entrañas del vaso. Buenazo, con sabor a casa por algún motivo. Sin duda la insignia del lugar.10934370_10152487748101782_1274641864_n

Milonga: Para mi la pièce de résistance.  Épico por donde se le vea. Un trago con alma de mojito, con fresas y unas ramillas de hierba buena oprimidas por una cañita ancha que busca arrastrar a tu boca la mayor cantidad posible de pedacitos de fruta. Un poco de lima juice, un poco de limón, ginger ale y rompiendo todo tipo de esquema y dándole corazón peruano: un poco de Inca Cola. Brillante, un saludo a la creatividad. Mi recomendación.

La Cachina es la hija de Jorge Chung, César Davey, Braulio Contreras y Daniel Kernitsky. Un lugar cálido, amistoso y pintoresco en su propia ley sin lugar a dudas una alternativa ideal para aquellos que están cansados de lo mismo y buscan una aventura placentera. Jorge se despide y me cuenta que abrirán un local en Miraflores, me despido de él y lo felicito por una gran idea.10921758_10152487748211782_1872932122_n


Fotos: Juan Sibarita ©