La creencia en el mundo y el vínculo humano

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Ante esta realidad fragmentada, donde se polarizan las producciones basadas en la mente (“gran abstracción”) y  aquellas basadas en la naturaleza (“gran realismo”), surge una generación de artístas que “buscando lo nuevo, lo encontraron en lo que tenían más cerca, pero que se había perdido: la naturaleza y el hombre”  (Jung, 1995, p. 268), como expresión de su propia experiencia emotiva (valoración) de la naturaleza. Las obras de Gustave Singier, a pesar de su abstracción, son expresión de una “creencia en el mundo” y manifiestan intensidad de sensaciones, armonía de formas y colores. Jean Lurcat es absolutamente sensorial e imaginativo, pero es Pierre Soulages talves el que expresa mejor ese ser “simbolo de nuestro tiempo” y sus obras demuestran aquella “luz que nace en las tinieblas”: el equilibrio de la conciencia y con fundamento en la naturaleza (luz), con el subconsciente como ámbito desconocido de la mente (tinieblas). Existe una expresión esencial en común entre las obras de Soulages y algunos croquis hechos por Peter Zumthor para las Termas de Vals. Talves sea mera coincidencia, sin embargo es innegable que ambos, artísta y arquitecto, expresan los “signos de nuestro tiempo” y poseen una búsqueda en común: la de los sentidos, la “creencia en el mundo”, la de la luz que necesita de las tinieblas (y viceversa), la materia y el tiempo. En la medida que la arquitectura logre plasmar el significado según las exigencias propias del contexto en el que se encuentra, como lo ha hecho Zumthor o Soulages en sus obras, la obra de arte habría alcanzado su objetivo esencial. Peter Zumthor nos recuerda:

“Pienso aquí, naturalmente, en la pátina del tiempo sobre los materiales, en el sinfín de pequeñas rozaduras de las superficies, en el brillo del barniz desgastado y descascarillado y en los cantos pulidos por el uso. […] una conciencia del transcurso del tiempo y una sentimiento de la vida humana que se lleva a cabo en lugares y espacios, dándoles una pregnancia especial”  (Zumthor, 2004, p. 149)

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A partir de este análisis de significado en las artes visuales, podemos establecer algunas conclusiones que bien pueden ser aplicadas para la arquitectura, pues el fenómeno perceptivo es similar. Tanto en las artes visuales, como en la arquitectura y, en realidad, en cualquier tipo de objeto, el significado consiste en las relaciones con otros “objetos”; es decir, por la capacidad que tiene el objeto de “reunir”. Por lo tanto, cuando hablamos de estructura (estructura de un lugar tanto arquitectónico como paisajístico, o de un determinado objeto), nos referimos a las propiedades formales de un sistema de relaciones[i]. En una obra de arte visual, este sistema estará comprendido por el conjunto de motivos artísticos (formas, objetos y acontecimientos), temas y conceptos (imágenes, historias y alegorías), y valores simbólicos. Mientras tanto, en arquitectura sucede un fenómeno similiar, aunque más complejo, pero que, a diferencia de la obra de arte, debe añadirse la relación interior-exterior. En primer lugar, su significado está dado por cómo es su asentimiento, esto es cómo es su relación con el suelo y el cielo (sistema constructivo y forma); el cerramiento, que puede ser abierto (transparencia) o menos abierto (solidez) y las cualidades del material utilizado; cómo es el espacio, esto es el grado de cercado y dirección. Evidentemente, el carácter de una obra de arquitectura se encuentra determinada, sobre todo, por el tipo de construcción, esto es tanto por el sistema constructivo utilizado como por cómo es este utilizado; por ejemplo, si es esquelético (abierto y transparente) o masiva (cerrado); y por cómo son hechas estas construcciones, si son atadas las partes, ensambladas, erigidas, etc.  Finalmente, entre todos estos elementos se da una articulación, cuyo producto es el cómo se hace y la forma consecuente, que a su vez determina cómo el edificio se sostiene y se eleva, esto es cómo recibe la luz.

Ciertamente, el significado en el fenómeno arquitectónico comprende otras variables de carácter cultural y topológicas. Por ello, aún queda mucho por ahondar en estas cualidades en cada caso concreto y aspectos del significado referidas a esta, entendidas como las formas y expresiones de las personas en la búsqueda de habitar y poseer un determinado lugar.


[i] Traducción no literal de “ “Structure”, instead, denotes the formal properties of a system of relationships” en  Norberg-Schulz, C. (1976). Towards a phenomenology of architecture. Nueva York: Rizzoli, p. 166