La ciudad pendiente, por Cristhian Rojas Suárez

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Una ciudad que no avanza es una ciudad condenada al retraso. En nuestro caso, queda muy poco para que se cumplan los 482 años de fundación española de la ciudad de Lima y pareciera que la ciudad entera estuviera atrapada en el tráfico de la Avenida Javier Prado un viernes a las 6:00 p.m. No nos movemos. La ciudad sigue con vida, pero pareciera que no va hacia ningún lado.

A diferencia de otras grandes ciudades, Lima está ajena a los grandes debates sobre cómo ser una metrópoli ecológica o capaz de tener una sostenibilidad urbana para que los millones de ciudadanos puedan tener calidad de vida, en su cotidianeidad dentro de los 2672 km2 en los que se expande. Lo curioso es que ese debate sí se desarrolló hace unos años y las propuestas se registraron en el “PLAN Lima y Callao 2035. Plan Metropolitano de desarrollo urbano”, que lamentablemente la actual gestión decidió ignorar.

En contraste, la administración de Castañeda Lossio no presenta hasta el momento un plan integral para la ciudad de Lima que le permita convertirse de la ciudad que habitamos a una ciudad habitable. Lima es una metrópoli sin una visión. Literalmente lo es. Pueden visitar la página web de la Municipalidad Metropolitana de Lima y comprobar que en la sección “visión” hay un gran bloque blanco.

Si no sabemos qué queremos ser o hacia dónde vamos a apuntar, la ciudad se condena a congelarse y a vivir en un loop de tráfico, caos y retraso. En esa situación, la gestión que nunca presentó un plan concreto para la metrópoli durante la campaña municipal, solo está dedicada a “parchar” lo que puede de la ciudad, fallando incluso en ello: solo tres corredores del SIT implementados de manera parcial (dos de ellos por la anterior gestión), que compiten con combis, colectivos y buses del anterior sistema, una propuesta de múltiples by-pass por toda la ciudad en lugar de ordenar el tránsito que fue rechazada por varios alcaldes municipales y vecinos, un puente que aún no puede concluirse, propuestas populistas y cortoplacistas para el peaje de Puente Piedra y el generar con ello un conflicto social con los vecinos, así como el carísimo by-pass de 28 de julio que a solo meses de ser inaugurado presenta grietas, baches y fugas de agua.

Con todo esto, no se aprecian políticas o programas serios emprendidos desde la municipalidad y sus diversas gerencias, para darle un rumbo a la ciudad. En su comunicación, no existe. No sabemos qué planes tiene la ciudad para atraer inversiones, ser un eje de turismo más allá de ser ciudad de paso hacia el Cusco, incrementar las áreas verdes, impulsar el transporte no motorizado, entre otros. A diferencia de metrópolis como Barcelona o Buenos Aires, Lima no planifica más allá de los próximos 30 días.

Si los 4 años de la gestión de Susana Villarán se pueden considerar como la suma de múltiples errores, algunos de los cuales fueron muy graves, y que llevaron a la ciudad a un estado de avance muy lento; el nuevo periodo de Luis Castañeda parecen ser una pausa en una ciudad que grita por ser tomada en serio. En esa situación de ciudad pendiente recibimos un nuevo aniversario.

Solo quedaría aprovechar uno de los pocos minutos que Castañeda pasa en las sesiones del Concejo de Lima para, citando a un personaje de TV norteamericana, preguntarle:

“Permíteme hacerte una pregunta justa, ¿Qué sabes hacer de manera exitosa? Rápido.”

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