[OPINIÓN] La calle es una selva de cemento

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Cualquiera de nosotros que haya podido viajar un poco por el mundo (incluso al interior del país) debe haberse percatado de la gran cantidad de rompemuelles que existen en nuestra ciudad (conocidos en otros países como gibas). Esto no significa que dichos obstáculos en la pista no existan en otros lugares del mundo, pero la cantidad que encontramos en Lima es simplemente monstruosa. Demás está en señalar los daños que produce en un vehículo el pasar a excesiva velocidad sobre alguno de estos “elementos viales” y de como muchos conductores critican (entre los que me incluyo) y reniegan su existencia.

Esta práctica de poner rompemuelles se ha generalizado tanto que en la actualidad incluso los encontramos en avenidas principales y hasta en vías preferenciales en cualquier distrito de la ciudad. Lo curioso de todo esto es que muchos peatones saludan la existencia de un rompemuelles, mientras que los conductores que desearían poder desaparecerlos todos.

Estas impresiones nos obligan a preguntarnos algo: ¿por qué hay tantos rompemuelles en Lima y por qué los peatones apoyan su existencia? Si los rompemuelles tiene una finalidad que es exigir a los conductores que bajen su velocidad en ciertas zonas. ¿entonces no sería suficiente con colocar señales de PARE en dichos cruces? Para nadie es un secreto lo caótico que resulta ser el tráfico en Lima, ciudad donde reina una anarquía (casi) total. Una ciudad donde no existe respeto por el peatón y donde lo que le importa al conductor de cualquier vehículo es llegar lo más pronto posible a su destino, sin importar que para cumplir tal cometido pase por encima de las reglas de tránsito y los derechos de otros.

Gran parte de esta situación, tiene su origen en nuestra casi nula conciencia ciudadana, nuestra ya aparentemente endémica predisposición a no cumplir las normas (incluso las mínimas de convivencia civilizada) y nuestra pérdida de conciencia respecto a que pertenecemos a una comunidad conformada por muchas otras personas, donde deberían primar principios tan importantes como la solidaridad y el respeto mutuo. Lamentablemente esto ha sido reemplazado por un egoísmo y un individualismo donde toda acción es válida–incluso si la misma se encuentra al margen de la ley–para proteger mi patrimonio y lograr el mayor beneficio personal. En otras palabras, es el reinado de una virtual ley de la selva (de cemento).

Resultado de ello, dado el permanente irrespeto hacia las normas y las demás personas, en las diversas municipalidades distritales de la ciudad los encargados de tránsito no han tenido mejor idea que llenar la ciudad de rompemuelles, haciendo mas pesado el ya difícil tráfico de Lima. La idea es obligar de esta forma a los conductores a bajar la velocidad en ciertos puntos y evitar accidentes de tránsito, preservando valores más importantes de las personas, como su integridad física y la vida de las mismas, dado que de otra forma los conductores no van a bajar su velocidad.

¿Se dan cuenta de cómo en este muy sencillo ejemplo podemos notar que la falta de respeto hacia las normas perjudica a la sociedad en su conjunto? ¿No sería mas sencillo acaso respetar las normas de tránsito a fin de evitar la imposición de obstáculos que nos obliguen a respetar las mismas?

Un paso indispensable para alcanzar el desarrollo es el ser consciente de la existencia de normas que debemos respetar si deseamos hacer más civilizada nuestra convivencia en la sociedad. ¿Estamos dispuestos a respetar dichas normas? ¿Estamos dispuestos a comportarnos de manera siquiera mínimamente civilizada? Como ven, el camino al desarrollo no se reduce al crecimiento económico. Es necesario incidir de manera mucho más decidida en el desarrollo de aquellas condiciones que nos hacen cada vez más humanos.