La Cereza del Dakar, por Fernando Vega

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En 1977 Thierry Sabine participó en un rally y se perdió con su moto por el desierto de Libia. Este fue el origen de una obsesión de la cual surgió la idea de crear una carrera extrema que saliera de Europa y llegara a África. Ahí nació el Paris – Dakar.

Por problemas de seguridad el 2009, luego del asesinato de 4 franceses días antes de la partida, la carrera se trasladó a Sudamérica.  Así, y como resultaba natural, por nuestra privilegiada geografía para esta clase de competencias, finalmente en 2012 y 2013 Perú fue parte de esta gran carrera que ahora lleva el nombre del «Dakar».

La organización del Dakar solicita un pago que oscila entre los US$ 5 y US$ 6 millones a cada gobierno presente en el recorrido, además de tener que realizar una inversión en logística que en total asciende, aproximadamente, a S/. 35 millones. En contrapartida, el hecho de ser parte del Dakar, dejó al Perú (en los dos años que fuimos parte), según cifras oficiales, más de S/. 1,500 millones en ingresos cada año, además del tremendo beneficio intangible en la imagen del país, al ser visto como protagonista por todo el mundo.

En abril de este año el Gobierno de Ollanta Humala anunció que el Perú sería el punto de partida del rally más importante del mundo, el Dakar 2016. Era una gran noticia en beneficio del país que no dejaba de resultar sorprendente viniendo de un gobierno mediocre e incapaz.  Así, se puso en marcha todo el aparato de organización del Dakar, en el país y en el exterior.

Pero hace unos días, y ratificando esa mediocridad e incapacidad, un comunicado del Mincetur echaba por tierra los sueños de poder ser parte de lo más grande del automovilismo mundial. Perú no sería parte del Dakar. La razón era el Fenómeno “El Niño”.

La ministra Silva señalaba que como este gobierno, recién a finales de agosto de 2015, se da cuenta que vamos a sufrir un Fenómeno “El Niño” de proporciones históricas, organizar el Dakar no constituye una prioridad y que por ende, no se puede invertir el dinero que es requerido y debe derivar esos recursos a las obras de “prevención” del fenómeno climatológico. ¿Esto tiene sentido? Claramente, no lo tiene.

Como hemos visto, la inversión requerida para organizar que el Perú sea el punto de partida del Dakar asciende, aproximadamente, a S/. 35 millones.  De esta manera, el Perú invierte S/. 35 millones y ¿cuánto recibe a cambio?. Agárrense. S/. 1,500 millones, por lo menos.  Por ello, hasta matemáticamente, invertir 35 para ganar 1,500, resulta un extraordinario negocio. Esto, además del invalorable impacto positivo en la imagen del país en todo el mundo, que repercutirá directamente en el incremento del turismo, lo que a su vez generará más impactos económicos positivos.

Por otro lado, se estima que el Fenómeno “El Niño” implicaría pérdidas para el país que ascenderían, aproximadamente, a S/. 3,500 millones.

Veamos, aplicando la matemática básica que parece haber olvidado este gobierno, el país va a perder S/. 3,500 y podemos mitigar esa pérdida en S/.1,500 con solo invertir S/. 35. ¿De qué otra forma cualquiera podría concretar un negocio de esa magnitud? ¿35 por 1,500?

Así, a nivel macro, sólo el Dakar puede mitigar casi en 50% el impacto económico del Fenómeno “El Niño”.  El gobierno de los Humala – Heredia no lo ve así y pareciera que la Reina únicamente es buena con los números cuando de engrosar misteriosamente sus cuentas se trata.

Lo que sí ha logrado con esta decisión este gobierno pelafustán es que el nombre del Perú esté en boca de toda la comunidad internacional, pero no de la forma que todos querríamos. Hoy somos la burla del mundo por informales, improvisados y poco serios, por habernos comprometido a algo y, cuando no, bajarnos del barco a última hora, poniendo en peligro la viabilidad misma de todo el Dakar el 2016.

Era demasiado bueno para ser verdad. Esperar que Humala tomase una, al menos una, decisión inteligente, era mucho pedir. Este gobierno chicha, que gracias a Dios ya está de salida, no deja de hacerle daño a los confundidos peruanos que creyeron en todos los febriles circunloquios de un ser humano oscuro y elemental. ¡Hasta pronto Dakar!